domingo, 19 de febrero de 2012

RAPSODIA ADMINISTRATIVA

Desde que el nuevo gobierno se ha instalado en el reino de la Moncloa nosotros vivimos corriendo atrás de alguna idea autóctona capaz de encontrar solución a nuestros problemas particulares. Todo es cuestión de dar el primer paso, y no parar cuando el segundo se obligue a dar el suyo, y evitar que el tercero se acobarde por la distancia  que necesita cubrir, e impedir que el cuarto se acomode  en el camino andado por los pasos que lo precedieran.


Delante de nosotros existen una infinidad de instrumentos metodológicos que pueden ayudarnos en la solución de problemas generales y contribuyen a encauzar los particulares para que se armonicen en el seno de la colectividad en que esos problemas surgen. Sin propuestas capaces de solventar eses problemas, el malestar crece y se hace insostenible.

Solución de problemas generales es un sistema metodológico, equivalente al sistema intuitivamente metodológico utilizado por estudiantes del bachiller elemental, muy útil en el auxilio de situaciones diversas en que una persona se confronta con problemas y necesita algún método especial de abordaje.

Naturalmente, antes que ese método pueda ser aplicado en cualquier particular clase de problemas, sus reglas de aplicación deben ser sólidamente aprendidas para que puedan ser introducidos en el dominio de un problema particular. Así pensaba Herbert A. Simon al desarrollar simulaciones del pensamiento humano dentro de máquinas que abordaban el pensamiento por intermedio de símbolos y los conmutaban en ideas de raciocinio muy semejantes a las respuestas que los niños ofrecen en su fase de aprendizaje y evolución cultural. Con el correr del tiempo y por tentativas de erro y suceso acabamos ingresando en nuestro sistema mental cuestiones cada vez más complejas, estas estructuran un abanico de conocimiento más amplio y consigue formular alternativas de solución bastante consistentes al problema en aprecio.

Los ordenadores en general son máquinas que poseen símbolos manejables para un determinado propósito y son programados para dar respuestas numéricas o respuestas simbólicas de cualquier naturaleza, imitando consulta a las diferentes metas exigidas al pensamiento humano. Pero, claro, antes que toda esa simbología pueda ser aprovechada por el gestor de problemas, se hace necesario el aprendizaje del método y correspondientes reglas aplicables en el dominio de un particular problema. Los recursos disponibles en la técnica general de problemas, además del repertorio metodológico, incluye naturalmente, toda y cualquier información pertinente al dominio del problema que deseamos despejar.

Rompecabezas.
Cierta vez, a la isla Grande del conjunto de las Lobeiras fueron parar seis náufragos que regresaban de las Antillas a camino de Santiago. Tres eran cregos y tres eran jóvenes pertenecientes a una tribu de caníbales. Los seis se respectaban en función de la fuerza de su igualdad numérica, pero los cregos no confiaban en los caníbales, ni estos confiaban en los cregos. En la isla había una piragua en la que apenas cabían dos personas. Todos los seis sabían remar. No veían señales de vida en el continente, pero los seis necesitaban trasladarse urgentemente al cabo Finisterre antes que la violencia de una tormenta los ahogase en la isla. El problema que consumía a los seis náufragos era saber como proceder al transporte, sin riesgo de que algún crego fuese comido y sin riesgo de que los caníbales fuesen arrojados a los tiburones por los cregos.

Supongamos que este es rompecabezas que afecta nuestra inteligencia por primera vez. Nosotros fuimos premiados por la naturaleza con ciertas habilidades y también fuimos educados para pensar y plantear problemas con alguna dificultad en su solución. Podemos resolver este específico problema o sentirnos incapaces de ofrecer solución, pero la verdad es que, existiendo un problema, todos los afectados acaban de alguna forma pensando en él. Y aquí surge una nueva cuestión, ¿como se estructura el pensamiento que envuelve la solución de un problema?

Evidentemente se nos hace necesario hilar alguna especie de  abstracción del problema para que sirvan al concepto abstracto del método general con el que buscamos la solución.

Hay seis personas en una isla y un bote que solo puede transportar dos personas a la vez.

En su estado genérico observamos eventos que deben ser cumplidos por actividades diferentes en distintos tiempos. Conseguimos describir los eventos y también conseguimos destacar las diferencias que envuelven el poder cumplirlos, esto es, sabemos lo que podemos y lo que no podemos hacer. En un primer momento distinguimos la diferencia entre el estado de los seis náufragos y el deseo de todos salir de la isla, salvos y sanos. Existe una piragua que por experiencia todos saben que podrá llevarlos al continente. Luego, todos pasan a considerar las posibles secuencias de viajes que posibiliten el transporte de los seis náufragos al cabo Finisterre. No se supone que del otro lado existan personas para ayudarlos o que estén esperando para comerlos.

En esta formulación patética se hace claro lo que puede ser resuelto por técnicas de resolución de problemas y aquello que depende del conocimiento subordinado a la cultura y experiencia usable en el ámbito del problema en aprecio. La técnica de solución consiste en diferenciar dos estados, el uno presente y el otro deseado, así como el número de operaciones necesarias para realizar el deseo.

Un proceso amplio de solución de problemas, según Albert Simon, puede ser estructurado sobre metas de tres tipos:

1. Transformación de objetivos: cambiar un objetivo “a” para un objetivo “b”. El objetivo “a”, que consistía en que todos los seis náufragos se refugiasen sanos y salvos en el cabo Finisterre, fue transformado en el objetivo intermediario “b”, que consistía en transporte de dos personas en viajes sucesivos. En el primer viaje fueron dos caníbales; en la isla quedaron los tres cregos y un caníbal de garantía para que el bote regresase para rescatarlo.

2. Reducir diferencias entre las metas: para eliminar o reducir la diferencia “d” entre los objetivos “a” y “b”.
La diferencia “d” entre el objetivo intermediario “b” y el final “a” estaba en 4, cuando se hizo el primer viaje al continente; aumentaría para cinco, cuando regresase el bote con un caníbal. En el segundo viaje a Finisterre marcharían un cura y un caníbal y ambos se quedaban en el continente. Regresaba el primer caníbal dejado en el continente. En el tercer viaje marchaba el segundo cura  con uno de los caníbales menos cansados. A seguir regresaba el bote con el otro caníbal, ligeramente repuesto del pesado fardo de remar  contra la corriente. El proceso de salvamento continuaría hasta que igualasen los objetivos “a” y “b”. Lo descrito es una de las alternativas de salvación que se podían dibujar en acuerdo con lo que se conocía del problema y en cierta consonancia con la cultura o incultura del tomador de decisiones, en este caso, este vuestro humilde servidor.

3. Introducir Operador “q” aplicativo de metas: para valerse del operador "q" en el objetivo "a".
Cuando una persona fija un objetivo o meta y no sabe como alcanzar el objetivo y llegar a la meta para marcar gol, esa persona está delante de un problema. Pero para que el problema exista, primero la persona debe tomar consciencia del problema, reflexionar sobre él y promover algún tipo de solución consciente. Es muy importante que un problema sea representado correctamente y esto incluye representar los elementos más relevantes por medio de dibujos, símbolos, formulas matemáticas, etc. Naturalmente, la representación es algo que depende de conocimientos previos y alguna facilidad para poder disponer de ellos en el momento cierto. Por ejemplo:

Isla de Maranduba
En una playa muy concurrida en el norte del estado de São Paulo, cierta vez me vi atrapado por un fuerte remolino que me impedía llegar a la pequeña isla de Maranduba, a la cual yo siempre nadaba en un esfuerzo anual para conservar la musculatura sana y estéticamente varonil. El remolino no solo impedía avanzar como también frenaba mi regreso a la playa del continente, donde se divertía mi familia charlando con otras familias conocidas en el camping. En cualquier dirección, la distancia a tierra firme era pequeña, yo flotaba sobre un pequeño canal y, para hacer pie,  necesitaba nadar unos diez metros hacia cualquier lado. En la playa las olas reventaban con mucha fuerza, pero cerca de la isla todo estaba muy calmo y la calmaría sobre el canal hacia girar el agua con más fuerza que el músculo de mis brazadas conseguían igualar. La primera percepción del peligro fue pensar que el remolino era superficial y yo podría escapar de él sumergiendo y nadar por el fondo (dos o tres metros). Quemé el pecho en este intento y no conseguí salir del lugar. En la playa nadie se había dado cuenta del problema que envolvía mi situación. No adelantaba gritar por socorro, pues el viento conducía mi grito hacia la isla sin cualquier alma en ella existente. En aquel momento pasaron por mi cabeza todas las técnicas de solución de problemas que yo había aprendido durante los treinta años de vida (mi edad en el tiempo de los hechos narrados). Abrí brazos y piernas y me dejé flotar mirando  el sol como paseaba en el cielo. Era sol de enero, muy abrasador en los trópicos, suficientemente caliente como para freír mi sien y hacer una tortilla con los meollos. Yo necesitaba tener calma y conservarla por el tiempo que aquella situación problemática permitiese. Respiraba fondo y aseguraba en el pecho todo el aire que podía para mantenerme flotando.  El tema de administración de una empresa no me era desconocido. En aquel momento mi vida era una empresa que yo debía administrar identificando sus problemas y promoviendo la solución más adecuada. Con Frederick Winslow Taylor yo había aprendido a como eliminar movimientos inútiles y a dimensionar tareas cronometrando el tiempo necesario para realizarlas. Mis objetivos reposaban lúcidos: debía alcanzar la playa de forma eficiente con el uso de un mínimo de recursos y eficacia demostrada por haber alcanzado la meta. El recuerdo de Henri Fayol me alcanzaba por los catorce principios básicos de su administración científica; en aquel momento destacaba la disciplina, mi autodisciplina, como algo necesario para mantener todos mis sentidos unidos en el objetivo-meta, e impedir, por el orden, el caos generado por el pánico en instantes extremamente peligrosos. La comparación del medio con los fines de mi proyecto existencial mostraba en aquel momento un intransponible abismo, mucho más propicio a una fatal caída que al éxito de un vuelo reposante. Como no podía dejar de ser, reflotó en mi consciencia la memoria de Descartes: ya me iba sintiendo el centro del mundo y veía como todo a mi alrededor giraba: el mar y cielo, las montañas, el sol, la playa, la isla. Empecé a dudar de mis sentidos y a creer que ellos me engañaban confundiendo algunas percepciones erradas con otras correctas. No podía imaginar que habiendo tanta gente corriendo y jugando en la playa no había nadie que me viera girar flotando en el mar. Pero yo pensaba al mismo tiempo que giraba y descubrí que pensando yo existía, y dejando de pensar yo sería un hombre ahogado. Debía continuar pensando en el gran problema de aquel atribulado momento y dividirlo en tantas partes me fuera posible para buscar en la razón del pensamiento cartesiano la tabla de mi salvación.

