domingo, 22 de enero de 2012

DILEMA DE LA POBREZA


Disyuntiva propuesta
En los países ricos cuentan que en los países del tercer mundo uno está en situación de pobreza cuando su sueldo, para el que lo tiene, no consigue pagar sus necesidades más elementares, incluyendo la cesta de alimentos indispensables a la exigencia del cuerpo en cuanto ser vivo. Eso es lo que se dice y se cuenta en los países del primer mundo. Y todos vivimos contentos y felices porque en los países ricos no existen personas pobres; bueno, alguna sí la hay y en ella lo que mas destaca es la pobreza de espíritu en medio a una lujuria desbordante, pero el espíritu no se cotiza en bolsa y, por tal concepto, el espíritu no se utiliza como medio de referencia en la clasificación interna que hace que el primer mundo sea el mejor de los mundos.

Y aquí se asienta lo que hasta el 2008 era problema nacional de Perceebes, (luego Perceebes, país de catolicidad universal): a estas alturas, la zafra del pos guerra batimos las puertas del cielo pidiendo permisión para ingreso en el mundo celestial. Solicitamos dar registro, en las cuentas del señor, a los baúles llenos de euros, pero el guardia Pedro se interpone en el camino con señal clara de que no nos va dejar pasar. Y de hecho no pasamos, nos amontonamos en el umbral como ganado de un enorme corral que observa como le pasa el tiempo absorto por el peso de los baúles y, al ultrapasar los cánones de la seguridad, nos transformamos  en peso incómodo para la zafra que viene a seguir.

Mateos se soma al portal y cuchichea a Pedro – Esto es conmigo, yo resuelvo el problema de esos ricos migrantes – y, dirigiéndose a la chusma de ricos que se acumulaba en los portones del cielo, exclama (5,3):

 -Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Un señor, de pelo plateado, pescuezo y dedos anillados con cuerdas de oro, voz firme y bien empastada, el más rico entre todos los ricos, reclama,

-Mi buen amigo y portero celestial, ¿no habéis reparado que ninguno de nosotros aquí es pobre?
Lo de portero celestial lo decía con aquel aire de superioridad, típica de la vanidad de quien es rico y está acostumbrado al manso servicio de los pobres. No obstante, Mateos (5,4), con aquel su aire de discípulo humilde, fiel a su señor, mirando a todos sin ver a nadie, continuó exclamando,

-Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Perplejos, todos los ricos se miran. No conocían en sus relaciones de ricos la palabra manso. Algunos la habían oído de la boca de algún antepasado,  propietario de masías en el antiguo reino de Aragón, pero no la relacionaban con sus necesidades inmediatas de ingresar en el reino de los divinos para la comunidad de Perceebes. Tenían prisa y, por aquello de que el tiempo es oro, querían entrar antes que el cuerpo empezase a delatar, con el humor de su mal olor, el origen mundano.

Un rico muy encolerizado y perdiendo el estribillo gritó,

-¡Tirad ese cerbero de los portones! ¡Avancemos la roja señal! Las leyes son nuestras y en nuestra propiedad ordenamos la legalidad y con ella tenemos el poder de vulnerar las razones que por meritosa justicia impiden al pobre entrar en los salones de la eternidad.

Delante de esta amenaza, Pedro se puso blanco de terror e hizo señales a Mateos para levantar las trabas de los gigantes portones.  Mateos había cerrado sus ojos y taponado los oídos. Con su lengua bien afilada prosiguió (5,5),

-Bienaventurados  los que lloran, porque ellos serán consolados…(5,6) Bienaveturados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados…(5,7) Bienaventurado los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia…

Una voz barítona con potencia de tenor retumba entre todos los señores del sinedrio. Interrumpía el rosario de la bienaventuranza extraña de aquel monótono santo apóstata, renegado del mundo corrupto, muy atrevido, según algunos, en alabanzas a los pobres en el paraíso de los ricos.

La tensión parecía extravasar los límites de la razón cuando otro santo intervino en la disputa, esclareciendo:

-Bienaventurados son los pobres, pero vuestro es el reino de los cielos. Entrad y tomad asiento en los sillones a la diestra. Los banquillos de la siniestra están reservados a los pobres de la santa humanidad, los reservamos para que ustedes los juzguen en conformidad con los pecados que ellos cometieron y han servido para desviarlos de la hermandad de los ricos.

La reyerta entre los antiguos residentes del cielo y los nuevos inmigrantes, que en su pretendida condición de hombres ricos del primer mundo amenazaban ocupar los mejores puestos en el desconocido mundo de las tinieblas, entraba en clima de tregua temporaria.


Lo absoluto y relativo
Pretendo aprovechar esa pausa forzada para hablar de mi amigo y nobel premio de 1974, Gunnar Myrdal, quien, como todos sabemos, repartió laureles y ortigas del noble galardón con el sabio economista Friedrick Hayek , ambos galardonados por el enfoque metodológico concentrado en la interdependencia de los fenómenos sociales e institucionales.

La pobreza es una bienaventuranza muy compleja y, por consiguiente, no existe definición capaz de unir intereses que se opongan a las raíces que la sostienen y dan sustento. Por mucho tiempo la pobreza fue considerada un premio a la presencia de desequilibrios y a una mala gestión del pobre en el uso de los recursos económicos. Antes era pobre aquel que no quería mojar los pies bajando al lodo de la ría y extraer con sus uñas el rico bivalvo de la ribera. Era pobre aquel que tenía alergia al sacho y negaba cualquier esfuerzo para retirar del campo la cosecha de berzas. Eran tiempos en los que no había pobres de espíritu, pues todos íbamos a misa, donde, por una humilde confesión, el cura muy amigo te regalaba una ostia que mandaba engullir sin pasar por el diente. Sin duda fueron tiempos muy felices en el que reinaba la máxima igualdad entre el cura, el capitán de la guardia civil y el alcalde del pueblo. Fueron tiempos en que el tiempo gastaba todo el tiempo que le daba la gana para verlo pasar.

