Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de agosto de 2015

DULCES SUEÑOS

Estamos en agosto de 1961. Es domingo, un día caliente y seco. Estamos en invierno, para mí es el segundo invierno en un mismo año. El clima se parece bastante con el clima de las rías altas y bajas de Galicia en el verano, pero sin la humedad típica gallega. Hoy es un día agradablemente seco. Estoy albergado en una pensión italiana, en la rua Dr. Almeida Lima, en el Bras, un barrio tradicional  de origen italiano. Me han ofrecido un pequeño dormitorio en el que hace algún tiempo vive un emigrante romano. El espacio es pequeño, caben apenas dos camas con un corredor en el medio y un minúsculo guardarropa  en el que acomodamos nuestras modestas ropas. No tiene ventana, la ventilación es por la puerta que se abre a un estrecho pasillo,  que se comunica con las otras divisiones del térreo, entre ellas: el comedor, la cocina, el dormitorio de los dueños y su hija y un pequeño cuarto de baño con ducha.  En la planta alta hay tres o cuatro dormitorios, cada uno con cuatro o hasta seis camas, todos ocupados por emigrantes europeos. Mi colega orensano, Alfonso Leira Gira, vive en uno de esos dormitorios con otros cinco emigrantes, todos italianos.

Alfonso, mi buen amigo samaritano, ha conseguido trabajo  en una rectificadora de motor de coche en el barrio del Buen Retiro. Trabaja de noche y, a los domingos, hace horas extras de día, de modo que mal nos vemos ya hace más de dos meses.

El romano es artesano de joyas formado en Roma, tiene más de treinta años  y trabaja en una famosa joyería, en una avenida céntrica de São Paulo. Es un hombre muy educado, extremamente serio, un poco agobiado por los recuerdos de la guerra. Hoy se levantó muy temprano y me dijo que iba comer en el centro de la ciudad y volvería a la noche, tal vez muy tarde.

Yo voy en el tercer mes de trabajo. Luego pasaré  el periodo experimental y me convertiré en un trabajador estable, con todos los derechos previstos en la Consolidación de la Leyes del Trabajo del Brasil desde el año de su promulgación en 1943. Mi sueldo pasa de los 22.000 cruceiros, es suficiente para devolver a mis padres  las 10.125 pesetas del pasaje y las otras cinco mil que puso en mi bolsillo para poder vivir los primeros tres meses (este dinero acabó en menos de dos meses). Aún me sobra bastante para comprar ropa, comer, alguna modesta diversión en bailes domingueros y el soñado ahorro para volver a España y tocar mi vida con quien creía que sería mi compañera por el resto de mi existencia.

Fui contratado por una fábrica de origen sueco, especializada en fundición de acero y mecánica pesada de alta precisión. Éramos aproximadamente mil empleados, distribuidos en tres divisiones: Proyecto, Fundición y Mecánica Pesada de Precisión. Fui examinado por el ingeniero jefe Lincoln Palaya y, después de aprobado, me colocaron a las órdenes de un señor portugués, el señor José, jefe de la oficina mecánica.  El título profesional que me dieron era pomposo y me dejaba orgulloso, algo vanidoso junto a mis amigos de pensión. A sus ojos, la diferencia de mi sueldo con el de ellos los dejaba algo inferiorizados;  algunos eran pintores de arte abstracta que no conseguían ganar un duro tirado de sus ingeniosos cuadros. El contrato con la empresa Acero Paulista registraba las obligaciones y responsabilidades del Inspector de Control de Calidad, en su equivalente  español, algo parecido con Aparejador o Perito Industrial. Yo debía comprobar correspondencia de las piezas con las determinaciones del diseño, con la responsabilidad de aprobarlas o reprobar las en consecuencia de su calidad o desvío de la tolerancia prevista en el proyecto. En estos dos meses y medio que ocupo el cargo me siento seguro y tengo el respecto de mis jefes y compañeros, ajustadores, matriceros, torneros, mandriladores, afiladores de herramientas, todos especialistas en fabricación de ejes, balancines, trituradores de piedra, máquinas  de alto coste y fabricadas bajo encomienda.