Próximo a la hora habitual del almuerzo escuche la llamada de mi esposa ¡Ramooon! Como ella no oía mi respuesta, a seguir le hicieron coro mis hijos, ¡Paaai, Paaai! Lo normal era que yo respondiese regresando con largas brazadas. Mi inmovilismo giratorio les hizo comprender la gravedad del momento y alrededor de ellos se agrupó todo el campin berrando slogans de calma y fe en la salvación. Ella llegó por la plancha de un surfista que enfrentaba ondas gigantes que reventaban en la playa a unos quinientos metros del camping.

El comportamiento de una empresa orbita en un sistema de decisiones. En tal sistema cada persona adopta decisiones de forma racional, consciente y las decisiones acaban provocando actitudes y comportamientos muchas veces irracionales e inconscientes. En la concepción sistémica administrativa, el hombre es visto como un ejecutor de decisiones racionales, elaboradas y puestas en práctica con la colaboración de todos los trabajadores. El mundo interno de una persona, su esperanza y deseos por medio de la manifestación de su voluntad acaba influenciando aquello que ve e interpreta de la misma forma que aquello que ve e interpreta acaba influenciado lo que desea y quiere. Esto es, las personas deciden en función de la percepción de la situación en que se encuentran.

Una empresa u organización empresarial es un complejo sistema compuesto por partes interdependientes que interactúan entre sí para formar una unidad mayor que trabaja en busca de un objetivo común. Para minimizar las incertezas, el gestor sigue las reglas establecidas para una tomada de decisión. Normalmente evita cambiar las reglas, pero debe redefinirlas en situaciones de elevada presión, cuando el ambiente cambia intempestivamente y surgen nuevos datos útiles al proceso de tomada de decisión. El hombre es un ser capaz de buscar racionalmente las informaciones necesarias a la solución de problemas, puede escoger entre las diversas alternativas que se presentan y decidir por aquella alternativa que cree ofrece mejor resultado. Por otro lado, el instinto orientado por alguna pasión reduce la racionalidad de algunas decisiones, que acaban impidiendo la escoja de la mejor alternativa en función de algunos criterios en que basa la escoja. En la realidad, lo que un administrador hace es buscar un número limitado de alternativas fundamentadas en la información que dispone y aplica aquella que considera mejor, de acuerdo con su experiencia o expectativa de consecuencias futuras.

Es imposible para cualquier gestor conocer todas consecuencias a las alternativas que un basto número de información le proporciona y ponen a disposición de su poder de decisión. Por tal razón, Simón consideraba que la teoría administrativa debe ser teoría de la racionalidad intencional, limitada a las características personales del gestor, quien acaba decidiendo por algo sin tener, en muchas circunstancias, los medios para maximizar el resultado. La decisión adoptada por un gestor puede ser buena, pero no la mejor, como podrá comprobarse al analizar el resultado. La optimización de una decisión pertenece al campo de las posibilidades ficticias, optimas en el cálculo pero con fallas, por consecuencias de fallas en las premisas adoptadas en su formulación teórica, por fallas consecuentes de las limitaciones naturales del ser humano o fallas decurrentes de costes, de tiempo, de creencias políticas, religiosas, o mismo de conflictos derivados de la voluntad de conseguir o conservar poder.

Yo he sido un investigador incansable en la busca de entendimiento que justificase, a mí, el esfuerzo de repetir operaciones monótonas en el ambiente de una organización empresarial. Giuseppe, un italiano jefe de un departamento experimental de construcción de prototipos de automóviles, me avisaba con cierta sorna calabresa, “Toma cuidado, Ramón, macaco que muito pula busca chumbo”. Mi opinión era que un cazador consigue derrumbar con más facilidad un mono acomodado en un gallo que a otro que se esquiva saltando de rama en rama. De cualquier modo, en nuestros respectivos momentos, los dos fuimos derrumbados sin cualquier piedad, cuando a la empresa le fue conveniente por alguna razón que a nosotros, instrumentos del capital, jamás nos convencería.

Explicaba un internauta, comentarista de los lugares comunes de mi amigo Alfredo Conde, que huir de los lugares comunes es el primer consejo que dan las editoriales a los escritores noveles. Podemos convergir o divergir en este pensamiento tanto cuanto la distancia y nuestras culturas lo permitan. Un macaco que, como yo, fue haciéndose viejo por sucesión de paradas y saltos en la jungla urbana ha visto y revisto como ideas comunes sobre un tema poco común, cuando salen de la pluma de un nobel premiado, adquieren dimensión universal. Tergiversar sus ideas puede ser tarea extremamente indigesta, socialmente penosa y políticamente peligrosa, aún considerando el principio constitucional que ofrece libertad al derecho de emitir opinión.

En el sistema de contradicciones económicas o filosofía de la miseria, Proudhon se preguntaba si seria culpa suya el hecho de que la hipocresía y la imbecilidad siempre se esconden bajo el manto de alguna etiqueta santa. Desde el punto de vista moral e intelectual, la sociedad o el hombre colectivo se distingue de la persona-individuo principalmente por actos espontáneos en la acción, esto es, por el instinto, que aflora de la inconsciencia, protegido  por fuerzas que presume sacar de la colectividad. Al hombre aislado en su individualismo no le queda otra opción que aquella de vivir en el tedio y morir en su egoísmo. La ciencia que muchos teóricos predican todavía continúa brutal y enmarañada por actos de mala fe. Para vivir somos forzados a ingresar en un dualismo cuyos términos sabemos que son falsos o integran un raciocinio circular compuesto de falsos silogismos, esto es, de falacias.

Buscando ofrecer razones a la existencia de un quijote guerrero en la defensa de la organización pura y honesta, el sacho ancho con palo largo fue nadando por el interior de todo y cualquier libro de economía, administración y filosofías políticas, cualquier cosa que cupiera en el interior de su bolsillo intelectual y le propiciase conciliar los diferentes intereses de sus diversos sentidos. Tarea dificil para un don Miguel de Cervantes Saavedra. Tarea imposible para un vulgar don Ramón da Costa da Morte, pero la ilusión de enfrentar gigantes feroces le daba ánimo para caminar sobre los argumentos de extrañas obras.

Leí, con mucha tesón por tirarle provecho, la obra de Kepner and Tregoe “The Rational Manager”. Explicaba como un administrador resuelve los problemas. Decía que el gestor de problemas iniciaba la odisea resolutoria definiendo lo que realmente era problema; si saltase esta fase de definición, el gestor seria un gran problema para la organización. La definición del problema siempre surge de algún desvío entre aquello que debía ser y por cualquier razón ya no lo es. Los problemas identificados son calificados por grado de urgencia, por la seriedad o fiabilidad y por la tendencia del problema a su magnificación. El método consiste en preguntar y responder a las siguientes cuestiones:

¿Que es o no es? ¿Dónde es o donde no es? ¿Cuando empezó a ser o dejó de ser? ¿Cuál es la extensión del cambio?

Esas eran las distinciones del problema cuyas causas debían ser investigadas. Identificadas las causas por distinción de lo que es y de lo que no es, el siguiente paso es  comprobar la veracidad de lo que se asume. Determinadas las causas del problema definido y clasificado en primer orden de Urgencia, Seriedad y Gravedad en la tendencia (USG), el paso a seguir clama por acción del gestor de decisiones, quien debe establecer objetivos y los límites en los que el resultado puede ser producido de acuerdo con los recursos disponibles. La estrategia para solventar el problema exige conocimiento de algunas alternativas de acción y su comparación con aquello que debe ser y con su relativo puede ser. El tema sigue por un esquema circular de análisis de problemas, tomada de decisión, análisis de problemas potenciales y acción exigida a la dirección y control de una empresa, viendo el estado de tu empleo en el centro.

Otra lectura que me ha impresionado bastante fue “Como llegar al SI en la negociación de acuerdos sin concesiones”, escrito por Roger Fisher y William Ury, traducción de Vera Ribeiro –Rio de Janeiro: Imago, 1985. Es una obra que yo recomendaría como libro de cabecera a todos los ministros de Rajoy, a todos los sindicalistas del ramo obrero y patronal, a abogados y jueces, a misionarios y a los buenos  caníbales que habitamos en el exterior de la patria ribera.

Cuando se trata de aprender a aprender lo que creíamos que habíamos aprendido, todo el tiempo perdido en esta labor será útil para saber como gastamos el tiempo, que de otra forma nos consumiría en el desespero de querer agarrarlo, pararlo e impedir que siga el rumbo natural.


Herbert Simon fue ganador del premio nobel, año 1978, por su pionera investigación sobre la tomada de decisión en el interior de las organizaciones económicas. Creía que la tarea de decidir se limitaba a una simple división del tiempo en tres etapas.

sábado, 18 de febrero de 2012

MOCIÓN DE CEENSURA


No quito ni pongo Rey y no hay señor que pida mi ayuda.