Pero como en esta vida nada es eterno, el tiempo se fue vistiendo de viejo, le atacó la gota y el cura que también no era nuevo, pero vestía ropa de santo viejo, quiso castigarlo por no ponerse de rodillas a su mando en el altar.

Al paso del viento, el tiempo finalmente cambió, y con el cambio floreció la primavera mostrando la diversidad de los colores y olores que ahora podíamos sentirlos por el tato del dinero. Pasamos a vislumbrar una nueva línea en el horizonte. Era una línea de fuego que separaba el estado del bienestar del malestar de la pobreza.  En la sociedad del primer mundo todo era clasificable y la pobreza la partieron en dos clases, la absoluta y la relativa.


Precio de la pobreza
A precios de 1985, se determinó que pobre absoluto era aquel que para vivir necesitaba la levedad de dos dólares persona/día. En el mes que tiene 28 días el pobre podía ahorrar dos días y comerlos después en los meses de 31 días. Era un reparto medio muy ecuánime; derivaba de la igualdad democrática entre los doce meses del año, 30 días y una pequeña comisión 0,416… a título de buena administración por el esfuerzo  de los comisionados. 

Por el concepto relativo, pobre es aquel que ingresa algo por debajo de los cincuenta por ciento del PIB; esto es, en el caso de España, algo ligeramente debajo de los 35 euros por persona/día.
El concepto relativo presenta muchos inconvenientes por el hecho de que para salir de la pobreza los trabajadores de la región pobre reivindican su posición no a medio camino de la media y sí en la media entera, y si posible, superando en grandeza la media entera, lo que irremediablemente rebaja el poder de los ricos.


Paridad entre los medios
Los economistas no tardaron en idealizar un ppp salvador de la moral del pobre en los países del mundo rico. La paridad entre dos monedas diferentes depende de la disponibilidad de bienes, de la respectiva demanda y de una infinidad de otros factores muy difíciles de determinar. Con nombre en ingles la técnica económica adquiere mucho más respecto y pasamos a conocerla como Purchasing Power Parity (PPP). Para aumentar la confianza en esta técnica recurrimos al auxilio de las ciencias matemáticas y la explicamos de esta forma:
Tc=P1 /P3
Donde Tc representa la tasa de cambio entre dos monedas, P1 y P3 son los precios de un determinado bien en la moneda de su respectivo mercado. Así, por el embrujo de la figuración matemática, si en el mundo primero el sueldo mínimo de un obrero viene expreso en, digamos, 600 euros y en el mundo tercero legalizan el mínimo con, digamos, 700 reales, la tasa de cambio entre esas dos monedas (euro y real) sería la unidad perfecta. Paridad perfecta por demás y justamente bien abalada en los principios de política económica descrito por David Ricardo, ‘el valor de una mercancía (en este caso capital humano) depende de la cantidad relativa de trabajo necesario para su producción, y no de la mayor o menor remuneración que se paga por ese trabajo’.

 En el mundo globalizado ya no existe nada que justifique grandes diferencias en las labores que requieren trabajo humano. Es verdad que el músculo de una máquina consigue retirar de la tierra infinitamente más riqueza que el músculo de una unidad de capital humano. Pero necesario se hace entender que esa máquina concentra en sus venas el sudor y la sangre de una enorme legión de trabajadores de todas las clases, en su gran mayoría ya desaparecidos. Luego, el fruto de tanto esfuerzo cabría a ellos o, en su defecto, a todos que son su herederos, hoy llamados pobres por la usurpación de los que se consideran diferenciadamente ricos.


Fuerza causal
Es deber de la ciencia económica observar y describir, analizar y explicar la relación causal entre hechos económicos. El principal objetivo es alcanzar suficiente conocimiento de lo que ocurre en determinado momento y ordenarlo, con auxilio del método, en algo útil, de modo a alcanzar capacidad de prevenir, en la medida de lo posible, acontecimientos futuros y hacer que ellos se ajusten racionalmente a nuestros deseos.
La política, enmarcada por la posibilidad empírica de lo que pueda hacerse real, recurre con frecuencia al arte de la ciencia económica para mostrar su deseo.  Diferente de la política, la economía juega siempre en campo neutro. A semejanza de la economía, la política se apoya en supuestos hipotéticos y abstractos para dar razón a su base de necesidades. La ciencia económica observa la vida social y analiza lo que de ella pueda ocurrir; el arte político concluye con juicios de valor para mostrar su interés por aquello que cree que deberá ser. El ideal de los modelos existe, la realidad de eses modelos jamás se concretiza en la vida social, aún bajo el imperio de actos normativos, que, en su representación, acaban provocando un raciocinio circular para preservación causal de la pobreza.

 
Satisfacción sin sacrificio
Myrdal, por su esfuerzo en busca de las causas que dan origen al malestar de la pobreza, acabó descubriendo luces en la espiral circular que la motiva.

El utilitarismo no considera la conducta humana como algo consecuencia de mala o buena fe, pero sí como algo dependiente de buenos o malos resultados, todos ellos siempre considerados desde el punto de vista de algún interés particular.

