miércoles, 30 de mayo de 2012
CHOVENDO NO MOLLADO
lunes, 28 de mayo de 2012
LUME AO FOGO
lunes, 21 de mayo de 2012
FILIGRANA PRESUPUESTARIA
domingo, 13 de febrero de 2011
AUTORIDAD AUSTERA
SILABANDO CONSEJO
lunes, 31 de enero de 2011
EL ABORTO
viernes, 21 de enero de 2011
EGOTISMO
sábado, 2 de octubre de 2010
Y YO RECUSO
domingo, 19 de septiembre de 2010
NO BOSQUE DA LOUCURA
sábado, 1 de mayo de 2010
TARJETA-DOLOR
viernes, 26 de marzo de 2010
TRAPALLADAS
jueves, 21 de enero de 2010
CUESTIÓN DE PRINCIPIO
lunes, 11 de enero de 2010
LENGUA, EMPLEO
domingo, 3 de enero de 2010
TOROS DE LA MESETA
jueves, 24 de diciembre de 2009
REMITENTE POR ENGAÑO
viernes, 27 de noviembre de 2009
TOURIÑAN, CANTEIRO DA VIDA
martes, 20 de octubre de 2009
ABORTO DEL BILINGUISMO
Aborto del bilingüismo
Mi muy señor mío, muchos son los asesores que asesoran vuestra señoría y de tal modo, este vuestro gratuito consejero, a quien no le falta gallada de cabra macho ni vuela con pena de urubú, se las come verde para tergiversar en los elementos que sostienen vuestra serena majestad en el poder de la siempre eterna Galicia.
Son conocidas mis ideas a respecto de dos lenguas habladas en el seno de una pequeña comunidad. Si corremos hacia los orígenes prehistóricos de nuestra civilización, podemos observar, con mucha tristeza, la angustia de una familia viendo un hijo, perfectamente uniformizado, hablando una lengua que, por las características adventicias de su sonoridad e incomprensión del significado, atemoriza otro hijo que huye pavorido no de su hermano y sí del simbolismo agresivo de dos elementos combinados: el uniforme con sus correspondiente pertrechos de guerra y un ronco extraño en la voz, íntimamente asociado con el peligro que representa.
Ese debía ser el sentimiento de los visigodos de la meseta cuando se encontraron con la cultura moderadamente invasiva de los suevos del noroeste celtíbero. Un sentimiento extremamente perturbador, si lo analizamos al amparo de la monótona y desprotegida geografía del altiplano ibérico. Se desbocaba el latinismo romano a favor del empirismo fonético del sabio gallego, encontrando, en las corredoiras de regos trazados por la lluvia y el paso trashumante del bárbaro peregrino, la fe ciega por existencia de un paraíso, donde descansaba el sol en remansos de la fértil lluvia, formando el caudaloso mare nostrum tan admirado por griegos fenicios y romanos.
Política y cultura, mi señor, son conceptos mal adecuados a andanzas de manos dadas. Frecuentemente, puestas al lado una de la otra, se miran de reojo, de cabeza inclinada, en mutua sumisión de derechos y obligaciones, disputan falsa harmonía por la discordia heredada de Iris, las mentiras de pseudologos, las ambigüedades antilógicas, la disfonía corporativista a marcar graves problemas para la convivencia patricia.. und so weiter.
En Madrid, curas y políticos se han unido en majestoso abrazo para negar cura al martirio de una gravedad indeseada. Dicen que hay que preservar el derecho a la vida de quien no ha nacido en el sentimiento de su pobre madre. Son los mismos que nunca se interesaron por las vidas que claman justicia ante el azar del desempleo; los mismos que te arrancan el pez, rotan las espinas y te acusan de perezoso, porque no trabajas, y perdulario porque no contribuyes voluntariamente con lo que te imponen.
En Santiago, una estrella roja y solitaria se imputa sobre la lengua azul que nos atraviesa como hipotenusa en clara oposición al blanco rectángulo de la paz. Veo, mi señor, el simbolismo de una fraterna disputa, arbolada por sofismas que sostienen lo imposible de una falsa causa, a sostener los músculos milongueros de dos lenguas, sonadas en compas de dos por cuatro, en bocas alimentadas por un único idioma.
Señor, mi consejo de gurú inveterado es que vostede no se preocupe en demasía por los ruidos de la calle. Ellos, en su capacidad sonora, impresionan nuestro oídos, es verdad, pero no menos verdad es que el murmullo en los estadios, exordio del ánimo partidario, expresa, sin más causa que el natural regocijo de las partes, el deseo de haber participado en el brillo fulgurante de un singular juego, en un particular día dedicado a la supremacía de la vanidad, en grado mucho más elevado que al aborto y bilingüismo nacional.
lunes, 7 de septiembre de 2009
MANIFIESTO CALLEJERO
MANIFIESTO CALLEJERO
Mi muy señor mío: Decía usted, el cinco de setiembre del año en que usted gobierna por primera vez Galicia, que su jefe, el gobernador de España, sigue una política económica improvisada, con visión de corto plazo, y que somos nosotros, los ciudadanos, quien al final pagamos las malas cuentas del Gobierno.