Pienso haber conocido personalmente todos los alcaldes de Cee en estos casi 73 años de mi vida. Los conocí en sus respectivas residencias y también en el interior de las casas consistoriales de Cee. El alcalde más antiguo del que guardo memoria fue el alcalde Villaverde, un hijo suyo fue mi amigo en tiempos de escuela primaria. El último, hasta este momento, es el alcalde Ramón Vigo, hijo de mi amigo Ramón Vigo, de quien he sido vecino en la calle donde vivían sus padres,  hermanos y hermanas y que, posiblemente, será de él por herencia natural.

Si prospera la moción de censura articulada desde el PP y BNG, el siguiente alcalde podrá ser mi amiga y ex colega de partido, Sra. Zaira. Pero si por cualquier otra circunstancia   los concejales deciden nombrar Daniel Oca Alcalde de Cee, puedo afirmar que también lo conozco personalmente, a él, como también conocí a su perro negro que tenía la manía de depositar un monte de caca exactamente debajo de la cesta del campo de baloncesto, en el colegio Fernando Blanco,  donde yo practicaba el arte de echar pelota en el aro (este hecho ocurrió hace casi diez años cuando Oca, a pesar de su formación académica, no imaginaba ser candidato a ningún puesto político).

En las actuales circunstancias me es muy dificil tomar partido. Influenciado por un emisario de Aznar, adopté el PP creyendo que era un partido democráticamente popular. Me equivoqué y pedí a Zaira que diese baja a mi condición de filiado, filiación que había sido  honrada con carta firmada personalmente por Aznar, pero deshonrado por un maquiavélico comportamiento de un ex diputado provincial y ex alcalde de Cee, que se decía muy amigo mío. Me entusiasma el PSOE porque fue el partido escogido por mi padre y yo a él no me filié por un monte de circunstancias que el destino pone en nuestro camino. Con alguna sospecha, yo creía que Vigo sería, dentro del conjunto de los candidatos a concejal, el más indicado a llevar la gobernanza del concello de Cee. Sin cualquier duda de mi parte, Vigo sobresalía sobre la condición de Antonio y Amanda. No me equivoqué en la pretensión de mi pensamiento, pero los malos hechos, sin resolución hasta el presente momento, indican moral impropia para ejercer el cargo de máxima autoridad en la villa  de Cee. Por un principio de ética, tanto en su condición de alcalde como en su profesión de médico, Vigo debía renunciar al cargo político y concentrarse en la defensa de su honra.

La moción de censura era previsible y late renovadamente a cada nacer del sol. Sin tener señor que me obligue a correr en su ayuda, sigo paciente el desenrollar de los hechos políticos en la Cee Villa del Mar de mis recuerdos.  




miércoles, 15 de febrero de 2012

PAY-PER VIEW


En la pensión de enero recibí una inesperada sorpresa. Mi pensión llegaba ajustada por un factor que el Gobierno dice que corresponde a la inflación del año pasado. Por aquí la justicia es un poco más justa y el estado no comete las mismas barbaridades que el estado de las autonomías comete por ahí. Por ejemplo, el gobierno por aquí nos dice que la inflación del año pasado fue 6,08 %. Este año, a partir de febrero, con toda la justicia constitucional que prohíbe rebajamiento del poder real de las pensiones, mi poder de compra restauraba el poder de compra que mi pensión tenia en enero de 2011. Los 6,08 % perdidos en ese periodo perdidos se quedarán, pues no es  culpa del gobierno ese imperdonable descuido mío, ni a él podemos atribuir la desidia que nos afecta, ni siquiera nuestra falta de actitud objetivando evitar nuevas pérdidas que por desgaste de la memoria se repite en dosis homeopáticamente mensuales, teniendo inicio antes de la corrección del valor pasado.

En enero, antes que mi pensión fuese restaurada, vi con mucha alegría como el impuesto sobre propiedad urbana crecía 22 % sobre el valor del año anterior. Justo, magníficamente justo; el ayuntamiento debe ser grandioso aún siendo territorialmente pequeño. Yo consigo comprender esas cosas y por el bien de la gobernabilidad nada me aborrece y soy feliz calculando los límites soportables por la naturaleza animal del ser humano para poder confrontarlos con los límites a que puede llegar la naturaleza bestial  en el grado máximo de su naturaleza animal. El aumento para servidores del judiciario en este paraíso tropical fue de 66 %. Muy poco, injustamente poco.

Por las razones arriba expuestas yo no consigo entender ese movimiento del YO-NO-PAGO que va tocando el extremo norte procedente de Grecia y acaba motivando las ganas resentidas de los amigos que como yo amamos Beatles y Rollings Stones. Me sumo al movimiento del AQUÍ-TODO-DIOS-PAGA e ninguen escapa. El gran problema de un movimiento de este orden es que en la contabilidad existe la famosa contrapartida que exige que haya un receptor para todo y cualquier pagador. Y si desde la agencia Reuter del Reino Unido notician que al déficit presupuestario le han soplado un volumen considerable de aire y ya le van explotando bollas por todos los lados, muy dificil va ser contener el aire explosivo que se aloja en el pecho de todo cristo metido en la cruz. Es pagar para ver.


Oubo un tempo en que a miña vida era miña, parecía seguir ao longo da liña. Agora estou eiqui en horário diferente, lonxe, e non sinto como ti sintes. Busco o que hai para descubrir, procurando nos lugares escondidos con ritmo de un tempo perdido e moita pena de non estar presente.

Ratatata

martes, 14 de febrero de 2012

PICOLINO


Vivimos días de novedosas noticias que van colocando nuestra extremada península ibérica en el foco espacial del universo global.

El lunes pasado, tuvimos la novedosa noticia del lanzamiento del satélite vigués desde el Centro espacial de Kourou, en la Guyana francesa. El Vega se une a la flota formada por el pesado lanzador Ariane 5 y Soyuz, que laboran desde el Puerto Espacial Europeo enclavado en tierra americana con bandera francesa.

El lunes 13, ayer, fue  un gran día para nosotros, los hijos de Pindoschan y los más de mil obreros que ha participado en toda y cualquier decisión que ha permitido el desarrollo del lanzador ligero más avanzado y competitivo del mundo. Entramos en una nueva fase para lanzamiento de nuevas y variadas misiones científicas y tecnológicas: VERTA, que, en una de las variantes versiones de la lengua hablada por Breogán, significa Vega Research, Technology and Accompaniment programme.

Vega, para conocimiento de los que estamos desempleados, tiene contrato comercial con Arianespace; otros contratos millonarios están en negociación. El torpedo Vega fue diseñado para un variado arreglo de misiones con metas específicas para dar respuesta flexible a las oportunidades de mercado (Vigo se ha cuajado en ese mercado millonario). Semejante a otros pequeños lanzadores, el Vega consigue poner en órbita circular (altitud 1.450 km, inclinada 69,5 grados de la línea del Ecuador) peso muerto que pueden variar en equivalencia de 3 y 35 personas, muy poco peso si lo comparamos con el peso vivo que nuestra galera Santa María, La Gallega,  consiguió transportar, sin derecho a retorno, a una distancia más lejana, Puerto Príncipe. Vega va ser capaz de traernos la seguridad que en estos días tan inseguros necesitamos para enfrentar la competitividad como complemento a la productividad que esperamos de nuestros trabajadores parados.

En otro puesto de lanzamiento, cerquita de nosotros, en la meseta castellana, el viernes pasado el gobierno ha acordado lanzar al espacio una serie de picolinos paquetes dentro del programa Reforma Laboral. Habrá una espectacular subida salarial hacia abajo en función de la excepcional fuerza gravitacional que, para honor de la flexibilidad austera, no será reversible a menos que a vaca tusa e o boi poña leite polos cornos.

Pero ni todo que desde la meseta se lanza al suelo es mala noticia. Nos llegarán los picoloempleos en forma de minimetralla, muy capaces de rajar cualquier resistencia que le oponga el instinto mortal del hambre. Serán 400 plomitos puestos en la cartuchera para derrumbar muchos pájaros volando sin ingreso en el pico y con un único suspiro en el pecho. Eso sí, deberán acreditar esfuerzo para aprender nuevas tecnologías que los habiliten en la identificación del sexo de los ángeles. Con diploma que certifique el gran conocimiento que busca la humanidad desde que Dios dio aliento a Gabriel y Lucifer, un parado con DNI de la seguridad social podrá ingresar en el mundo laboral del infierno. No digo del cielo pues en el cielo no tiene cabida la austeridad que viste el pueblo; allí la pobreza fue abolida, como también fue abolida en las casas que en la tierra lo representan. 

Habremos de convenir que 400 euros mal pagan un cajón de pino y, en estos días, lo único que nos valora es el oro, plata, diamantes, piedras preciosas, cohetes en el espacio y no más aquel rosario de cuentas que los viejos nunca pagamos y los niños quieren cobrar.

domingo, 12 de febrero de 2012

COMERCIO GLOBAL



Era una vez en una pequeña villa del finisterre español...

 Un chaval muy ilusionado, cursando el tercer año de Bachiller laboral, aprendió el tejemaneje de una complicada formula que permitía calcular, entre otras cosas: la altura de una chimenea para dispersión de los humos en atmosfera libre, la sección de paso de los humos por esa chimenea, el tiro natural, el tiro inducido y, como corolario de tanta dedicación, los efectos colaterales de un cañonazo colosal sobre su cabeza cuando recibió, firmada por perito industrial de Carburos Metálicos, hoy Ferroatlantico de Cee, la papeleta  de no apto, valorado con nota 4,85. Para probar coherencia, esa nota sería repetida en septiembre y junio del año siguiente.