Cualquier debate sobre el derecho natural es un mero despropósito y así lo recoge Myrdal al caminar por el fondo del escenario ideológico. Escribe que Benthan había atacado las declaraciones de independencia de 1976 y la declaración de los derechos del hombre de 1789 porque las consideraba especulaciones metafísicas encuadradas en alguna de sus tres probables categorías: ininteligibles, falsas y una mezcla de ambas. La ficción se alimenta de la abstracción pública por medio de normas, obligaciones y deberes de derecho para vestir hábitos de legalidad. Estos hábitos, metáforas simples al arbitrio de la jurisprudencia, cuando observado su incumplimiento caen bajo el imperio del dolor que les imponen desde la cumbre del poder. El estado de la naturaleza, dice Benthan, pone la humanidad bajo el dominio de dos señores, uno se llama Placer y el otro lo conocemos por el nombre de Dolor.  Idea que resta fuerza al pensamiento liberal de Cuesnay, por la cual el comportamiento humano se guía por el sentido que le asegure la máxima satisfacción con el menor sacrificio.


Auto de la compadecida
Fuimos pródigos en la corrida hacia el estado del bienestar y nos olvidamos, dentro del concepto utilitarista del máximo placer, de la llegada del momento del relevo. La generación que no había nacido un día acaba brotando en escenario con mucha disposición para teatralizar su particular comedia cuando, infelizmente, se ve obligada a representar el difícil auto de la compadecida

La población, cuando ultrapasa la línea que demanda la oferta de su trabajo, sufre en su estado marginal los efectos del malestar sin que al principio provoque contrariedad en la pena de sus vecinos. Impera la felicidad de la mayoría, que no se importa con la pequeña cantidad excluida de los placeres del bienestar, no obstante haga consideraciones que valoran la compasión, la generosidad, la justicia, la abnegación, todas virtudes compatibles con los intereses de la clase en estado bienestar. 


Valor
Hasta alcanzar las puertas del iluminismo la humanidad tuvo que recorrer un largo camino. Camino que todos transitaran pero pocos sabían hablar del significado del valor. Confundían valor con ánimo de enfrentar el peligro o se atribuía valor a quien moría por una causa que se oponía a otra sin que ninguna de las dos fuese causa suya. Llegaron a medir el valor con pipetas que recogían sudor de un trabajador; sindicalizaciones masivas perfeccionaban el valor con uso de probetas de elevada precisión. El valor se transformaba en juicio capaz de expresar un gran sacrificio, hasta que llegó el Adam de la ciencia económica para hacer distinción entre un supuesto valor de uso y otro de cambio. El valor de uso es el que se muestra en la parte visible de un iceberg. Entre aguas se depositaba el valor de cambio que a deriva del tiempo fue siendo explicado con teorías de coste. La idea del coste real de un producto se retiraba del trabajo humano necesario para producirlo. La unidad básica del coste real era la del esfuerzo humano dedicado a labores de transformación, esas labores transformaban algo considerado sin valor o con poco valor para algo que representaba utilidad para algún interesado.

Myrdal hace crítica al valor formulado por la economía clásica que defendía el precio natural como consecuencia de la suma trabajo, renta y lucro, habido en un bien puesto a venta. El valor considerado por alguna unidad invariable de valor absoluto no existe, afirmaba. Buscar esa unidad invariable es lo mismo que correr atrás del perpetuum mobile o determinar la cuadratura del círculo sin ningún residuo. (Ver pag. 66) Consideraba el premio nobel que el hombre vulgar se convence fácilmente de toda especie de cosas que son absolutamente falsas (123), argumentaba que, en cierto sentido, las ciencias, sobretodo la filosofía, se agotan en lucha para derrotar falsos conceptos escogidos cariñosamente por el buen sentido.


Ahorro
Contra los medios limitados para satisfacer nuestras necesidades la economía insiste en hacernos pensar que somos insaciables en el consumo de esos medios. El ahorro nació con intención de moderar tan voraz apetito. Aprendí la razón del ahorro cuando vi como se guardaba la cosecha de maíz en un  hórreo en la plaza de los castiñeiros, a unos 50 metros de mi hogar. Aquel cabazo, con pies cilíndricos ensimismados con ruedas por sombrero, guardaba cierta cantidad de espigas de maíz y algunos ratones, que se escondieron de mi cuando a muy tierna edad conseguí penetrar en su interior y satisfacer la natural curiosidad por ver lo que allí había. Pienso que no es nada científico hacer ilaciones o establecer conclusión por un detalle real registrado en la memoria infantil, pero en aquel momento sentí que el valor real de las cosas estaba en el poder de conseguirlas justamente en el acto que su consumo se hacia necesario. En esto, los ratones mostraban inteligencia que superaba el ardid de una gran rueda que los hacían andar de patas para arriba en su natural deseo de alimentarse. Eran tiempos difíciles en el que los ahorros eran embargados para sostener los cuerpos de seguridad nacional, representados por tropas del ejército, guardia civil y carabineros, en la defensa de la costa. Evidentemente, sin motivación los hórreos perdieron función de ahorro y nunca volví ver nadie que allí hiciese cualquier depósito. Por aquellos días en que en toda Europa las personas se jugaban la vida corriendo de las bombas que eran arrojadas desde el cielo, el valor de un bien en nuestra empobrecida región se media por la economía del escambo. Uno tenía patatas, otro maíz y un tercero llegaba del mar cargado de sardinas. El cambio se procedía con cada persona cogiendo lo que a ella faltaba y a la otra  sobraba, difícilmente había residuos y la población de ratones cayó a un nivel previsto en la teoría de Malthus.