Hoy es domingo, 13 de Agosto de 1961, son las cinco de la tarde, en pocos minutos se hará noche. Sé que todo el pueblo ya está en fiestas organizadas por mi padre. Pienso en mi madre, pienso en mi hermana que va cumplir los diecisiete años, ella tendrá que sustituirme en las labores de la panadería.  Pienso en mis dos hermanos menores, Daniel y Fernando. Pienso en todo que he dejado para atrás, pienso en mi novia, pienso en mis amigos, pienso en mi futuro y… lloro. Lloro a los borbotones, con sollozo incontenido; el pecho me aprieta, la boca se me seca y los labios se inundan con lágrimas. Descanso en la cama que pertenece a mi amigo Alfonso, en todas las demás descansan cinco emigrantes que cuentan unos a los otros sus problemas y dificultades para construir futuro en el Brasil. Siento vergüenza, cubro mi cabeza con la almohada  pretendiendo ahogar mi lamento. Nada se mueve, escucho un silencio ensordecedor. Nadie habla, todos comprenden y respectan mi sufrimiento; sufren también, son emigrantes como yo.
Allá, al otro lado del atlántico,  ondeada por ligera brisa del mar, suenan alegres melodías  que se repiten al viento por el eco gracioso del monte del Son. La música me consuela, respiro fondo y recupero mis fuerzas; la vida continua y mañana será otro día. Muchos otros  pasarán y deberé ser fuerte, templado por la esperanza de volver al lar donde crecí y allí vivir hasta morir rodeado de dulces recuerdos.

jueves, 23 de julio de 2015

ME FOXEN OS VENTOS

Hoy me siento algo más contento que ayer. Tenemos temperatura de invierno rozando los 15 Celsius y con nubes procedentes de la llanera pampa gaucha. Soy feliz y tengo muchos motivos para ser feliz en esta quimera de vivir en el fértil valle de colérica locura.

Hoy es un día típico de los días de mis afortunados infortunios. Sin extrapolar lo que pueda ocurrir mañana, alabo la memoria por la virtud de recordar lo que fue ayer y poder expresar lo que ya fue una parte del hoy, que dicen que es presente, pero que yo lo entiendo como un pretérito sentido partiendo del instante para huir frenéticamente del futuro acondicionado por la aspereza del tiempo.
De que me quejo cuando veo que mis ojos no lloran? Será la fatiga que cansa el musculo la razón para que no brote gotas en el manantial de la ternura? Y de que se quejan las lágrimas escondidas atrás del parpadeo que de lejos van marcando mi retorno?


Vivo sentado a la diestra de lo que puede ser siniestro. Eso me preocupa, pues razón no tengo para distinguir cual de los dos lados uno es más o menos virtuoso que el otro. Por el tabloide, que responde a la tenue presión de la yema de los dedos, me llegan noticias del lugar que yo quiera recibirlas, sea del cielo, del infierno o del purgatorio tan bien descritos por el señor Alighieri en su divina comedia. La BBC pone a mis cuidados lo que ella cree que hace sentido a mis oídos. Por el correo me entero de la opinión de los otros y discurro a mi manera por la propia mía. La voz me respeta y deja ver lo que en la villa pasa, entrepuertas abiertas, con sabor de cocido exhalando sabores de coles, lechugas y tortilla a la moda gallega.

Hoy soy feliz. Un poco más que ayer. Mañana tal vez será mejor. Si lo es, daré gracias. Si no lo es, adiós diré para que sepáis que sigo el camino del viacrucis marcado en el certificado de validad temporal.

sábado, 9 de noviembre de 2013

OUTEIRO DE UN SOÑO

E o tempo pasou... Tempo demasiado pra me decatar que nen todos os soños nesta vida son posibles. Moitas promesas ao carón do espello son borralla que, coma aguillóns de vespa voadoira, feren a alma que manten vivos os recordos, prolongando a agonia da morriña. Galicia está moito lonxe e, ao mesmo tempo, preto de mais. Os regatos son as lágrimas dos meus ollos, a ortiña que quero tanto fai pulsar o músculo quedo no meu peito; praias, prados, rios e arboredas, paxariños piadores na rua do meu contento. Adiós, adiós... Dígoche este adiós murmurando, moitas leguas mar afora, dende a Terra da Santa Cruz. Adiós, adiós, campaiñas da vila!, tuas baladas eran chovisco de alegria, teu silencio agora remansa a angustia do neno vello que quer voar, entrementes, perdido ao vento e fatigado coma a golondrina, a seu niño xamais retornará.


jueves, 13 de diciembre de 2012

Sombra negra



Fai meses que ando pela obscuridade da vida.