La fórmula para el buen comportamiento del humo por el interior de un ducto era la gallina de oro para la soberbiosa vanidad de un neófito profesor de cultura industrial. Eran tiempos difíciles para todos, lo reconozco, pero creo que no había motivo ni mucho menos necesidad para aplicación de un oportunista aprovechamiento de una supuesta ventaja competitiva por haber un diploma de perito industrial y hacer de ella arma de esgrima para no se que competición podría residir en la cabeza de aquel hombre; ciertamente tenía algo que lo impulsaba a sacanear la esperanza natural de un niño, mi esperanza,  que yo honestamente creía posible realizar un día y salir de la pesadilla del estado de casi miseria que acosaba, sin excepción,  a todos los chavales de nuestro entorno. Este hecho daría motivo para que, algunos años después, aquel gallego, emancipado de la tutela paterna, con ánimo indomable se marchara a un país tropical. Allí trabajó en empresas con más rango y mucha más tecnología industrial que aquella que había en la pestilente, humeante, contaminante y carburosamente metálica de Brens.

Muchos y muchos años después, en otro siglo, habiendo retornado a la aldea de origen, aquel niño, que había padecido el castigo de la suspensión en asignatura que dominaba con perfección, pudo percibir como su vida había sido comparativamente mejor que la vida del profesor que lo había acosado  moral y psicológicamente tres veces con un acto premeditado de suspensión, acto infeliz que acabaría provocando deserción en el camino que lo llevaría a obtener un simple diploma de bachiller laboral.

Al buscar vivienda para quedarme en el pueblo y allí vivir los pocos días que un diagnóstico de cáncer me había pronosticado,  tuve la triste infelicidad de ver como era sucio y mal cuidado el piso en que había vivido aquel perverso profesor, en aquella altura ya jubilado. Allí habían vivido algunos amigos míos; la casa pertenecía al medico del pueblo, hijo del médico que cuidó de mi al nacer, quien lo criticaba amargamente para justificar el deterioro y mal estado de la vivienda. Sin duda, mi casa en los trópicos era algunos años luz más confortable y aseada que aquella casa alquilada en que vivió aquel rudo rianxeiro profesor. Debo decir que no es odio lo que me induce a hablar de aquel perito maestro. Es un sentimiento que yo necesito exteriorizar para ver si alguien alumbra alguna respuesta que me ayude a olvidar aquel hecho que siempre estuvo presente, como señal de aviso, en los buenos y malos momentos de mi vida. Algunos testimonios yacen en las sombras del campo santo pero todavía existen algunos que como yo sufren del martirio de algún mal recuerdo.



En economía, la ley de ventajas comparativas se refiere a la habilidad que tiene una persona, un pueblo o un país, para producir alguna cosa material o servicial al menor costo marginal o de oportunidad. Aunque una persona sea más eficiente que otra en la producción de bienes y servicios (ventaja absoluta), ambas podrán ganar más haciendo intercambios entre sí durante todo el tiempo que duren sus relativas eficiencias. Era lo que podía haber ocurrido entre el profesor y yo. A mí me tocaría ganar una beca para la que ya había sido seleccionado por la profesora Carmiña Muruais, de matemáticas; Lucita, de historia y geografía; la simpática Pataquiña, de Física y química, además del profesor de gramática, Carlos Llorens y la inolvidable doña Celsa Ferrín; la selección había sido decidida en disputa acerrada con otro candidato, mi amigo Agustín Romero, hijo del teniente de la guardia civil. Al profesor cabría el mérito de haber construido estructura sólida en uno de sus mejores alumnos y que nunca, hoy lo afirma, tuvo el humo como objetivo  para un medio de vida.


El concepto de ventaja comparativa fue explicado por David Ricardo en su obra de 1817 “Sobre Principios de Política Económica y Tributación”. Consideraba el trabajo como único factor de producción y no habiendo diferencias tecnológicas creía  que no habría ventaja competitiva para producir ganancias. Argumentaba que en Portugal era posible obtener vino y ropa trabajando menos de lo que los ingleses trabajaban para producir la misma cantidad. En Inglaterra era muy laborioso la producción de vino y moderadamente trabajoso la producción de tejido. En Portugal la producción de esos dos productos se hacia más fácil. No obstante, en Portugal la producción  de tejido era menos costosa que en Inglaterra, a los portugueses le salía más barato dedicarse a la producción de vino y cambiarlo por tejido fabricado por los ingleses. Por otro lado, aunque para los ingleses el costo de producir tejido no variase, dedicándose a esa producción para cambiarla por vino les resultaba tener las dos cosas con menos trabajo.

Para mejorar la explicación, supongamos la existencia del profesor perito y yo, su alumno,  viviendo en una isla del Grove totalmente aislada. Para sobrevivir, los dos debemos acometer algunas actividades económicas  fundamentales, del tipo como buscar agua en la fuente, pescar, cocinar, providenciar abrigo y cuidar del aseo.    Yo soy joven, fuerte, educado, más ligero y más productivo en cualquier emprendimiento. El profesor es viejo, cansado y atormentado por alguna desgracia del pasado; cualquier actividad que emprendía lo hacia con absoluta desventaja. A pesar de la desventaja absoluta, había actividades que se realizaban con muchísima diferencia entre los dos y había otras actividades donde la diferencia era más reducida. Si nos ponemos de acuerdo y dividimos el trabajo conforme nuestras respectivas ventajas comparativas, es plausible esperar que yo me especialize en las tareas que soy más productivo, al mismo tiempo que el perito se especializará en aquella tareas que son ligeramente menos productivas que las mías. El acuerdo por un conveniente arreglo acabaría mejorando el bienestar de los dos al costo del mismo trabajo que haríamos en separado.


Hemos visto el martes pasado un fenómeno aparentemente novedoso en nuestra bahía. El Ideal Bulker descargaba, en la proximidad de lo que ya fue el arenal más limpio, brillante y mejor frecuentado de lo que ahora hemos convenido llamar Costa da Morte, seis mil toneladas de manganeso, al precio (presumo) de medio millón de euros retirados de las arcas de la impagable deuda que tenemos. Para el éxito de este atraco, hubo que gastar quince millones en servicio de cama y mesa para dejar el muelle y los fondos bien arreglados al interés del mercado internacional. Fue un gran suceso en una región que pocos sucesos ocurren durante los años de buenas cosechas. O esto es lo que me parece hoy, tiernamente recostado en la cumbre de Pindoschan, o mismo en mis nadadas, cuando llevo pan y agua a las lobeiras, meigas vigilantes de todo que entra por el mar y sale por la ría.


El Bulker nos permite ver lo ideal que desde hace dos siglos ya debíamos saber: somos una economía dependiente del mercado internacional. Poseíamos ventajas naturales de las que el mundo deseaba adueñarse. Habiendo sido escogida nuestra tierra como morada nocturna del poderoso Sol y de la tierna Luna, el décimo Junio Bruto aquí envió sus legiones romanas para vigilar lo que los dos hacían en las noches de tormenta por el más allá del cabo finisterre. Encolerizados por las constantes invasiones a la privacidad de los inmortales dioses, Neptuno, creyendo que la Invencible armada venía para expulsarlos del monte Pindo, donde por el día se alojaban  para contemplar la belleza de la tierra finita, arrojó sobre ella toda potencia de su pulmón, lo cual hizo revolver todo el lodo del suelo para arruinar toda y cualquier ventaja de la bélica escuadra. Más tarde, en represalia a la famosa escuadra de la marina castellana, otra más poderosa escuadra de la isla en tierras del norte, vecina de la iris de Breogán, fue enviada con la intención de cabalgar sobre nuestras costas y, por tal disimulo, aprovecharían el intento para arrancarnos nuestra ventaja natural. Gracias a la orden celestial del rey Sol y a la honestidad de la reina Luna, el intento bélico no tuvo suceso. Como también no tuvo suceso la horda de invasiones napoleónicas cuando aquí llegaron para poner fuego en los juncos secos de la ría y hacer luz para ver lo que el eterno sol hacia en las noches frías de obscuro lunar.


Debemos inferir las cosas como realmente ellas son. Que es lo que sostiene nuestras relaciones comerciales, ¿la lengua?, ¿religión?, ¿costumbres?, ¿la política?. En el caso de cuba fue el capital de un emigrante pobre, quien resolvió emigrarlo, después de hacerse rico, a su pueblo natal con intención de aquí transformarlo en riqueza cultural. Algo de lo que yo me he aprovechado para generar una gran dependencia a los amarres del pasado. Sin embargo, esa dependencia exigía una relación económica con todos los factores naturales que daba valor a nuestra cesta de ventajas. En mis tiempos infantes habían varios campos de actuación en los que era posible compartir ventajas: la pesca, agricultura, comercio comarcal y la industria de escorias fondeada en la playa de Brens, ahora muy fértil en los montes desvirgados de Dumbría. Lo correcto, siguiendo el impulso ideológico del economista Ricardo, seria aprovechar el capital cubano para adquirir experiencia y conocimiento en economías del mar y de la tierra y devolverlo en forma de capital humano a la isla de Fidel. Mi abuelo hubiese ganado méritos para poder regresar al convivio con mi abuela hijos y nietos abandonados a su suerte en el lejano oeste europeo. Todos saldríamos ganando. No fue así, se dio preferencia al abuso de nuestra capacidad natural por una industria que nos forzó en el estudio de una ventaja artificial, artificialidad que ella misma, industria de carburos metálicos, acabaría despreciando en el transcurso de los años.