Causación circular
El proceso de causa circular para justificar la pobreza, idealizado por Myrdal, explica mucha historia de lo que ha pasado en la costa del extremo finisterre. Por ejemplo, el abandono de la cultura de los hórreos, la fábrica de salazón, ascensión y quiebra de la SICAR, casa cultural en ritmo de lesma, polígono industrial sin cualquier industria, intoxicación de la ría con residuos metálicos de la industria contaminadora, corrupción por activa y pasiva y un largo rosario de lo que ya no se confiesa en el confesionario de la iglesia parroquial.

 Los efectos inmediatos en la quiebra de un ritmo mal planeado es el desempleo, con la consecuente reducción de ingresos  y demanda en el mercado local. El paro, por su vez, activa la caída de ingresos y baja la demanda de viernes producidos en la vecindad regional, para, a partir de este momento, configurarse un proceso de causa circular del fatídico ciclo vicioso de la pobreza. Sin auxilio externo, la región pierde atractivo y provoca la emigración de jóvenes, que salen en busca de mejores oportunidades, provocando reducción en el potencial de trabajo y acelerado desinterés por el futuro local. Y todo esto generalmente ocurre en paralelo  con los aumentos de impuestos, que se editan con la pretensión de frenar la caída cuando en la realidad acaban aumentado la velocidad del desgarre.

Subir en la vida es siempre acto dificil, requiere concentración de los motores para alcanzar la máxima potencia que permita el despliegue. Una vez en el aire, el piloto debe preocuparse con las posibles turbulencias. En las alturas todo parece monótono y en el silencio de un vuelo perfecto todos quieren dormir. En la bajada dicen que todo santo ayuda, pero eso no debe ser verdad porque las azafatas nos piden para apretar los cintos. Y no basta apretar los cintos para saber que estamos adelgazando;  en el mundo de los ricos hay muchos indicadores que nos cuentan lo que está pasando. Nos hablan de los rasgos significativos que, según las buenas lenguas, vienen ocurriendo desde el año 2008, pero que a mí, por afinidad del capricho transcendental, ya contaran en mis andanzas por las nubes de España durante los años 2002 y 2003. El cambio demográfico se hacia visible, la globalización y los avances tecnológicos estaban presentes en todas las unidades de la Desunión. Alquileres de las viviendas, en la cumbre; precios de los inmuebles, en las nubes; muchos pisos vacios y casas abandonadas alimentaban la polilla. Había lupandas a diestro y siniestro, bebíamos mucho, comíamos bastante y fumaban más. Eran puros habanos para recordarnos como eran pobres los cubanos y dictador el venezolano Chaves. Afganistán, con su libertad duradera, daba trabajo a un numeroso contingente de fuerzas militares con misiones civiles y humanitarias  (2001) Tuvimos la suerte de ganar la guerra del perejil (2002) sin gastar una bala. El prestige (2002) fue realidad que llegó para avisarnos, pero no entendíamos su voz negra burbujeando en el océano.  Nuestra opulencia fue mala consejera y en las Azores (2003) convocamos Blair y Busch para promover la destrucción masiva de Irak; había la pretensión oculta de reconstruirla bajo el dominio de la tecnología del ladrillo. La población de España, en los diez años que siguieron el año de 1998, aumentó en 6,3 millones, con la también oculta misión de verla parada en el 2014 cuando se acaba el subsidio europeo por el cuento de la convergencia.

No faltan avisos de nuestras meigas contándonos lo que está por venir. Más desempleo a tortas e direitas; sueldos congelados aumentarán los indicies de gripe; las pensiones estan en riesgo; la sanidad pública se ve truncada para beneficio de la privada; el abandono escolar ya se hace preocupante; el desarrollo urbano de la costa no se sostiene. Contaminantes y residuos campean a su libre arbitrio; la morosidad de los hogares está en crecimiento; hay mucho gasto en farmacia y muy poco en prevención.

Se acaba la bonanza económica con el cese de la Europa Social en el año 2014. Parece que no nos enteramos y seguimos promoviendo fiestas a destajo en nombre de la austeridad que nos contempla. Estamos en el ojo del huracán que avanza con toda la fuerza que suele tener para arrojarnos en el hoyo de la pobreza. Y nos arruinará si nos conformamos con la memoria de haberla experimentado de la mano de la señora Deuda, que vino, nos vio y ahora quiere salir tirandonos la paz.

Uno no puede dejar de impresionarse por lo que ha escrito el sueco Gunnar Mirdal. Los argumentos expuestos en la edición brasileña de 1972, Aspectos Políticos da Teoria Económica, me impresionaron en aquel año en el que yo era aprendiz de economía. Cuarenta años después, pobre y jubilado, me impresionan mucho más. A esta altura de la vida ya no puedo atenerme a ningún principio de compensación, porque, aun viendo como crece la riqueza de esta nación, el gobierno muy apegado al principio de causación circular de la pobreza del tercer mundo insiste en rebajar con subterfugios inflacionarios el poder de mi pensión.





sábado, 21 de enero de 2012

CARCOHERMANO



Nada más natural para un gallo castizo chacarear las mañanitas en busca de tiernos gusanos, no obstante y a pesar de la contrariedad del gusano en el papo del gallo, aquel no discrepa de los estrambóticos postulados tachandolas de convulsiones hepáticas.