En el año 2007 había indicios de una crisis profunda que yo había identificado en el año 2003, cuando a mí negaban reconocer los títulos y certificados profesionales que yo exhibía a autoridades laborales para justificar mi demanda por empleo en la gloriosa España de Aznar y en la siempre eterna Galicia de Fraga. Todo mi esfuerzo fue negado hasta la saciedad y suciedad del grupo político local, que usted, un lustro después, pretende resucitar con sabrosa lupanda en los altos montes de San Pedro.
Todo indica, mi señor, que a vostede le va dar mucho trabajo el esfuerzo por conseguir creto de la gran mayoría de gallegos, pues si de aquella ya éramos un absurdo de desempleados, que dirán hoy esos doscientos mil gallegos ansiosos por que no les caiga la desgracia del abono que pagará el empleo perdido y, a la vez, deseosos de no dilapidar tal ayuda si la desgracia del desempleo masivo perdura.
Señoría, nos preocupa lo que a usted preocupa en el inicio de su reinado: ¿que será de nosotros, los otros gallegos que no integramos el honor presidencial, cuando usted destine los 420 euros del señor Zapatero a las obras de la faraónica casa de cultura? Sí, pues creemos que usted dispone creto suficiente para insuflar el orgullo gallego y negar la malandrín ayuda ofrecida por gobiernos descompromisados con el bienestar de la cuarta ola de Alvin Toffler.
Sugiere vuestra señoría no perder tiempo con el choque entre futuro y presente, denunciado a los cuatro vientos tras la caída de los hermanos Lema (Lehman Brothers), hace exactamente un año (15 setiembre de 1908)
Tenemos 18,5 % de la población en paro forzado. Significa que, a seis meses del nuevo gobierno, Galicia continúa en abisal caída, sin que desde el poder autonómico se vislumbre suelo sólido, ni siquiera a longo plazo.
Si Galicia espera por ábregos vientos, empurrando cuotas masivas de confianza, los doscientos mil sin empleo estarán perdidos. Si Galicia espera plantar las medidas conocidas de la ortodoxia capitalista, los doscientos mil desempleados servirán de abono. Si Galicia espera subir al palco de las decisiones políticas ancladas en la retórica del progreso y prosperidad, Galicia se verá vendida a un grupo de empresarios expertos y bien plantados.
Si de la espera el cuerpo desvanece, si del desespero el gobierno no anda o ahoga, agobiado por la critica a intereses que debería defender con firme desenvoltura y modestia delante de injusto paro, si se dedica a solventar gallinas de ojos azules y jugar con la lengua en escuelas infantiles, olvidándose que el parado por falta de empleo necesita comer y vestir en el duro invierno de la peste porcina, que se avecina, no solo los parados se verán en apuros, pues en apuros estaremos todos que componemos el listado gallego, aunque algunos sean gobierno y los otros sean el resto. Con todo respecto lo digo, mi señor: resto de gallegos forzados al paro, en el que se incluye este vuestro consejero con su modesto y callejero manifiesto.
martes, 21 de julio de 2009
GUERRA BACTERIOLÓGICA
Mi muy querido y amado señor. Duele mi alma que usted salga en los periódicos chuleándose de posible reyerta contra el señor Moncloa si éste no cumple con los términos de chantaje hecho a su señoría y no a Galicia, puesto que lo que Galicia sabe es lo que se conoce por el documento ofrecido a todos los españoles, escrito en perfecto español.
No quiero creer que usted ha vendido su democrática discordancia por apenas un puñado de euros (21 por gallego), promesa hecha por no se sabe quien (usted no lo dice) del Ministerio de Economía. Sesenta y cuatro millones son poquita cosa más que las cuarenta monedas de la tradición bíblica. No vale la pena organizar un ejército y buscar en Madrid nuestra gloriosa Helena y traerla a Galicia para encerrarla en el hórreo del pazo jacobino.
Señor, no hay duda que lo que a usted supone no necesariamente supone a todos los gallegos, entre ellos este vuestro humilde consejero. “Si me apoyas te doy dinero y si no estoy de acuerdo te lo quito”. ¿El apoyo o el dinero? Vale, es una frase para registro en la eternidad. Me recuerda aquella otra: ni quito ni pongo tren pero para comer quiero la mejor ave del mundo, o esta otra de mi autoría: Señor, yo quise ayudarle pero usted lo ha impedido al arrojarme en la boca de la emigración.