Me acuerdo de un hecho que yo presencié una mañana fría en una plazuela donde tenía comercio Alfredo, el carnicero. En un piso obscuro de aquella plaza habitaba una niña amiga mía. Su padre era abogado;  defendía la causa de trabajadores que habían contraído silicosis a servicio de la fábrica de Brens y a quien los médicos del pueblo pronosticaban muerta horrenda, a la que yo tuve la triste oportunidad de presenciar en una familia de los castiñeiros, si no me engaño era un joven de la familia de los pochos. En aquella mañana vi mi amiga llorando. Yo ni diez años tenia y ella era un año más joven que yo. Fuerzas del estado a mando de la fábrica promovían un débase en la oficina del abogado, dentro de su vivienda, para encontrar algo que les diese certeza que el abogado era comunista. Siendo comunista, le acusarían de bandido; siendo bandido le darían el castigo que por el orden legal cabía a un comunista. De esta situación la fábrica extraería gran ventaja, traducida en exploración de las ventajas laborales que tenían los trabajadores del lugar y ofrecerlas, con los beneficios añadidos, a gentes de lejanos lugares. En la busca no encontraron nada que justificase prisión del abogado y lo dejaron en libertad bajo condición de que dejase por cuenta de las novenas y procesiones matinales la causa de los enfermos silicosos.

Es sabido que un aventajado de cualquier naturaleza siempre se asocia a otro aventajado para producir ventaja superior. Fue así que surgió la SICAR. Por lo dicho en lengua que se hablaba en aquellos momentos el capital de esta empresa fue consecuencia de ahorros conquistados en el exterior. Nada natural, pero como dios los crea y ellos se juntan, esa empresa fue dominando el destino de algunos jóvenes que los sacaba de la escuela del colegio Fernando Blanco para darles trabajo en la industria naviera. Así yo vi crecer un hermano al amparo de un miserable sueldo que mal daba para sostener su gasto personal.

Ventaja absoluta la tiene un pueblo que emplea menos recursos en la producción de un bien (Adam Smith 1723 - 1790). Ventaja comparativa la tiene el pueblo que produzca al menor costo de oportunidad y sacrifique menos en la producción de otro producto (David Ricardo 1772-1823). Por costo de oportunidad entendemos aquello que podríamos hacer y no hacemos porque nuestro tiempo lo dedicamos a otra cosa. En el caso de Brens, el coste de oportunidad fue la pérdida de una naturaleza exultante para dedicarse a la producción de una legión de enfermos; el bien producido no sabemos donde se encuentra, mientras que el mal salta a los ojos en días que el humo contamina toda la ría.

Es de suponer que el Ideal Bulker representa una relación de intercambio entre China, Australia, España y Cee. Esa relación puede ser expresada por el cociente entre los precios de bienes exportados y el precio de los bienes importados. Ese medio millón de euros importados en la forma de un mineral bruto van ser transformados en algo de valor mayor y en esa diferencia va puesto mucho sudor, esperanza y algo más de aquello que mi amigo Pousa denomina, y yo abomino, capital humano.

Ya decía mi amigo Villa Mir que no existen buenas o malas empresas, ni siquiera malas o buenas compañías. Apenas existen compañeros que son mal dirigidos y compañeros que son bien gestionados. (“There is no such a thing as a good sector or a bad sector; neither a good company or a bad company. You just have companies well managed or companies poorly managed”). A lo que uno también puede acrecentar, “no hay suerte que en mal no acabe por la fatalidad del destino  final”. Es por ahí que la escuela sueca, con Myrdal a la cabeza, tentó, sin cualquier éxito,  introducir en la ciencia económica algún factor capaz de prevenir las in certezas en el mismo nivel de los recursos disponibles y las condiciones técnicas para obtenerlos. De alguna manera, cada individuo condensa en su personalidad un plano propio de comportamiento económico que va hacer que todas sus acciones sean direccionadas al cumplimiento de ese plano, que por su vez fue formulado con base en expectativas futuras y, en la medida que avanza en el tiempo, esas expectativas se van remodelando con base en alguna forma de retroinformación.

Por el teorema de Heckscher y Ohlin, las naciones disponen tecnologías equivalentes para la producción de bienes económicos pero son diferentes en la disponibilidad de factores de producción, como personal, tierra, recursos naturales, capital, etc. Por ejemplo, Galicia, con abundancia de gente para trabajar, podría realizar tareas que exigen abundancia de trabajo humano a un coste relativamente bajo y, así, generar una ventaja competitiva disminuyendo la producción de un bien exigente de aplicación de capital masivo (naves inter espaciales, para poner un ejemplo o palas de helicóptero, como deseaba Bush).

La disponibilidad de trabajo humano en China es una ventaja competitiva que ellos han aprendido a manejar y consiguen exportarla en la forma de Ideal Bulker a regiones de ellos tan alejadas como pueda ser la Ferroatlantica del finisterre gallego. Australia posee abundancia en el mineral manganeso, pero tiene población relativamente escasa para el tamaño del país; como tiene abundancia de capital, ofrece mineral a Dumbria para que lo transforme en alguna cosa que le rinda más capital, que es su  principal interés derivado de su ventaja competitiva, y lo presta a Villar Mir; que lo tirará de España para llevarlo a Hispanoamérica donde existe trabajadores capacitados a producir capital a un bajo precio  y elevada rentabilidad; que irá para Francia y nunca más regresará a Cee, fuente de toda esa ventaja miserablemente competitiva.

La teoría de la ventaja competitiva ya fue dominante en la formulación de políticas gubernamentales por creer que se puede intervenir en las ventajas modificando el coste con flexibilidad laboral, despido barato, desvalorización, financiación de la exportación  y otras acciones para ampliar oferta de mano de obra barata y eternizar la angustia del capital humano. Como por la ciencia política nada se crea y todo se destruye para transformarlo en lo que antes era, vemos como el pretérito se incorpora al presente para recuperar la ventaja  que Inglaterra, Francia y Alemania tuvieron sobre nosotros y ahora, en  el presente continuo, mucho se esfuerzan para  que en el futuro todo continúe igual.

Bertil Ohlin y James E. Meade compartieron, como buenos amigos en el arte de la dialéctica económica, el premio nobel de Economía, año 1977. Sus grandes diferencias en el contenido filosófico fueron aprovechadas para reducir por la mitad la ventaja que cada uno, considerado aisladamente, podría ingresar en sus bolsillos. Lo que prueba que ni siempre la unión de dos ventajas competitivas trae más ventaja para las partes que componen tal unión.

Para todo siempre existe un modelo alternativo o eso es lo que creía Meade, algo influenciado por el utopismo de Thomas More, quien a su vez ya había sito tocado por la mosca de Aristóteles.
Agathotopia se refiere a la convergencia de la ética y la lógica sobre un mismo fin, el Bien como modelo alternativo que combina lo que hay de mejor en el sistema socialista y capitalista. En la agathotopista isla del grove, donde la vida nace, crece y muere en perfecta harmonía, todo y cualquier isleño tiene asegurado el derecho inalienable, independientemente de su edad, sexo, color, credo, condición de fortuna o estado de pobreza, a una renta mínima para que atienda a las necesidades básicas de sobrevivencia, algo parecido con el tipo de la Renta Mínima de Inserción introducida en la España de 1988 pero sin los maleficios que excluyen a los que de ella no tienen conocimiento y favorecen la ocasión para que intermediarios se hagan ricos en función del secretismo de que hace gala esa renta.

La prosperidad condicionada al comercio global envuelve escenarios en los que se puede observar las condiciones que son buenas y aquellas que no los son en el ámbito de la sociedad directamente afectada por ese comercio. No podemos caer en la tentación de discernir lo que apenas es bueno para una persona o grupo partidario y no lo es para el conjunto de la colectividad que va padecer los maleficios de un particular beneficio. Touriñan puede ser un ejemplo de una antiutopia que surge para desgracia de los locales y beneficio del indefinido global o, como concluye Meade en su Agathotopia, contrariamente a muchas creencias, si Feijoo protege la competencia internacional de Pescanova, en otros lugares surgirán ayudas para aniquilar la ventaja que solo se hace competitiva produciendo muchos más pobres en la comunidad percebera. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

IDEAL BULKER


Yo lo vi entrar desde lo alto de la pedra Moa, en la morada de Pindoschan. Llegó imponente, gracioso y algo arrogante con sus mangas abiertas, sus cuatro suspensorios de sonriso amarillo, todos vigilados por el comando blanco desde la torre de control con bandera china. Al verlo plácidamente asentado sobre el llano de Brens, donde yo y mi amigo Ferrin hacíamos prácticas de sumersión, de la que volvíamos con la mano abrazando amuestra de arena como prueba de haber tocado fondo, no pude evitar recordar mi primer labor social como ciudadano global.

Mi orientador fue el cura de la parroquia Junquera, don José Pego. Mi madre me había adornado con un sombrero de paja con rabo tirado de crina de algún asno, me pusieron bigote al estilo chino y una cajita en la mano que yo debía devolverla al cura llena de dinero. El recorrido en busca de limosna para los chinitos yo lo conocía bien: empezaba en el bar Puerta del sol, continuaba por la Magdalena hasta la casa Merens, seguía por la plaza de España, con parada en la Farmacia Guillen, el sastre Cespón, el Zapatero Lamas, continuando  hasta el extremo que antecedía el viejo muelle de pescadores, para subir a la Plaza del Sacramento, después por el comercio de la Mogiana para alcanzar la panadería Benedicto. Por todo este sacrificio, lo único que me daban era el consuelo de un franco sonriso que yo agradecía con un sincero amen.

Mi madre ya esperaba ese resultado, pues era sabido que quien tenía un patacón lo usaba para comprar azafrán y ponerlo en el arroz para comerlo con un menos de tristeza en los ojos. Mi madre pidió para que no me desilusionase por aquel resultado e insistió para que reiniciase la procesión y pusiese más emoción en el pedido. Hoy yo se que repetir un hecho por el hecho de repetirlo no me entusiasma. Entré por un viejo callejón que me llevaba a la plaza del Olvido donde había tres niñas que de mi se rieron, no sé si porque yo era niño o por mi apariencia de viejo chino. Me acuerdo que una niña se llamaba Margarita, la misma que muchos años después sería madre de ministro de España. Yo había marcado destino fijo a la intención de conseguir limosna, era la panadería del Muradan a quien yo conocía por haber conseguido pan negro con cartilla de franco racionamiento. El viejo panadero me dio cinco reales en monedas de cobre. Eran tan desgastadas que si fuesen abalizadas por su peso metálico tendría un gran descuento. Pero como lo que valía  era la buena intención, corrí veloz a la casa del cura y le deposité las cinco monedas antes que cualquier mala intención me aconsejase a gastarlas en papelillos de azafrán, solo por el gusto de coleccionar héroes de futbol.