Es curioso ver como cada ser lleva en el alma el veneno de su propia razón. Por las malas o por las buenas todos picamos; al hacerlo, el sujeto picado queda temporariamente anestesiado para después caer en la cuenta de quien lo ha segado. Ambdous, gusano y gallo, viven carentes de cualquier convicción democrática. En ellos prevalece el instinto de la sobrevivencia y cada uno vive a su manera, el gusano escavando la tierra y el gallo pateándola entre uno u otro cocorococó.

Temológicamente es conocido el efecto disperso que el temor produce en cada uno de sus filos. Para unos, el temor del señor produce confianza y obediencia, el temor no es un pavor irracional cuando el temido es el señor; el miedo, respecto y reverencia son dadivas para quien sabe apreciar las cualidades de su señor. Es por la misericordia y por la verdad intransigente del señor que todos expiamos la culpa de adulación.

No es necesario saber patavina del capitalismo demodé y vetusto de una sociedad de alibabás, con sus hunos ladrones interesados en las cuarenta monedas albergados en los cajones de los humildes paisanos, para ver como bien respectan los derechos formulados en la declaración de los deberes universales del manso humano. Los Derechos Universales constituyen, naturalmente, ficción de la derecha para inglés ver. Desde el promontorio por el cual vigilan el mundo, las derechas no consiguen ver nada que no esté a su izquierda; el delantero o el trasero, como el antes o después, no existe. Para ellos solo existe la derecha mirando y criticando la izquierda. Luego no habrá que lamentar que el señor Viceversa exista a modo y semejanza de su homólogo del lado opuesto.

Buscando por la palbra carca en la RAE, ella me responde que no tiene registro. El diccionario gallego dice que non atopa o termo.  Leyendo su artículo, de izquierda para la derecha, de arriba para abajo y también por los flancos que a todos contraían, se me hace dificultoso  establecer correspondencia entre el vocablo y lo hablado por el honor de los carcas. In dubio pro reo, parece usted darle el sentido de Na duda doulle rello y sigue fustigando griegos y troyanos llamándolos de subvencionados y trasnochados titiriteros. Berra a los cuatro vientos el derrumbe del muro de Berlín y no el muro del Rio Grande, como si usted estuviera bien anclado en viejas ideas que nada contribuye a la paz y concordia de todos los lados.

Finalmente, enveredo en la jungla de un palabreado estéril y veo un macaco mas antiguo que el rey don Garcia fijando correspondencia sinonímica entre progresista, carcas, retrógados, reaccionarios, ultramontanos, lo que, eso sí no hace falta que lo diga Ralf Dahrendorf,   constituye un serio riesgo al uso doado de la palabra libre en boca de los carcohermanos.

Para moderar los ajitos del nervio, le recomiendo esta simpática lectura: http://granadadebolso.wordpress.com/2007/05/20/112-galegos-capadocios-e-baianos/  para que lo reflexione al sonido gaitero del himno del reino de Galicia.

miércoles, 18 de enero de 2012

TODO SIGUE IGUAL


Señor conde, soy uno de los que leen a diario crónicas suyas desde ya hace dos lustros. Aunque usted nunca me haya citado en sus tertulias matinales, creo piamente que vostede lleva conciencia de mi existencia, o así se me figura por la voluntad que emerge en las catacumbas inconscientes de este inconsecuente vasallo y eterno su servidor.

Habla hoy, como casi siempre, de un pasado perfecto, que puede ser transformado en pretérito imperfecto al impulso de una decena de dígitos tamborileando el teclado de un ordenador imparcial.

La vida es la ruleta en que apostamos todos que de algún modo albergan la esperanza de ganar. A mi tocó vivir un periodo malo, pero fue mejor que el vivido por mis padres y abuelos.

Aunque haya sentido por narrativas cruzadas la tragedia que es una guerra y el terror que ella representa para los bandos que se querellan, no guardo memoria   del drama que pueda significar ver un ser querido muerto por la sinrazón de alguna bala perdida en el espacio y encontrada en su sien. No obstante, yo leía con mucha aprehensión las cartas que mi hermano escribía desde el frente de Sidi Ifni y también las que a mi escribía una inolvidable amiga mía, desde las Navas del Marques, contando como le apretaba el corazón al tener que consolar colegas, más de una, que habían recibido noticia de hermano muerto en batalla por las arenas de África.

Mi única batalla fue la emigración en doble partida. Sabía yo, a los 20 años, que el servicio militar sería una jugada cierta para la angustia de perder. Pero era lo que había que hacer, no por un deber moral y si por obligación de escoger entre lo malo y lo peor. Por alguna razón que me cuesta entender, mi deseo de hacer carrera había sido irremediablemente podado en tres ocasiones por un perito industrial exento del mínimo currículo pedagógico. No ocurrió la cuarta podada porque yo pasaba a comprender que a un buen entendedor una mala acción es suficiente, dos son muchas y tres eran demás.

Con el permiso de mi padre y la angustia contenida de mi madre, cogí el rumbo de la emigración por la estación de Cuatro Caminos. Mi destino fue el mundo industrial de un gigantesco país que vivía sobre las órdenes políticas de un genioso cuadro, por el que yo vi ofrecer en plaza pública el cromaterapéutico embrujo que representa un cambio de colores. Y el cambio yo lo vi aparecer una mañana en la puerta de una gran fábrica que estaba asediada por un grupo de sindicalistas. La disuasión de este grupo fue inmediata cuando al oído del comandante alguien avisó que llegaba la caballería. Y los caballeros montados en fogosos caballos entraron en el juego policromático de la confusión, sin orden ni desconcierto, provocando gritos y desorden de la turba amotinada en las puertas de una empresa industrial.