Já não sei se caminho morto ou transpiro vivo pelo lastro que puxeran na cova da minha existência.

O buraco é moito fundo. Non as vexo, entrementes as sinto: moitas miñocas perfuran a terra para oferecerme a sensação de que, ao senti-las, eu poida afirmar, com a inteligência de um antigo orador, de que, habendo cheiro, um está vivo. A morte é um estagio posterior no qual neñun sentidiño se activa, porque o fedor, ao perder a alma, tambén perde a capacidade de estimular as narices de calquer semellante a fuciñar os meadros  em trevas, rumbo da rumba final, que todos, sem excepción, aberemos de tocar em algum momento da existencia.

Hubo un principio em el que todo era infome e vacio. As trebas cubrían o abismo. Un vento morno ondeaba as augas do océano. Ahí apareceu Nonseiquem para ordenar:  Leven luz aos oios do neno. E o neno pasou a ver como as trevas desvanecian. E o galeguiño vio que ver era coisa boa, e pasou a gostar de tudo que via.

Facendo vista buena a todo que veia, o neno pasou a ver de dia o que outros non vian na noite, e durante a noite soñaba como haberia de ser o outro dia. Por esta arte do sentidiño formal da visión, o neno foi aprendendo, e crecendo. Em terra firme creia saber navegar. Em augas turbulentas creia saber cavalgar a rienda solta. Prantou vegetales que daban semilla para a gloria da reprodución, millo para ser moido nas muelas das escavanas e, a seguir, na quentura de um forno, se transformaba em um delicioso pan de broa que podia ser comido cando a fame apertaba o bucho em desaroio.

El niño vio que todo ló que hacia era bueno. Y así fue pasando el primer día de su niñez. Después llegó el segundo día en el que se creía un mancebo y, sin percibirlo, pero registrando por sus ojos todo lo que a su alrededor pasaba, fue pasando toda la juventud en perfecta asociación con los demás sentidos. Ningún otro sentido se mostraba celoso o resentido con el duplo sentido de la visión, este tenía el don  de un ángulo recto por la izquierda y un otro tanto, todavía más recto,  por la derecha; ambos contribuían, sin ninguna imposición del órgano central, a mantenerme en la paz  de un fértil y plácido llano. Y así, viendo como era bueno, me fui sosteniendo en el espacio vigilado por muchos otros ojos, de muchos colores y razas que habitaron mi entorno.

Era para mí la vida entera,
Como un sol de primavera,
Mi esperanza y mi pasión.
Sabía que en el mundo no cabía
Toda la humilde alegría
De mi pobre corazón.
Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
Las ilusiones pasadcas
Ya no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
El tiempo viejo que lloro
Y que nunca volverá…


Decía yo, al principio de estas bien trazadas líneas, que voy caminando por la obscuridad de la vida. Hace meses penetré en el interior de lo que a mi parecía un corto túnel. Entré en él ligeramente entubado por una pequeña picada en el dorso de la mano izquierda, por allí se había de introducir un anestésico para una operación militarmente indolora. Pero como jadea la cierva, tras las corrientes de agua, así jadeó mi vista en pos de la luz. Y el humor vítreo, deseoso de cantar alegría, se precipitó con un grito de dolor para alertar todos los demás sentidos de la introducción de un elemento extraño, antes ignorado por la izquierda y siempre indeseado por la derecha. Yo vi, resucitado de la anestesia, como cortaban el cristalino del ojo izquierdo y se acomodaba el derecho para que no lo cortasen también. Como una picada de alacrán, el punzón introdujo su cuerno en la córnea, damnificando su capacidad de refracción. Al día siguiente, cuando retiraron las vendas del ojo izquierdo, la sensibilidad inervada mostraba el vuelo de asas de cucaracha. El humor se hizo gélido, afectado por la acuidad de la lágrima y colirios receptados para proporcionar el retorno de la cultura, antes muy bien iluminada por el foco del monitor y siempre alimentado por la caja de cultura universal, que se alberga en el interior de una insignificante máquina digital.