Hoy, al borde del Pindoschan, me regocijo pensando como fue útil a los chinos aquella pequeña inversión de cinco reales, hecha a los finales de la primera mitad del siglo pasado,  traducidos en este día histórico de mar calmo por algunas toneladas del atómico manganeso, al precio aproximado de 90 euros/tonelada.

domingo, 5 de febrero de 2012

RESPONSABILIDAD SOCIAL


El tema me parece actual y coincide con los asuntos en debate por cualquier taberna de nuestra globalizada aldea: la responsabilidad social de los políticos. A lo largo de la digresión pretendo establecer conexión con los conceptos desarrollados por el nobel economista, laureado en 1976, Milton Friedman.

En el segundo milenio, nueva era que parecía insinuar prevalencia de algunos recursos intocables, como el conocimiento, moral, ética y la reputación, adquiere enorme importancia repensar el modelo que nos domina y se muestra incapaz de reconducirnos a la sociedad del bienestar.

Después de caminar varios años bajo la buena intención de constituir una sociedad libre del preconcepto que transforma las personas en objeto de la división de clases, en función del dinero que tiene o deja de tener, vemos como se ultrapasa el primer decenio de este siglo plenamente sumergidos en un foso emporcallado por deudas y con los pies atados a una colección de plúmbeos compromisos con agentes del descaro financiero.

Por la costa peninsular y todas las regiones que la costa  envuelve, seguimos a remolque de la loco motiva que los países técnica y económicamente más desarrollados van abandonando. El desfase es del orden de un cuarto de siglo. Hoy aceptamos modelos que otros países ya han experimentado, no les han parecido que sean buenos o saben que puede haber otros que son mejores. Sin duda, forma parte del conocimiento el contacto  con toda y cualquier filosofía de vida, pero ya no es inteligente y mucho menos prudente nuestra transformación en cobayas de experimentos fracasados. 

Lo que era interesante en los años que siguieron a la segunda guerra mundial, hasta el año 1973, año del primer choque petrolero que puso a deriva del viento el valor de la moneda internacional del dólar, hegemónico durante su ciclo de oro, puede no serlo ahora. El ilusionismo keynesiano perdía fuerza en la medida que aumentaba la intervención del gobierno en los asuntos económicos de las personas libres. Fue un periodo muy positivo para la esperanza de las personas involucradas en el trabajo que producía riqueza y estimulaba a consumir la vida en esa permanente labor eterna del Sísifo obediente. No obstante, es de esa permanente intervención que, con el cuño legalista, advienen todas las políticas restrictivas a la iniciativa de las personas. Demagógicamente abogan por la creación de empleo utilizando la política tributaria  y fiscal para arrancar recursos de la capacidad productiva, para luego  enterrarla en la monolítica cultura de la ilusa formación financiera y su banca distributiva del producto-fantasma, a destajo de una incomprensible gama de nuevos productos.  Fue un periodo de loco estimulo a las razones del bienestar con su correspondiente busca de medios a cualquier coste y comprometimiento de generaciones futuras, que hoy, infelizmente, no se ven contempladas por el bienestar presente, ni siquiera por el beneficio de la ilusión de un mañana mejor. Vivimos un giro de 180 grados de un sentimiento que fue positivo para la igualdad. Ahora nos domina el sentido contrario de la desigualdad que, sin mucho esfuerzo, promueve la existencia de unos pocos ricos, cada vez más ricos, y una masa enorme de pobres, cada vez más pobres. Parece como si alguien en algún lugar concentra toda la renta del mundo y la riqueza que todas las naciones deben.


Atribuyen a la visión de Milton Friedman la imagen de que la mano invisible del mercado solo funciona si el Estado exhibe puño duro y palo largo, si le muestra la hoz y martillo, el haz y flechas, el cañón y castillo y una emotiva canción  que recuerde la infancia vivida con mucha angustia por la visión de una particular y macabra danza. Es esa mano invisible la mano poderosa que se acobija en los bolsillos con la disculpa de encontrar caliento y salir sudando después de ocasionar un profundo vacio.

Cuando un ejecutor de un círculo gigante dice que va hacer con mucha pena lo que tiene que hacer, por la transcripción de hechos vividos, sabemos que lo que va hacer no es nada bueno y, así mismo, lo hará con todo el rigor de su máximo placer. No existe mejor alternativa al cumplimiento de un deber, siguiendo las reglas del juego que tiene el dinero como su única meta en esa global guerra de patadas, que aquella de concentrar en el director técnico (entrenador) tanto poder como le sea posible administrar para adoptar las acciones que permita a su equipo ganar, sino todos, por lo menos la gran mayoría de los partidos. Naturalmente, para eso se necesita mucho dinero. No es dinero que sale del bolso del entrenador, pero es dinero que tiene que salir del sudor de alguien, y ese sudor lo pagan empleados con sueldos más bajos, empleos basura con mas inseguridad de cara al futuro,  para sí y sus familiares, lo pagan con precios más altos en los días de juego, menores beneficios y una vida longa para sufrir mucho más y vivir peor.

Una empresa nace, existe y vive por la asociación firme y decidida de algunas personas; aún siendo pocos, sus propietarios, como los son los dueños de una empresa familiar, frecuentemente nos muestran como los firmes lazos de sangre desaguan en un mar de intrigas, habiendo siempre uno que desea tirar ventaja del otro, y viceversa.

En esta crisis, jamás experimentada en toda historia de España, la primera responsabilidad social sería buscar y encontrar medios efectivos para la racionalidad de los recursos escasos y promover equilibrio, dejando a su buen placer los recursos que sobran. Es público y notorio que España es el país del mundo con más relativa abundancia y disponibilidad de capital humano. Tiene el privilegio de ser una sociedad muy competitiva por haber eliminando millones de puestos de trabajo con un insignificante descenso en la producción nacional. Aún así, nuestro presidente prevé que aquellos que trabajan van entrar en la farra de una huelga nacional.

De alguna forma, la gran mayoría de políticos en cargos de alto rango son profesionales del arte político sin ser dueños de absolutamente nada. Su condición primaria es ser empleado de alguien que le ha dado trabajo bajo la condición de que defienda los intereses de la mano invisible que segura el capital humano. Esos intereses son muchos y variados, en el caso de las cajas el interés principal es obtener rendimiento financiero. Cuando el gestor bancario decide aplicar renta en beneficio social, viene Milton Friedman explicarnos que están haciendo gasto en intereses que debilitan la libertad del mercado. Según él, al diluir los beneficios por un gran número de paisanos, alguien acaba pagando el beneficio de la redistribución de beneficios. En el caso de bancos particulares, como lo son ahora las cajas que antes eran cajones públicos, son los accionistas quienes acaban pagando lo que consideran despilfarro. Para corregir la mala gestión resuelven por intermedio del comité directivo reducir el sueldo de quien trabaja. Con miedo de perder su fuente de vida, el empleado resuelve trabajar más y mejor. Desta feita, sobra capital humano que, diferentemente de lo que suponía Marx, no se transforma en dinero, ni directamente en mercancía, lo llaman gasto a fondo perdido sin cualquier posibilidad de retorno financiero. En otro nivel, donde raya el cúmulo capitalista, otros dirigentes, supuestos empleados del pueblo, deciden mejorar el concentrado de renta, ofreciendo pleno empleo a las máquinas que producen dinero. El resultado a corto plazo son señales de alarma que avisan que los ahorros que el pueblo guarda en los colchones pierden valor. Para recomponer parte del valor, que creían instrumento fiel de reserva para el futuro, la banca se apresa a decir que su caja es un medio seguro para guardar dinero, cuando en la realidad, a medio y largo plazo, no pasa de un bastón que se rompe siempre y cuando necesitemos de él par apoyarnos. Esa quiebra  acaba ocasionando perdida de valor en una cantidad mayor a la que ellos ofrecieron contaminada con la ilusión de reserva perfecta. En la forma de ley decían una verdad que se transformaría en mentira. Mentira legalizada con el nombre de inflación, ardid que nosotros, los humildes, atribuimos a la mano invisible de Dios y los más astutos, al guante visible de los expertos del mercadoi.


Friedman creía que en ausencia de la seguridad social no serían muchas las personas incapaces de cuidar de si mismas. Y argumentaba: “ Suponga que 5% de los mayores no serían capaces de cuidarse a si mismos, ¿ hace sentido imponer un programa que atienda 100% de la población para cuidar de 5% de esa misma población? ¿Será que eso tiene realmente sentido? – Y concluye: “Ese es el gran defecto en el pensamiento del gobierno: cree que las personas somos todos niños y nos ponen todos bajo supuestos  cuidados de intelectuales y funcionarios del gobierno”.

El  gran parón laboral no surgió de ninguna desgracia natural, de alguna catástrofe nacional, de algún tipo de epidemia incontrolable, de un maremoto seguido de explosión nuclear, como en el Japón; de una guerra civil o de una guerra mundial; ella surgió de la cabeza de algunos sabios desocupados en el gobierno y,  por distracción, el sistema resolvió seguir políticas que reducían oferta de dinero para hacernos navegar por vientos de una depresión desnecesaria. Dadas las condiciones de un futuro dificil que ya se dibujaba en el año 2008, no hay duda de que acciones sociales adoptadas en aquel momento eran absolutamente necesarias.