A este hecho siguió un duro periodo de dictámenes militares y manifestaciones eclesiásticas en pro de colecta de oro para el bien del país.  Para mí, la incógnita del futuro  fue siendo descifrada por las situaciones del momento. Y la suma de muchos momentos ha permitido que yo pueda contarlos ahora que llego al fin de un largo viaje. Pero, como a usted, me da miedo pensar lo que pueda ocurrir a mis nietos. 

Buscando respuesta en la sociedad global que nos contempla, el espejo responde: Todo sigue igual.

lunes, 16 de enero de 2012

SILENCIO


Cuando tomé conocimiento del número de habitantes que tenia España, éramos 33 millones de españoles. De aquellos, más de 26 millones ya emigraron al desconocido mundo de una vida mejor, donde el cambio de los años ocurre sin ningún sobresalto, sin odio, sin dolor, sin muerte. 

Ayer, un indomable gallego con mezcla de sangre vasco tuvo la osadía de abandonar el palco de esta traidora existencia. Marchó con su bastón y paraguas en el tren de las 10:30 pm. Su camino fue el de la emigración al infinito. Entró en el tren que él bien conocía por haberlo andado repetidas veces, pero, ayer, un ligero viento del nordeste, húmedo y frio, inundó su pecho y lo hizo subir. Y fue subiendo sin rechistar, cosa extraña para un gallego que tanto supo amar a Galicia.

Dicen que murió Manuel Fraga Iribarne, pero yo bien se que no. Vive en una colosal nube donde me espera para guiar mis pasos cuando la luz del sol deje de iluminar mis sentidos.

Hasta luego don Manuel, lo digo con el más sincero respecto de un gallego que vive en la emigración.

domingo, 15 de enero de 2012

LAS TABLAS


Insumo-producto
Put o no put, como diría Shakespeare, es cuestión de lo que entra (input) para que más tarde tenga que salir (output) a camino de un eterno proceso de amor, por el que nada se pierde, nada se gana, todo se transforma en el sistema de cambios amorosos.

 En el campo político, ese modelo, descrito por Wassily Leontief, es perfectamente aplicable por tabulaciones que se pueden exponer en una matriz de entradas y salidas. Sabemos que aquello que entra en algún momento y por algún sitio debe salir. Cuando sale en la forma de output pasa a integrar como input otro ciclo, y por ahí va la cosa a camino de una eterna jornada.

Por tan sencillo método de lo natural, todo se queda en casa de la economía global, por lo menos hasta que, por una quiebra del hoyo profundo, ingresemos todos los economistas en la esfera del agujero negro.

Con un buen sistema de cuentas en la mano una persona está mejor preparada para tomar decisiones sobre el curso de su vida. Para tener cuenta que cuente la historia de nuestro pasado económico necesario se hace promover su estructura, agrupándola en sectores capaces de ofrecer síntesis a las informaciones que vamos sacando de todas las transacciones y de los agentes que en ellas intervienen.

En su forma más simple, la cuenta de una economía con gobierno propio puede ser representada por una lista que recoja todo que se ingresa, se gasta con consumo, lo que se ahorra y lo que se invierte. El estado económico de un país lo miden con vara de PIB. En el caso de España, los registros le atribuyen valor representado por la fe de un euro invariable. En el tercer trimestre de 2011 registraba el valor de 269.141.000 euros. Ese mismo valor distribuido entre la población española (46.152925) da un reparto  de 5.831 euros por cabeza de cualquier edad y necesidad. Fue el producto bruto de un pésimo trimestre. Aun considerando todas la exigencias del cuerpo comprendido entre los pelos de la cabeza y la planta de los pies,  ese producto, distribuido ecuánimemente , daría para dejar la familia española  plenamente satisfecha por lo menos hasta el próximo ciclo productivo. Considerando que el año solar da aliento a cuatro trimestres, nos sobrarían los ingresos ecuánimes de lo que se cosecha en ¾ del año. Invertidos en fondos de seguridad, estructuras urbanas, I + D + I y otros cuentos, sería necesario algo más que un Surinam y terremotos de alta intensidad para tirarnos de la calma económica.

No obstante, cuando nuestro producto abruptamente lo comparamos con el PIB de otros países, nuestra moral se ablanda cuando la vemos posicionada en el  ranking económico de las naciones.  Algunos,  con este conocimiento, salen a campo para decir que somos mejores que los peores, otros salen a la calle para contarnos tal, etcétera, y poca cosa más, o viceversa, pues todo input que entra, después de pasar por el estado que lo estraga (output) pasa a llamarse nuevamente input de otro sector de aquel mismo estado que lo ampara.

Primera sectorización
Para animar un poco más el caldo de la discusión se hace indispensable saber algo más del PIB, sacar a relucir sus principales elementos, aquellos que son clave para los pronósticos económicos o para la conclusión de cómo se comporta el padrón de gastos en el conjunto de la economía.

Los fisiócratas segmentaran la economía de un país en tres sectores: Producción, así denominado en función de que en la actividad agrícola el trabajo crea un excedente conocido como renta.

El sector Fiscal, formado por los propietarios de la tierra y sus dependientes, la nobleza, el clero y todos los funcionarios a servicio del Estado.

Sector estéril, formado por la clase artesanal e industrial. Los fisiócratas consideraban este sector estéril debido a que elaboraba materias primas que le suministraba la clase productora y no añadían ningún otro valor que no fuera aquel que ellos mismos consumían en la forma de alimentos y algunos medios de vida ofrecidos por la clase productora.