Hoy vi una luz. Ávido por interpretarla, desde el estado central ordeno al pelotón de diez dígitos para que marchen por la llanura del tinglado digital. Les pido para que salten bajo el comando bipolar de los ojos de mi cara. A la córnea exijo total transparencia para que permita el retorno de la luz. Me obedece sin hesitación, pero el iris y el cristalino son afectados por exceso de luminosidad y el nuevo iluminismo entorpece la visión de todo lo que el estado central  desea ver. Consulto mi asesor cirujano, y este, desde su ministerio médico, recomienda el goteo de suspensión oftálmica, un agente antidisturbios con porreta cortecosteroide. Ha funcionado desde la primera dosis como un corta dolor. Pero como la transparencia cristalina del nuevo ojo es absoluta, el exceso de iluminismo provoca algún descontrol en el chip del iris y una borrasca aparece para obscurecer la tocha que vi clareando el túnel, y a mi parecer, por capricho de mi voluntad, siempre adherente al buen optimismo, creía entender que un poco más adelante estaba el fin del agujero negro y, finalmente, el autonomismo de la función ojeadora sería recuperada para el bien general del cuerpo total. Infelizmente todo se extravía, cada cual en su carrera, como caballo desbocado en faena de guerra.  Mis ojos se cerraron y el mundo sigue rodando. Se apagan los ecos de mis recuerdos y brilla una luz celestial. Es dulce, piadosa, me hunde en el quebranto. Lágrimas borradas se niegan a brotar, no dejan ni el consuelo de poder llorar.

“Por que sus alas tan cruel quemó la vida!
Por que esa mueca siniestra de la muerte...
Quiero abrigarme y poco puede mi suerte,
Como me duele y se ahonda mi herida.”
Yo se que ahora vendrán cosas extrañas
Como sombras de tormento.
La vida es mentira, negro es mi lamento.”

lunes, 16 de enero de 2012

SILENCIO


Cuando tomé conocimiento del número de habitantes que tenia España, éramos 33 millones de españoles. De aquellos, más de 26 millones ya emigraron al desconocido mundo de una vida mejor, donde el cambio de los años ocurre sin ningún sobresalto, sin odio, sin dolor, sin muerte. 

Ayer, un indomable gallego con mezcla de sangre vasco tuvo la osadía de abandonar el palco de esta traidora existencia. Marchó con su bastón y paraguas en el tren de las 10:30 pm. Su camino fue el de la emigración al infinito. Entró en el tren que él bien conocía por haberlo andado repetidas veces, pero, ayer, un ligero viento del nordeste, húmedo y frio, inundó su pecho y lo hizo subir. Y fue subiendo sin rechistar, cosa extraña para un gallego que tanto supo amar a Galicia.

Dicen que murió Manuel Fraga Iribarne, pero yo bien se que no. Vive en una colosal nube donde me espera para guiar mis pasos cuando la luz del sol deje de iluminar mis sentidos.

Hasta luego don Manuel, lo digo con el más sincero respecto de un gallego que vive en la emigración.

jueves, 22 de diciembre de 2011

BO NADAL

Bom Natal, Feliz Navidad.

Entramos en el verano. Llevo 71 años entrando en el verano, un año más que las entradas que he hecho en el invierno, cosas de la relatividad estacional.

Ayer, la última puesta del sol, en más un otoño que se fue, estaba radiante de roja belleza. Mucho calor, cielo azul, aire muy seco, extrañamente limpio y con buen olor. Hace algunos años que yo registro el punto exacto por donde el sol del último día de otoño se esconde. Lo hace atrás de un edificio que se destaca en la línea de un gran bosque que antecede el aeropuerto del santo San Pablo. El viento soplaba del norte, y hacia el norte se levantaban los aviones para, a seguir, dar la vuelta y, volando por encima de mi cabeza, determinar finalmente su rombo al este.

Ayer fue el mayor día del año, para desgracia de la menor noche de este año infeliz. El verano es muy temperamental, su humor fluctúa entre el sol tórrido y cielos nublados con intenso sudor.