Conservador es aquel que conserva, aquel que quiere  que las cosas continúen como están, pensaba Milton. También son conservadores aquellos que desean un gobierno cada vez más fuerte; algunos conservadores se autonominan liberales, pero son conservadores porque quieren seguir en el camino que venimos trillando. Milton Friedman se identificaba liberal en el verdadero sentido de la palabra, en el sentido que pueda ser traducido como algo pertinente a la libertad; libertad de pensar, libertad de actuar, libertad de cada uno poder cuidarse como le de la gana.  Muchas personas que viven del gobierno probablemente llegaron al poder cargados de buenas intenciones, pero no se puede juzgar a nadie por las buenas intenciones, pues es sabido que el infierno está lleno de buenos propósitos. Muchos programas elaborados para los pobres y necesitados casi siempre muestran resultados totalmente opuestos, muy diferentes de aquello que se esperaba antes de ejecutar el programa. Es aquí cuando se puede ver como una buena razón carente de un buen resultado pierde el sentido para dar lugar a una sentencia condenatoria por parte del supuesto beneficiario. 


Losa sindicatos mayoritarios y las patronales han negociado acuerdo para el empleo y la negociación colectiva. Aquí vemos más una vez la patronal y sindicatos bien intencionados, pero lejos de ellos también existe grupo de interés que los están utilizando como línea de frente. Casi siempre, aseguraba Milton Friedman, delante de un mal acuerdo surge coalición terrible, con los bien intencionados de un lado y los grupos de presión del otro. Los bien intencionados creen que una moderación salarial va ser bueno para los que tienen trabajo y buenos salarios. La flexibilidad se establece para que las empresas, desde la más chica hasta la más grauda,  arreglen sus problemas manteniendo los bien intencionados como interlocutores. El acuerdo insinúa algunas herramientas en manos de los bien intencionados  para generar confianza (no se sabe de quien) y que el “último recurso a la hora de combatir la crisis económica sea despedir a un trabajador”. Generalmente, por la facilidad de aplicar el último recurso, siempre acaba siendo el primero.

El acuerdo bien intencionado no  define, ni mucho menos prevé, el recurso y cuantos por justicia debía haber  antes del despido. Por otro lado, el grupo de interés define parámetros maquillados de buena pinta para que se lo crea la caperucita roja: mejorar la competitividad con el esfuerzo de los trabajadores, mejoría de precios (¿?), reinversión y mayor protección del tejido productivo (¿?). Fue un acuerdo firmado el miércoles de la semana retrasada para defender con mayor holgura, en el viernes que pasó, los interese del grupo de presión.

La experiencia de países que ya han pasado por este proceso desde el último cuarterón de los años setenta muestra que bajo la bandera hondeada para crear empleo se despedían millones de trabajadores especializados. Una pequeña parte era substituida por gente joven, recién formados en universidades, a los que se ofrecían puestos de comando de botones de máquinas automáticas. Hoy los bien intencionados muestran programas para substituir el viejo y frustrado universitario por gente joven con formación básica orientada para ejecutar trabajos específicos. Con estas acciones, los grupos de presión esperan que los resultados sean los mismo y con tendencia a mejorar. En España la tasa de paro entre los jóvenes es mayor que entre los mayores de 30 años. Los acuerdos laborales patrocinados por el Gobierno pretenden invertir esta situación, transfiriendo el drama de los jóvenes para las personas mayores. Naturalmente, el daño que se ocasionará a la sociedad española será mucho más dramático.

Las buenas intenciones, evidentemente, son buenas, sus objetivos son buenos, pero los medios que utilizan para alcanzar los objetivos propuestos acaban siendo desastrosos. Basta con pensar sobre lo que los bien intencionados han hecho de bueno durante los últimos años. Y no hago referencia a ningún partido en particular. Los resultados que ahí están serían los mismos con cualquier gobierno, Los grupos de presión trabajan para reducir el trabajo a su mínima expresión; el paro y pobreza son consecuencia de un simple efecto colateral.

Siguiendo el resultado de las últimas elecciones, el Estado se agiganta en un momento que se necesita su poder para sanar el mal sufrido por los que desean trabajar para poder vivir. Lo que se ve en el cuerpo de ese poderoso gigante es la intención de estimular el capital, maximizándolo a un mínimo de esfuerzo laboral. Y viendo como las cosas siguen, no es absurdo pensar que el mínimo se hará cada vez un mínimo más raquítico, al punto de que nadie tendrá cualquier interés por rescatarlo.

El círculo vicioso del malestar camina a todo vapor y ya produce nostálgicos recuerdos de los tiempos que todo parecía mejor. No hay duda que se produjeron valiosas innovaciones tecnológicas y estas continuarán ocurriendo en ambientes de elevado consumo, son facilidades al alcance de personas privilegiadas por la fuerza de su bastón de mando. La esperanza de que este estado de asimetría humana se altere está en la naturaleza de lo que puede ser privilegio de pocos. Ellos necesitan millones de personas para sostener tanto privilegio. Si la pobreza se agota en situación de extrema pobreza, ella, la pobreza, se hará miserable, y los privilegiados se verán obligados a distribuir miserias, tantas como necesarias fueren para que todo se iguale.

El Estado es una gran empresa que necesita muchas empresas para existir. Las empresas son organizaciones que necesitan el poder social del Estado para controlar la fuerza laboral. Ninguna de las tres clases existe sin existencia de personas. En el mundo animal solo la humanidad ha sido capaz de constituir asociaciones relativamente estables, transmisibles por el tiempo en espacios definidos. Es de suponer, pues, que si extinguimos la fuerza laboral no habrá personas para sostener las empresas. Sin persona, no habrá lo que decir de conservadores, de liberales, sean del lado socialista o del lado capitalista, que a fin de cuentas están todos en el mismo barco que hemos convenciendo llamar Tierra.

 La Tierra es nuestra gran e indisoluble unidad. Paradoxalmente, ella, que es madre de la Humanidad y de todos los animales terrestres, hoy necesita urgentemente los beneficios de una seguridad global. Es la seguridad global que los poderos del capital urbano insisten en menospreciar creyendo que el desprecio los hará más grandes. Este desprecio nace del hecho de que algunas particulares empresas en el ámbito mundial ya son más poderosas que los gobiernos de muchos estados populares. De esta forma, caminando de lo malo para lo mucho peor, nuestro mundo económico pierde fuerza de sustentación. Sin sustentación todo se derrumba y la liberalidad tan defendida por Milton Friedman pierde utilidad en el momento actual.


En una economía capitalista las empresas particulares detienen la misma responsabilidad que tiene el estado capitalista, capitalizar los mayores ingresos posibles a lo largo del tiempo. Lo hacen afirmando que es un beneficio legal para toda la sociedad. ¿Pero puede un único individuo decidir lo que es bueno para la colectividad? Por donde quiera que miremos este istmo filosófico las cuentas no encajan en los programas que se pintan para ofrecernos solución en el infierno que nos hemos metido.

 Ejercer el arte de obligar a la paisanía realizar algo que le produce dolor, históricamente fue un acto dictatorial de príncipes, reyes y emperadores. Actualmente, este arte, en los países democráticos, está reservado a un poder que llaman legislativo; el judiciario es un poder que vigila como ese arte es practicado por los paisanos; el ejecutivo determina cuando, como y contra quien puede ser practicado ese dificil arte de obligar a una enorme mayoría como deben respectar los intereses de una reducida minoría autoritaria.

El pensamiento de Milton es repitente en todas presentaciones publicas en las que su retórica liberal muestra la coherencia dialéctica puntillada en pocos compases filosóficos. No obstante, su teoría liberal no parece haber tenido acogida en los gobiernos que él sirvió como asesor, no  por lo menos en el sentido de haber gobierno en el estilo propuesto por Adam Smith. Parece que sus buenas intenciones a respecto de un gobierno liberal fueron aprovechadas por los grupos de presión para aumentar impuestos y reducir los gastos con servicios públicos. En nombre de la libertad que el gobierno tiene para mandar, ahora, desde el centro político de Bruselas, se promueve el descalabro del bienestar mayoritario en los países deudores.


En la obra Capitalismo y Libertad, escrita en 1962, en plena efervescencia de la guerra fría, destacaba que la amenaza fundamental a la libertad es el poder de coaccionar. Pensamiento acorde con la propaganda que se hacia por aquí de la dictadura del imperio ruso. La eliminación de esa concentración exige dispersión del poder, o dicho por la lengua maquiavélica, para gobernar es necesario dividir. Máxima que parece haber sido incorporado en la constitución de las autonomías española por los bien intencionados de 1978. Los grupos de presión han tardado mucho para iniciar su derrumbe y volver al poder concentrado del imperio carolingio. La libertad social es como una lámina con dos lados muy bien afilados, con responsabilidad o sin ella, con la lámina en la mano el barbero corta por doquiera.

1976 fue año de gran expresión vocacional para mí y para el colega Milton. Para mí ese año concretizaba una vieja ilusión puesta en el conocimiento académico, que me coronaba en el ejercicio de trabajo de planificación y coordinación en una de las mayores corporaciones industriales del globo. Con mi esfuerzo, añadido al de 50 mil otros trabajadores, la empresa vivía su máximo esplendor. Con una vieja idea de coche popular para todos, la participación en el mercado interno de un país continental excedía 60 % y ya amenazaba comer el mercado exportador de la matriz, en Alemania.