Señoría, vostede y yo sabemos que las ciencias del derecho y economía no se bican amablemente como lo hacen mis dos pajaritos, tan graciosos en su alma bondosa de traerme alegría a mis años jubilosos. No necesitaba usted ir a la tierra andaluza del jienense Montoro para tratar de la economía gallega. En Galicia hay gallegos que conocen las artes de la ciencia económica. En su plantilla, usted dispone de algunos. En calidad de gestor, llámelos a su oficina y encárguelos con el diseño de una propuesta financiera capaz de superar la calidad de la propuesta de nuestra Helena Salgado. Si el economista gallego no es feliz por falta de genio, cabrá a usted - lo digo con todo mi respecto - la virtud de no constituirse en bisagra ruidosa del portal autonómico.
Señoría, no apueste en el año 2012. Preocúpese con lo que viene este otoño, puesto que las baterías de la gripe porcina están afinadas y sus bacterias encabezadas por virus bien entropados amenazan colapsar las defensas del viejo gallego. Un ghallego a menos es un paso marcha atrás, señoría. Andando hacia el revés, cuando llegue su tiempo no habrá viejos en Galicia.
miércoles, 8 de julio de 2009
MI QUIÑON
Señor, hoy, a vista de un precioso artículo sobre la financiación gallega, embruja mi alma un extraño sentimiento cuyo nombre prefiero ignorar. Ya en 1999, antes de mi fastidioso regreso a la patria de Rosalía, Madrid ofrecía a cada gallego cerca de 3 mil euros, valor monetario regido por Zeus en el Olimpo, Bin Laden en Afganistán, Busch en el Capitolio, Aznar en la Moncloa y mi querido y amado viejo Fraga en San Caetano.
Creo entender el gran esfuerzo realizado por las autoridades de entonces para que desde el exterior regresasen, en caravanas de retornados, los gallegos emigrados. En el caso que a mi concierne, las dichas autoridades no necesitaron perder un gramo de sudor en la conquista de vocaciones que, como la mía, eran firmes y resolutas en el deseo de regresar a Galicia.
Algunos cebos puestos para ilusionar mi repatriación ya mostraban el interés mezquino de la capitalidad mal intencionada con la menguante economía del gallego errante. Uno de los cebos era la propia constitución de un utópico país llamado España. Por esta magna carta, todo español (sí, español y no gallego – en aquel momento yo no entendía la diferencia) era albergue de un derecho al trabajo, de un derecho a un hogar y un deber de recta moral por contribución al ejercicio de los derechos otorgados por la pluma del legislador. Así, pues, entendí que seria mi contribución pagar el Ave ión de Iberia, en contrapartida de su gran esfuerzo en conducirme sano y salvo a mi gloriosa patria. El Gobierno, a través de su consulado paulino, intermediaba financiación de 70 % del coste aéreo São Paulo-Madrid. Fue un justo precio a pagar por el regreso a España: 700 dólares, ya incluido los 70% de subvención. Un precio irrisorio si comparado con los menos de 500 dólares que una compañía portuguesa (TAP) me cobró para devolverme al Brasil, a mí y a mi brasileña esposa.
En Madrid, las autoridades, muy atentas en dar satisfacción a mis necesidades de español retornado, me encaminaron a las autoridades gallegas, para que ellas procediesen a los trámites de reconocimiento de mi condición de gallego en conformidad con el estatuto que regía mi autonomía personal y privada. En clima de extrema petulancia, arrogancia lingüística, desprecio a las diferencias entre culturas internacionales, en atmósfera de olores pútridos, juego de zancadillas y políticas traicioneras, con mucho rigor me ofrecieron limosna de 70 % de un sueldo mínimamente mínimo e insuficiente para cubrir el coste de un derecho a dormir bajo un techo al pie de una aldea de mi añorado pueblo.
Señor, cuando sus asesores economistas hacen las cuentas sobre el total que el gallego per cápita deberá recibir de Madrid, estoy cierto de que, si son competentes, incluyen en los listones de censados a mis hijos y también a este su gran admirador. Admirador y cadáver insepulto, de gotosas rodillas que lo impiden de caminar por el charco atlántico y conducir de la mano mi celestial voto. Voto de un genio genial para gloria de Galicia y, ahora también, de Castilla y León.
Señor, no me considere usted un fanático de los derechos democráticos, pues diferentemente de mi amigo y conde Alfredo, soy fanáticamente antifanático, y por ello cubro mi rostro con el antifaz de un pseudónimo patrio, atrio del riego que conduce por su lengua el sable que desea combatir los torquemada de la moderna inquisición, y hago por hecho que vuestra señoría ponga a débito de mi cuenta social los 3 mil euros anuales, que usted recibe de Madrid, como parte de mi quiñón, a título de mi calidad de niño que nunca ha recibido un tostón de España y, ahora, por cuenta del viejo que vive disperso en la emigración..