sábado, 5 de junio de 2010

ETERNA DESIGUALDAD

Después de hechas, las cosas siempre podrían ser hechas mejor. Es lo que se deduce de las declaraciones de Arye Shalicar, capitán de las fuerzas que tomaron parte de la operación  de abordaje a la flotilla con ayuda humanitaria al pueblo de Ga (li) za. Infelizmente, después de hechas, no cabe reparo, porque lo que fue mal hecho, mal hecho se queda. Cabe a las víctimas echar boca en el trombón y soplar con toda la fuerza que puede emerger de sus pulmones, dando aviso de que el mal no se tolera y sus promotores habrán de celar para que no se repita semejante caída en idéntica trampa. A este proceso se llama conocimiento por la experiencia.
La experiencia depende de actos vividos, sentidos y con sus consecuencias reflexionadas hasta la exhaustión. En la experiencia intervienen infinidad de variables que la modifican constantemente. Los fenómenos que ocurren en la Naturaleza son percibidos -cuando son percibidos- de modos muy diferentes  según las facultades mentales del perceptor. Por ejemplo, lo que describe fluentemente nuestro querido compatriota Alfredo Conde, en su inserso viaje por la laguna de México, es muy diferente de lo que podrá sentir un azteca hidalgo ilusionado por la muchedumbre que habita la región metropolitana, de las más ricas del mundo  y con perspectivas de duplicar en los próximos diez años los 315 mil millones de dólares que integran el PIB de los mejicanos indígenas.
Los espíritus son muy hábiles en hablar la lengua que hablan sus descendientes. Luego no es de extrañar que en lo oídos de Conde zumbe el fantasma canónico del cortés Hernando para llevarlo al monumento donde se reza el padre nuestro y se pueda santificar su nombre en beneficio de la eterna desigualdad, algo obtenido y siempre conservado por el imperio del poder que, como cualquier experiencia, depende de la naturaleza del hombre en las etapas que configuran las tierras estercadas, en su momento como principio, medio o fin.



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