Vuelvo al jardín con la certeza que allí podré llorar, pues me dicen las rosas, por el perfume que exhalan, que mis ojos ya no hablan tanto de ti. Quien sabe  no son los tristes sueños al rubor de unas cataratas lo que me hace sentir así. Al aire extiendo la mano y una suave brisa la acaricia, pero los árboles están quietos con sus hojas inmovilizadas por la ilusión que perdí.

El verano es eterno, lo se. Pero su luz se ofusca en el reflejo de mi semblante y el espejo me dice que deberé renunciar a su brillo intenso y al encanto de su belleza, que es eterna y jamás morirá. Yo se que un día habrá de volver para explicarnos a los dos el por que habiendo sido felices nos ha dado la desdicha de vivir separados.

A todos mis amigos del mundo deseo un especial y particular Nadal.

De este difuso deseo extraigo la mejor y también la más  concentrada nata para brindarla a los grandes amores de mi madre, mis hermanos y mis hijos, a quienes en este momento recuerdo con el vanidoso orgullo de formar parte indisoluble de la historia de sus vidas.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Manuela Insua Dominguez

Hoy me siento un poco más triste que de costumbre. Manuela Insua Dominguez era una señora encantadora. Me acuerdo de ella desde el primer momento que subí las escaleras de la Puerta del Sol carreando un caldero de agua. Al ver mi esfuerzo, quiso ayudarme dividiendo el peso. Delante de mi recusa, con un sonriso de complacencia la recuerdo  comentar con otras señoras que retiraban agua de la fuente del crucero: “Este niño parece un hombriño de tan esforzado que es”.

Estoy seguro que sus hijos, amigos míos de infancia, a quien expreso mis más sinceras condolencias, sentirán mucha falta de ella. Mi alma estará presente, junto con vosotros, en la ceremonia del acto funeral.

Ramón Araujo Rego

sábado, 25 de diciembre de 2010

FELIZ NADAL

Desear un feliz nadal este año me parece la misma cosa que desear un feliz vuelo a quien se ve arrojado por el despeñadero. No fue un año para felicitar mucha cosa, además del equipo nacional en internacional contienda. Muchos hogares ya no tienen ni el calor que el niño tuvo en el cocho de Belén hace dos mil y diez años. Esto es malo, porque significa que para ellos el mundo no ha evolucionado absolutamente nada. ¿A donde fue parar el producto de nuestro esfuerzo, las horas perdidas en el estudio, en el trabajo laboral de toda una vida de millones de individuos, trabajadores por una causa común?
No podemos llamar bienaventurados a los parados contra su voluntad, pues de ellos se nutre el fuego del infierno. Ellos son una prioridad insoslayable y el Gobierno de España y su Rey no pueden dejarlos al arbitrio de la mala suerte. No les pidamos que mejoren en educación, pues la tienen (la tenemos) para dar y vender; no nos pidan para mejorar en productividad y competitividad, pues ya lo pidieron y, respondiendo con productividad y competencia, eliminamos trabajo del proceso productivo y nos mandaron exhibir por las calles el gran premio de la desocupación.
Las reformas necesarias para acumular riqueza y mantener nuestros cuerpos en el pelotón de cabeza no crearán empleo, y sin empleo la protección social desvanece en falsos compromisos de cohesión partidaria. Si disponíamos de las condiciones e  instrumentos para salir de la crisis, ¿qué condiciones e instrumentos son esos que nos han dejado caer en ella?
¿Que valor podemos dar al orgullo de la pluralidad y diversidad de todos esos millones de desempleados y su dependientes necesarios? Coaccionados por el deber impositivo de mantenerse parado, ¿como pueden ser esas personas laboriosas y creativas en el esplendor de su juventud si las empresas punteras por orden de la automatización reniegan su trabajo? 
Si queremos cuidar el futuro, debemos cuidar primero el presente y mirar a nuestro alrededor como estamos. Sin la visión de un pequeño paso jamás haremos una gran caminada. Y esto, como lo afirma mi Rey, ha puesto de relieve lo evidente, pues lo que daña a una parte del cuerpo, daña el ser entero. Y esto es verdad, aunque algunos se crean enteros por una justa mitad.
De cualquier modo, la natividad es siempre una data que simboliza el momento en que vimos la luz por vez primera. Si hasta aquí hemos llegado y somos jóvenes, alguna cosa debemos hacer para salir de este sufrimiento. Busquemos en este día de solidaridad festiva la luz que ilumine el camino que nos tirará del agobio.
En tal sentido, a todos, amigos, hermanos, parientes y paisanos,
UN FELIZ NADAL

