sábado, 15 de agosto de 2015
DULCES SUEÑOS
jueves, 23 de julio de 2015
ME FOXEN OS VENTOS
sábado, 9 de noviembre de 2013
OUTEIRO DE UN SOÑO
jueves, 13 de diciembre de 2012
Sombra negra
Por que esa mueca siniestra de la muerte...
Quiero abrigarme y poco puede mi suerte,
Como me duele y se ahonda mi herida.”
Como sombras de tormento.
La vida es mentira, negro es mi lamento.”
lunes, 16 de enero de 2012
SILENCIO
jueves, 22 de diciembre de 2011
BO NADAL
lunes, 19 de septiembre de 2011
Manuela Insua Dominguez
sábado, 25 de diciembre de 2010
FELIZ NADAL
lunes, 28 de diciembre de 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
PAUL SAMUELSON
jueves, 5 de noviembre de 2009
FRANCISCO CAAMAÑO SENANDE
domingo, 2 de agosto de 2009
ESPERANZA EN CRISIS
La esperanza es un sentimiento que invade el alma para dar al cuerpo una expectativa de vida mejor. La esperanza surge con la propia vida en su único momento de esplendor, cuando dos cuerpos diferentes se unen objetivando alcanzar la eternidad. La esperanza es un vaso lleno de agua de donde retiramos una gota cuando sentimos sed.
Agosto es para mí un mes de inolvidables memorias. Memorias de mi juventud, dulces en su gran mayoría. Pero algunas me recuerdan el primer conflicto habido con la esperanza. Fue un día del mes de agosto cuando en la soledad de una casa de pensión, en un lejano paraíso tropical, sentí el caminar regresivo de la esperanza. Era el primer agosto en 21 años en que yo dejaba de ver el bullicio de las fiestas patronales. Fue el primer momento que yo sentí que debería complementar el nivel del virtuoso vaso de la esperanza con oraciones de fe, en acciones que visasen reforzar actitudes involucradas con el firme deseo de retornar un día a la ribera de los juncos, y allí postrarme devotamente al pie de la virgen María. Viví una era en que la tecnología venia al mundo para ocupar aquel espacio dejado al sorber cada gota de esperanza. El hilo telefónico acercaría dos lugares tan remotamente alejados. El avión se encargaría de facilitar encuentros fortuitos. Pero la esperanza, la divina esperanza, mostraba, como un reloj de arena con su base fincada en el suelo, su firme caminar hacia el abismo del olvido, donde, una vez precipitado, el vacio se haría eterno.
La muerte representa el ocaso de la esperanza, un punto donde el vaso absolutamente vacio se rompe en acción implosiva, cercado por las fuerzas del olvido. La esperanza de compartir horas felices al lado de mis padres falleció junto con el último suspiro de mi madre y, un mes después, el de mi padre. La esperanza de reconciliación con mi hermana cesaría después de un virtual comunicado por la vía comunicativa de un satélite informador.
Ayer se rompió otro fuerte lazo que me une a esta tierra. Fue durante muchos años la raíz sólida de una familia que se componía bajo las luces del sol tropical. Su esperanza de vida, reforzada por una fe inquebrantable en la religión católica, cayó al nivel cero después de una larga cruzada que lo sostuvo durante noventa y nueve años y un mes. Su cuerpo fue transportado al país da saudade por sus nietos, en un acto de resignada melancolía y lágrimas de la esperanza, ahora en crisis, que se renueva con fuerza de llama viva en la vida de sus nietos y bisnietos.
Descansa en paz mi querido suegro Fermino Alves da Cunha. Aún con la esperanza en crisis, sé que un día nos veremos. Hasta ese momento, en mí tú continuarás viviendo en tanto yo viva.
viernes, 2 de enero de 2009
UVAS
UVAS
El finado año 2008 me proporcionó un extraño sentimiento por el poder de avanzar algunas horas en el tiempo y retornar poco después al pasado, que a mi alrededor se hacia realidad presente.
La administración del tiempo es un grave problema para los mayores de edad, para aquellos que han conquistado derecho a una vida exenta de tensiones laborales. Es muy difícil pasar las horas sin una meta a alcanzar, sin una trilla a seguir, sin un problema a resolver, sin amigos con quien charlar, sin dinero para gastar. El tiempo para por terquedad y corre por vicio, sin ninguna necesidad de andar. Cuando nos damos cuenta, deparamos que el tren de la vida nos ha alejado irremediablemente del puerto de partida y nos acerca, pese a la cantidad de remedio que tomamos, al panteón de llegada, sin haber entendido absolutamente nada del por qué hemos corrido tanto para enterrarnos en un destino que, prueba en contrario, a nadie interesa.
Cómodamente sentado en el sillón de mi nave inter-espacial, cuando tocaron las doce campanadas, que decretaran muerte al año viejo gallego, me comí doce uvas teniendo por testigo mi paisano Gayoso.
Tolim, una uva; Tolom, otra uva…A las doce bastabales, la décima segunda uva. Algunas personas casi se atragantaban con el dulce fruto de la vid divina atascada en el tragadero. Alguien con extraños pensamientos de sensatez preguntaba ¿por qué tantas uvas en año tan castigado por la crisis de los abastados? Gayoso, en su bien sonante lingua galega, lo tenía bien claro: el calor del auditorio compensaba la energía despendida con los gastos de uvas. Y así, bien convencido de la necesidad de un previo ensayo, comí 24 uvas en el espacio de media hora. Suponiendo que los tres millones de gallegos habitantes de este delicioso mundo, en régimen de derechos igualitarios, comimos la misma cantidad de uvas, algún fiscal de ahorros nos enviará la cuenta por hecho imponible de los 72 millones de uvas consumidas.
Ya estaba en el año nuevo cuando mi esposa me llama para conmemorar los últimos diez minutos de la vieja noche. Habían pasado casi tres horas del año nuevo. Mal había digerido las 24 uvas y me llamaban de regreso al año anterior. En la mesa, más uvas. Uvas envueltas con calor diferente, uvas occidentales, uvas tropicales. A las doce campanadas explota el cielo con rajadas de morteros en abrillantados coloridos de noche estrellada. Copa en la mano, repleta de dulce espumante, en un segundo y crucial momento brindaba a la Tierra por su generosidad del tiempo presente, ahora dos veces pasado.