Quesnay, con su famoso Tableau Economique, buscó dar representación al flujo económico entre las tres clases, o sectores, con intención de mostrar como se llega al producto total anual bruto de un país.  Con base en estimativas deducida de registros estadísticos, Francia paso a conocer lo que podría llamarse PIB en su forma sintéticamente ruda.
 
Al establecer relación entre la interdependencia de los tres sectores, Quesnay fertilizaba ideas que darían origen a la moneda fiduciaria y un sistema bancario de reservas fraccionarias, con su inconsecuente multiplicador del dinero. No obstante, Quesnay se fijaba en la idea de que solo la clase productora estaba capacitada a producir excedente económico. La clase Fiscal aprovechaba el excedente en forma de préstamos para aumentar el flujo de bienes y sacar en la modalidad de intereses e impuestos lo que necesitaba para financiar sus gastos.

El hombre está dotado de inteligencia para observar y conocer, pero la multiplicidad de cosas exige grandes combinaciones para  dar forma y fondo de extensión científica a la teoría que se deduce de la práctica. Como al sector fiscal fue concedida la propiedad de exigir,por la fuerza de su poder, el pagamento de lo que cree que es suyo, las consecuencias de esta exigencia serían dramáticas y la cultura acabaría desplomando a un nivel de progresiva incerteza, por inacción y evasión subterránea.

La inseguridad que reina en la naturaleza es motivo serio para montar los fondos de reserva, para hacer frente a las inundaciones, a los excesos de frio o calor, a las pestes, a la mortalidad indeseada de personas, a los cuidados de la viejez, etc. Sin los fondos de reserva el sector productivo pierde capacidad de pagar a los señores las rentas pactadas, los décimos  y  también los impuestos que el estado otorga a la clase productiva.
Quesnay atribuía a la producción francesa un valor de cinco mil millones, a precios constantes deducidos de las relaciones internacionales. Consideraba que esos millones salían exclusivamente de los trabajadores agrícolas que la habían producido. Estimaba en dos mil millones el gasto en consumo de la clase productora. De los tres mil millones  que se engolfaban en el bolso del sector fiscal mandatario, mil millones eran aplicados en el sector estéril, en el que, con mucho esfuerzo, lágrima y sudor, se transformaba la madera, trigo, oro etc., en objetos útiles y durables para alegría del sector fiscal. Claramente Quesnay practicaba abuso ideológico en la cuenta de los artesanos y futuros empresarios de la industria moderna.

Valor de las tablas
En economía, para cada razón de un economista surgen mil razones de otros tantos economistas en pro y en contra de las bases que le ofrezcan ostentación sostenida. La gran contribución del nobel 1973 a la economía de las naciones fue su famosa tabla de doble entrada, matriz de insumo-producto.

Las tablas de insumo producto ofrecen un retrato muy detallado de la economía de los países. Proveen condición para análisis del proceso de producción de bienes y servicios y de los ingresos generados por esa producción.

Naturalmente, el uso de las tablas ofrece mayor dificultad que el uso de una simple estadística, pero su conocimiento muestra, a pesar del esfuerzo requerido, un campo muy variado de beneficios para  la administración macroeconómica de empresas, para la transparencia  de comunidades modernas y también para la moral de políticos de cualquier rango.

Las tablas reflejan mandamientos para la ordenación de productos que ingresan en la economía en forma de productos intermediariamente primarios (trabajo, capital, tierra) y también en la variante de subproductos derivados de esta intermediación. Muestran la gran cadena de consumo hasta que toda materia prima se consuma en su forma final, transformándose en la forma de residuo sin cualquier valor económico antes de su reingreso a la naturaleza que lo produjo.  Muestran donde se producen los bienes y servicios y también donde son utilizados como productos intermediarios del consumo. Dan forma a los agregados macroeconómicos, como el PIB, el valor añadido a la economía, consumo, inversión, exportación e importación. Los datos recogidos en las tablas son expresados tanto en precios corrientes como en precios constantes para facilitar análisis  de periodos con diferentes monedas.

En tesis, las tablas ofrecen una estructura ideal para verificar la consistencia de los datos estadísticos colectados por las más diversas fuentes colectoras. La moderna tecnología de colecta y transmisión de la información vía satélite consigue dar imagen casi real de lo que pasa con el empleo. Para establecer correlación con otros factores se puede vincular el empleo con cualquier otro dato de la economía, como turismo, transporte, educación, salud, etc.

Presupuestos
Los presupuestos son tablas de entrada doble, con partida en el Deber y contrapartida en el Haber. Se entiende que todo que ingresa en la columna izquierda por la virtud del deber pasa a integrar lo que exija la columna derecha (Gastos). Los valores de este tipo de cuenta se cierran con base en valores reales pasados, claro está, siempre que se aborden con criterios de técnicas estadísticas para darles relativa confianza en el cumplimiento de las metas administrativas propuestas por el gestor (alcaldes, presidentes autonómicos, presidente de la nación)

Con base en la exposición de tablas cotejadas entre datos presupuestados al principio de un periodo  y datos reales al final de ese mismo periodo, hemos visto recientemente como se puede destorcer propuestas de gobierno al amparo de esas tablas. Si las técnicas  aplicadas al registro de datos son confiables, porque fueron registrados con lealtad y obediencia a la honestidad de las fuentes y a las normas que las rigen, uno, a la distancia del olvido, puede presumir que podía haber espacio para un equivoco entre los portavoces presidenciales, pero ese equívoco, al momento de ser detectado ningún mal produciría fuera de las personas envueltas en el ministerio.