lunes, 28 de diciembre de 2009

lunes, 14 de diciembre de 2009

PAUL SAMUELSON

Un nuevo mito
Leo en el blog de Paul Krugman la noticia de pasamiento de Paul Samuelson a mejor vida.
Paul Samuelson fue el primer economista americano a ganar el premio Nobel de Economía (1970). Leí su obra “Fundamentos de análisis económica” en un momento de la vida en que todo lo que me rodeaba  pasaba por un estado turbulento de descalabro económico. Mi expectativa delante de un libro eminentemente técnico sobre la estabilidad del equilibrio era alcanzar un mínimo de conocimiento, capaz de proporcionar  defensa  y suporte al esfuerzo de mantener mi familia unida durante los tristes años de dictadura militar en América del Sur.
Toda teoría en la práctica es cosa diferente. Tanta formulación matemática me recordaba la disciplina de cultura industrial en el tercer año del instituto laboral: cuando necesité construir la chimenea de una churrasquera, fue la habilidad de un albañil semianalfabeto el conocimiento que permitió que el humo no se esparramase por toda la casa.   La contribución teórica de Samuelson en mi formación de economista fue frustrante, pero de esa frustración salí poniendo los pies en tierra y pasé a caminar por mi propio esfuerzo y riesgo, a sabiendas que con una inflación oficial de más de 700 % el mañana sería  imprevisiblemente diferente. Yo dejaba de ser un atleta bien trenado para experimentar los rigores del emprendedorismo descapitalizado. Adquiría  buena visión en el análisis matemático del efecto desequilibrante cuando los ingresos no compensan los gastos. Me parecía imposible, después de tantos desastres económicos de los que todavía sufro sus efectos,  que el Estado sería incapaz de controlar las amenazas de inflación y recesión por medio de políticas fiscales y monetarias. Hoy deseo leer un economista que sea capaz de remover de mis preocupaciones tal sentimiento económico.
De cualquier forma, Samuelson fue uno de mis ídolos por su arte de explicar la ciencia económica con lucidez, perspicacia y accesibilidad sin condescendencia. Hoy se fue el alma del hombre nacido en 1915 en el Estado de Indiana, pero queda la fuerza de un mito que se incorpora a la de muchos otros economistas que aparecieron después de Adam Smith.

jueves, 5 de noviembre de 2009

FRANCISCO CAAMAÑO SENANDE

Pocas oportunidades tuve para charlar efusivamente con el carnotan Francisco Caamaño. Fui su vecino antes de haber emigrado al suroeste y, coincidentemente, también durante los tristes meses de mi retorno a España, a Galicia, al pueblo, a las estrechas calles que marcaron tan profundamente los años de mi infancia.

Cuando nacemos pobres, morir pobres es nuestro destino. Los pocos casos que muestran equivocado este pensamiento demuestran la veracidad de esta regla. Carnota, en mis tiempos de infancia, era una pequeña aldea, menor todavía que Cee. Y de Cee , lo que es el núcleo de Cee, yo me acuerdo de todas sus casas y del heroísmo que habitaba en el seno de sus familias por el esfuerzo, día tras día, de luchar sin tregua y conducir avante la difícil jornada de mantener vivos los hijos. Darles educación esmerada era todavía mucho más complicado, y para dar continuidad al estudio básico, desarrollado en el único colegio mínimamente fundamentalista  en Costa da Morte, era necesario costear estudios y pensión en Santiago o La Coruña.

De aquí a algunas horas, Cee verá toda su población volcada en el espacio tomado de la ría durante medio siglo. El símbolo de la Paz, marcado a escondidas en una roca del monte del son, será testigo envejecido de esta mancomunal manifestación  en el corazón de la bisbarra fisterrana.