A pesar del glamuroso suceso, pude observar  el desmantelamiento de beneficios sociales. Bajo ideas de austeridad se destruía el concepto de que una empresa existía para proporcionar mejor vida a las personas y no lo contrario. En breve, todos los componentes de una magnífica banda musical, formada de trabajadores que tenían la música como hobby principal, eran dimitidos sin cualquier oportunidad de reinserción laboral. A ese grupo, sin aparente interés para el objetivo empresarial, siguió demisión masiva de trabajadores especializados y técnicos de cualquier categoría, gente que como yo amaba el Fusca y todo lo que ese vehículo representaba. Ese monstruo gigante, empresa devoradora de esperanzas, todavía existe; produce mucho más con menos gente y siempre que simula pasarlo mal, la terapia gubernamental viene en auxilio de la empresa, nunca del trabajador emprendedor.

Para terminar este cuento, por mi responsabilidad social digo que está en mi pensamiento la consideración de que Milton Friedman fue economista bien  intencionado, defendió sus ideas con pasión y ardor. Lo mismo se dice de cualquier santo, pero el resultado de la aplicación de sus ideas, antes como ahora, sugiere que los grupos de presión andan a su manera buscando oportunidad contraria a cualquier buena intención. ¿Culparemos Dios por tantos y tan infelices resultados? ¿Seguiremos dando cumplimiento a algo que se nos ofrece para beneficio del legislador y nunca del legislado?

En este mundo  siempre hay algo por lo que merece la pena luchar. Infelizmente y aún por mucho tiempo, el dinero será parte importante de ese algo por lo cual las personas luchan.

 Ora pro nobis, Señor, los parados pedimos que tus espinos no oculten la belleza de tu linda flor.

HISTORIA DE LA AVARIACIA  Duración 1:48:32

viernes, 3 de febrero de 2012

ODISEA DEL FRACASO


30 economistas se reúnen en la Toja para pensar como se puede decidir la puesta en marcha de un comedor que sea capaz de digerir ese enmarañado juguete de administradores públicos. Son más un grupo que se presenta en el escenario para sugerir un nuevo orden, capaz de alterar el orden en vigor.

Lo de oportunidad sacada del bolso de la crisis huele a oportunismo de arrancar provecho de un estado que fue comiendo todo que podía y, ahora, molestado por hediondos olores, desea dar destino a sus heces. Poco se puede hacer en el destino de los residuos, a no ser darles algún valor ofreciéndolo a la industria de reciclaje. Veamos la esencia del discurso que discurre en bajo intestino por el interior del tripeo: fusionar los municipios y eliminar las diputaciones.

La conducta de estas dos organizaciones está regulada por comportamiento de padrones estables, perfectamente adaptados (sin remedio que les diera palo) a la incomprensible  sumisión de las personas que orbitan en el entorno. Es una conducta que ya fue objeto de muchos estudios en el campo de la psicología, sociología y otros muchos logos del conocimiento humano. Dígase, en defensa del particular grupo de los 30, que todas esas artes del dominio personal también forman parte de la estructura que forma el conocimiento económico.

Nada es eterno, ya lo ha dicho nuestro presidente. En el equilibrio dinámico todo es reversible porque reacciones opuestas también saben soplar la misma gaita. Pretendemos con esto alterar el metabolismo histórico transformando lo que parece inactivo en substancia activa. No obstante, me parece prudente proceder al análisis detallado de toda y cualquier propuesta que venga integrar un programa de acción  que obligue a todos, menos los gobernantes, a caminar entre los escollos de esa imprevisible ruta metabólica.

Nuestro sistema de gobierno, aparentemente abierto, ha surgido de un sistema tradicionalmente cerrado. Todos los mecanismos de autorregulación están ajustados,  por sus efectos inhibidores de la homeostática reguladora que todo los hace parecer estable en el correr del tiempo, a la dependencia de un modelo monolítico y reaccionario.

La ilusión de un intervencionismo gubernamental en la vida particular de las personas pierde fuerza cuando el individuo observa que su energía personal desvanece en el despilfarro colectivo. En nuestro pensamiento surge un deseo latente de transformarlo todo para ver si del remeneo surge alguna luz que nos devuelva la fe que el niño tiene por encontrar un mundo mejor.

Uno solo no somos nadie; dos somos pocos: tres tal vez seamos suficientes para resolver los problemas que cada uno tiene. Si el tercero me engaña no me deja duda en saber que también engaña al segundo. Con dos pies el equilibrio es inseguro y el tercero explorador acaba cayendo de narices para replantarnos todos de nuevo.

Hay un exceso de gobiernos y un exceso todavía más irritante de gente gobernando eses gobiernos. En la odisea del fracaso, uno en su aislacionismo numérico se ve obligado a trabajar para un colectivo que parece trabajar únicamente para tirarnos dinero y, lo que me parece infinitamente más absurdo, algunos dentro de ese colectivo ora et labora para arrancarnos el derecho natural de vivir y trabajar por el mérito de nuestro sudor.

miércoles, 1 de febrero de 2012

INTERNETELEACTUAL


El frio que esta semana va quemando los huesos, aquí, en los recunchos de Ourense, transforma usted en un promiscuo intelectual, mi gran amigo conde. Por lo que llevo leído en las ondas del viento que a mis ojos llegan, cabalgando sobre los pies del ágil correo gallego, yo me atrevería a decir que  vostede es un escritor que siente, reflexiona y especula sobre el pensamiento. Eso es ejercicio de un intelectual.

 Hoy, a pesar de la rigidez de la estructura ósea, su a cotio escrito no lo ha dejado por menos. Con su autoridad de viejo marino ve usted judías donde otros no consiguen enxergar calabazas; cuando otros caminan empujados por escuálidos ratos, usted lo hace sobre gruesa montura y, a modos del ingenioso don Sancho, con el callado en una mano y el tizón en la otra, como buen campeador de los moros, apara los vermes que se interponen en el camino  que nos conduce de la quijada a la sien del  rocinante caballero.

De lo que un huno no sabe, ningún godo lleva vergüenza, pero sí lo sabe por el peso de la herradura cuando destruye la hierba. Esto es un saber sentido que puede causarnos rubor. Y ahí uno no puede seguir pensando que por aquí nada pasa, que, evidentemente, mucha cosa pasa en las proclamas del estado que nos explica como todo lo hace por la desgracia del dolor, y, por la gracia que ellos llevan en los morros, nos quieren conservar con el hervor de sus picantes pimientos aspergidos sobre el pico del loro, a quien usted no cita, ¡válgame Dios!, por un contratiempo de la intelectualidad.

Navegando por el brutal mar de fondo de la internectualidad, uno se precave del riesgo dañino que puede haber en ese potente entendimiento cognoscitivo. Cuando le atribuimos poderes de inteligencia, en la realidad estamos ejercitando una especie de prepotencia por el sabor que pueda existir en los meandros del saber.

 Vamos viendo, en la diaria tertulia agitada del polémico conde, como algunos cultivamos la intelectualidad nutriendo la memoria, temperando el sarcasmo, echándole guindas al pavo y palo al asno, sea por ingenua conveniencia del razonamiento que queremos sostener en el tema o por el capricho de la vanidad que nos obliga a mostrar que vivimos sin atenérmonos a las razones que sustentan el polvo de la vida.

Intelectualidad es eso, el buscar cada uno la forma de hablar, o escribir, lo que ese mismo uno quiere decir. Luego, en función de una razón empírica, yo, tú, él (loro); nosotros (plumíferos), vosotros (los bien aplomados), todos sin excepción, por los ojos de Horus, somos potenciales intelectuales de la interneatualidad.  Ough, o dixen!

lunes, 30 de enero de 2012

CARA A CARA

Sin cataratas

Bajo el frio cruel de esta mañana y con la cara hundida entre los cobertores, preguntaba mi amigo Alfredo  sobre los intereses… ¿de la moneda?

No.

¿Del cambio?

 También no.

¡Uff!, el frio congela mis neuronas y la atención no consigue fijar en la memoria la  pregunta que acaba de hacer mi amigo Conde.  

Me resisto a seguir los consejos del sistema que recomienda pedir auxilio a mis ojos para que vuelva a leer lo que escribe el conde. ¡Que no, que no y que no! Puede caer un chaparrón encima de las calles de Corcubión que yo no me muevo de este sillón. Si la memoria no me es fiel, ¿porque yo debería recorrer a los ojos que tanto interés tienen en mostrar la cara? Será por alguna razón, ¿verdad? Ah, sí, ahora me acuerdo, a esa razón usted llama interés de la corona.

Revirando los documentos de mis ancestrales veo uno que dice, do rego pro crego.

No, el documento es algo viejo y la visión de las letras que componen tan noble motto no me ofrece seguridad suficiente a la interpretación que merece. Mi esposa, esa cadena que amarra mi cuerpo a un cepo clavado en suelo tropical, sugiere que cambie las lentes, pero yo sé que no hay problema  con el cristalino. Yo vivo en el interior de una catarata siniestra y la nube que entre ella se interpone acaba dominando el ojo diestro. No por eso dejo de oír el corujo que llega en mi auxilio para explicar que existe un pro rege et lege en el blasón de la ciudad de Leeds desde su concepción en el año 1662.

Me ha parecido bastante curioso y por esa curiosidad que el olvido despierta lo asomo a mi ventana para exhibirlo en la red. Observen el equilibrio estable de dos corujas, cada una con un pie, ora derecho, ora izquierdo, apoyado sobre el lema, y el otro, ora izquierdo, ora derecho sujetando el símbolo que encarcela un cordero, anillado, colgado y coronado por el sobrero de copa alta de una vulgar chistera.

El interés de los generales es la corona. Puede ser napoleón o caudillo, pelayo, o fanfarrón imitando el séptimo de un Fernando caballero, pero su interés será siempre la corona. Mírela por donde quiera, por la cara  o por atrás, lanzada al aire siempre se acuesta por una de sus dos maneras, ambas con probabilidad matemática de 50%. Si por un azar de la naturaleza estadística la mona cae de pie, la generalidad la hará rodar hasta que demuestre  su verdadera cara, que es la de vivir laureado con una metálica corona, sin cataratas.