Mis más sinceras condolencias a doña Consuelo, eterna compañera de Francisco, a sus hijos, en especial al ministro Francisco, a quien le tengo como referencia y modelo de una conquista social, tan difícil de alcanzar pero que lleva orgullo a todos que hemos nacido en Cee, y ofrece honra a los hijos de nuestros hijos que, sin haber nacido en Cee, sueñan en conocerlo.

Adiós, amigo Caamaño. En estos conturbados momentos, en que se desprecia el simbolismo de cultura milenar, pondrán sobre tu túmulo la cruz de una espada para dar a entender la colosal lucha contra el destino y la sumisión de nuestra flaqueza al designio celestial. En nombre del padre, del hijo y de todos aquellos que en breve poblaremos el monte santo, en la cumbre de Raíces, descansa en paz.


domingo, 2 de agosto de 2009

ESPERANZA EN CRISIS

La esperanza es un sentimiento que invade el alma para dar al cuerpo una expectativa de vida mejor. La esperanza surge con la propia vida en su único momento de esplendor, cuando dos cuerpos diferentes se unen objetivando alcanzar la eternidad. La esperanza es un vaso lleno de agua de donde retiramos una gota cuando sentimos sed.

Agosto es para mí un mes de inolvidables memorias. Memorias de mi juventud, dulces en su gran mayoría. Pero algunas me recuerdan el primer conflicto habido con la esperanza. Fue un día del mes de agosto cuando en la soledad de una casa de pensión, en un lejano paraíso tropical, sentí el caminar regresivo de la esperanza. Era el primer agosto en 21 años en que yo dejaba de ver el bullicio de las fiestas patronales. Fue el primer momento que yo sentí que debería complementar el nivel del virtuoso vaso de la esperanza con oraciones de fe, en acciones que visasen reforzar actitudes involucradas con el firme deseo de retornar un día a la ribera de los juncos, y allí postrarme devotamente al pie de la virgen María. Viví una era en que la tecnología venia al mundo para ocupar aquel espacio dejado al sorber cada gota de esperanza. El hilo telefónico acercaría dos lugares tan remotamente alejados. El avión se encargaría de facilitar encuentros fortuitos. Pero la esperanza, la divina esperanza, mostraba, como un reloj de arena con su base fincada en el suelo, su firme caminar hacia el abismo del olvido, donde, una vez precipitado, el vacio se haría eterno.

La muerte representa el ocaso de la esperanza, un punto donde el vaso absolutamente vacio se rompe en acción implosiva, cercado por las fuerzas del olvido. La esperanza de compartir horas felices al lado de mis padres falleció junto con el último suspiro de mi madre y, un mes después, el de mi padre. La esperanza de reconciliación con mi hermana cesaría después de un virtual comunicado por la vía comunicativa de un satélite informador.

Ayer se rompió otro fuerte lazo que me une a esta tierra. Fue durante muchos años la raíz sólida de una familia que se componía bajo las luces del sol tropical. Su esperanza de vida, reforzada por una fe inquebrantable en la religión católica, cayó al nivel cero después de una larga cruzada que lo sostuvo durante noventa y nueve años y un mes. Su cuerpo fue transportado al país da saudade por sus nietos, en un acto de resignada melancolía y lágrimas de la esperanza, ahora en crisis, que se renueva con fuerza de llama viva en la vida de sus nietos y bisnietos.

Descansa en paz mi querido suegro Fermino Alves da Cunha. Aún con la esperanza en crisis, sé que un día nos veremos. Hasta ese momento, en mí tú continuarás viviendo en tanto yo viva.

viernes, 2 de enero de 2009

UVAS

UVAS

El finado año 2008 me proporcionó un extraño sentimiento por el poder de avanzar algunas horas en el tiempo y retornar poco después al pasado,  que a mi alrededor se hacia realidad presente.

La administración del tiempo es un grave problema para los mayores de edad, para aquellos que han conquistado derecho a una vida exenta de tensiones laborales. Es muy difícil pasar las horas sin una meta a alcanzar, sin una trilla a seguir, sin un problema a resolver, sin amigos con quien charlar, sin dinero para gastar. El tiempo para por terquedad y corre por vicio, sin ninguna necesidad de andar. Cuando nos damos cuenta, deparamos que el tren de la vida nos ha alejado irremediablemente del puerto de partida y nos acerca, pese a la cantidad de remedio que tomamos,  al panteón de llegada,  sin haber entendido absolutamente nada del por qué hemos corrido tanto para enterrarnos en un destino que, prueba en contrario, a nadie interesa.

Cómodamente sentado en el sillón de mi nave inter-espacial, cuando tocaron las doce campanadas, que decretaran muerte al año viejo gallego,  me comí doce uvas teniendo por testigo mi paisano Gayoso.

Tolim, una uva; Tolom, otra uva…A las doce bastabales, la décima segunda uva. Algunas personas casi se atragantaban con el dulce fruto de la vid divina atascada en el tragadero. Alguien con extraños pensamientos de sensatez preguntaba ¿por qué tantas uvas en año tan castigado por la crisis de los abastados?  Gayoso, en su bien sonante lingua galega, lo tenía bien claro: el calor del auditorio compensaba la energía despendida con los gastos de uvas. Y así, bien convencido de la necesidad de un previo ensayo, comí 24 uvas en el espacio de media hora. Suponiendo que los tres millones de gallegos habitantes de este delicioso mundo, en régimen de derechos igualitarios, comimos la misma cantidad de uvas, algún fiscal de ahorros nos enviará la cuenta por hecho imponible de los 72 millones de uvas consumidas.

Ya estaba en el año nuevo cuando mi esposa me llama para conmemorar los últimos diez minutos de la vieja noche. Habían pasado casi tres horas del año nuevo. Mal había digerido las 24 uvas y me llamaban de regreso al año anterior. En la mesa,  más uvas. Uvas envueltas con calor diferente, uvas occidentales, uvas tropicales. A las doce campanadas explota el cielo con rajadas de morteros en abrillantados coloridos de noche estrellada. Copa en la mano, repleta de dulce espumante, en un segundo y crucial momento brindaba  a la Tierra por su generosidad del tiempo presente, ahora dos veces pasado.   

domingo, 7 de diciembre de 2008

PAZ A SU ALMA

PAZ A SU ALMA
Ya estamos prácticamente en pleno verano, aunque por aquí insiste un frescor invernal de aquellos que recuerdan primaverales sensaciones de los felices días de mi juventud.
Conmemoramos treinta años de ilusión democrática y durante tantos años nos fuimos alejando de un mundo naturalmente libre y soberano como parece ser el que constituye los pueblos más independientes de la jungla amazónica.
Por aquí, en nuestra costa mortuoria, todavía impera el capricho partidario queriendo rezar salmos de loor a un cacique heredero de la voluntad partida de su amo fundador. La cartilla puede evocar olores democráticos y depositar rancio de aristocracia señorial sobre los ungidos por el despotismo autoritario para gobernanza de los que cree muertos o lacayos, pero la verdad es que nos faltan muchos años para ingresar en el buen riego de la plena libertad. Antes, dicen, debemos someternos a nuestro juicio final y firmar nuestra sentencia para ingreso en la eternidad. Será después de este momento que darán fe a nuestro voto y lo trabajaran a modiño de adaptarlo al esquife que comporta la estructura megalítica de blocos blindados con polémicas populares y hemiciclos de política parlamentar.
Por los caminos de América fluyen ábregos vientos cargados con nuevas ilusiones que hacen renovar la esperanza del paradójico rico-pobre iberoamericano. Son aires de libertad que oxigena los pulmones y alegran los corazones con la alternativa bolivariana. Del contraste entre la escuadra rusa y el poder norteamericano, en el centro está el ojo del señor Chaves como alternativa plausible a los nuevos caminos que se dibujan por manos del señor Obama.
Escuchamos de Quintana decir que cuando lo vuelva “escoitar falar de Estatuto”, sabré que también habla de pensiones a los atendidos 50 mil gallegos desde la solidaridad del Benestar. Él no sabe lo que es vivir con tres cientos euros al mes. Yo sí que lo sé, y os digo que no se vive. Por eso, él piensa, porque cree saber, que los emigrantes estamos todos muertos.
Esto me hace pensar que en estos momentos yo no estoy ahí, y desde aquí siento que por aquí yo vivo, porque si por ahí estuviese, aquí no viviría. Si en Galicia la vergüenza ha muerto, paz a su alma.