Infelizmente no es así. Y si la máxima autoridad puede mentir sobre lo que debería constituir biblia sagrada de la administración pública, todo lo demás es posible. Es posible pensar que se castiga a todos los españoles con base en proposiciones mentirosas, es posible que los datos de antes vienen falseados desde un principio y adquirieron consistencia simplemente por que la secuencia histórica era compatible con el agrado  sentido por la jefatura. Es posible pensar que vamos mal aún estando bien. Pero también es posible pensar que andamos bien cuando el paso siguiente, dando o no dando la cara, nos va arrojar al precipicio.

Manejo del déficit
Este año vamos rebajar en 16 .500 millones  de euros el déficit en función de un desequilibrio de dos puntos en la información del desequilibrio presupuestario. Fue una actitud extremamente dolorosa para quienes nada le va doler,  pues todo ese dinero será arrancado de los españoles que no tienen poder y de los que ya sufren el dolor de estar desempleados. Una pala de cal han puesto en las pensiones para dejarlas 1 % más blancas cuando la inflación más que dobla esa unidad, y muchas palas de tierra se vierten sobre el resto de la población para dejarlos más negros. Empezamos a subir una dificil  cuesta con el pesado fardo de los aumentos en bienes que retiran renta y estimulan la inflación.

Pero no todo se hará mal, para minorar el frio de los sueldos congelados se elevará con más tiempo la temperatura de los funcionarios públicos dedicados al trabajo. Esta semana el mercado de deuda ha reaccionado a la inyección de 489 mil millones de euros aplicados por el BCE  en la corriente de 523 bancos europeos. Fue un sobresalto que rindió al Tesoro de España casi diez mil millones de euros de deuda (pan para hoy y más palo para mañana en ese misterioso mundo financiero). Los 523 bancos compraron deuda del Banco Central Europeo prometiendo devolverla beneficiada con 1%. Corrieron al mercado español invirtiendo diez mil millones de esa deuda en el Tesoro Español, quien promete devolverla maquillada con un beneficio de +/- 4 % al año.

Podría ser más,  pero, considerando la nueva cara del equipo económico, el estrago fue de buen tamaño. No faltará ocasión para repetirlo. Desde luego, el subastador, observando la intención del pujador, podría haber sacado mejor tajo al martilleo para rebajar el prejuicio a la familia que representa el interés por la deuda.

Conflicto
Sentimos por los ojos y oídos como los conflictos en cuestión de política económica se personifican en la figura de quien nos dirige. Son conflictos que no dependen del color de la bandera que hemos escogido en un conveniente y, a su vez, extraño proceso de escoja democrática. Pero, como afirmaba Leontief y así el señor Rajoy parece pensar, nada puede ser más fútil y condenado al fracaso que la pretensión de resolver los problemas económicos  con fundamento en proyecciones empíricas, deducidas de registros en piedra labrada e insinuadas con presencia de la cara y que ofrezca su pescuezo al sacrificio del abandono moral y ético, cuando decisiones políticas con graves implicaciones sociales son adoptadas al arbitrio de una única voluntad imperial.

Cierto en lo cierto y para reducir conflictos ocasionados por el imperio de la duda, no habrá mal alguno en recurrir a la esclarescencia divina del conocimiento técnico. Lo malo es que, en la conciencia de nuestros políticos, los muertos de la emigración consiguen alterar los registros de los vivos y, por tal hecho no confirmado, ya no confían en tabla alguna. Esto nos lleva a concluir, en el purgatorio de nuestra existencia, que existen otras campanas, que no la de Bastabales, sonando información paralela en lo oídos de los registradores oficiales. Y esas son las que se articulan, o no, por la conveniencia del momento.

Justificando lo injustificable
Y por aquí voy llegando al final de este grandullón  rollo dominical, escrito por el interés poco noble de entretenerme a mi ismo. ¿Que le puedo hacer? Cada uno con los locos intereses que la voluntad nos manda. Espero haberlos entretenido con una buena irritación, aquella que despeja los ánimos después de una gesta indigesta, pero que no hace mal a nadie, a lo menos no tanto mal como los bancos malos vienen haciendo a quien tanto bien les han hecho.

Para escuchar en el diván de la intimidad: 


sábado, 14 de enero de 2012

DULCE MIEL


Al avispado la abeja pica más veces que a aquel que la teme, la respecta y la protege solo con velas vir.

El gallego solo oye lo que ve, evidentemente porque sabe ver lo que oye. Y no por eso podemos considerarnos tozudos, chiflados, paranoicos, ni precisamos recorrer al Mateo para que nos transforme en palomas prudentes o sencillas serpientes.

Mire usted el lio en que ha metido a su admirado Mariano hoy en esta redoblada zorra al otro lado del charco. Y conste que no ha sido usted tan reiterativo como Pedro, quien por su buena fe renunció más veces al conocimiento que tenia de la existencia del señor. Estoy seguro de que no le faltará oportunidad de superar el apóstol en aquello que él creía prudencia de la negación. Prevarica vostede, no obstante, hoy,apenas dos veces contra nuestro amo.

Una, creyendo que el señor es un ignorante de los dogmas de fe y no cree en los sabios consejos que brotaban de la fuente popular cuando le avisaran que su pueblo había transformado el euro en becerro de oro, y los suyos, arones de las autonomías gobernados por fieles seguidores de la fe popular, mantenían la lengua en barbecho para evitarle mayores disgustos en las noches frías del retiro en la cumbre del Sinaí.  Solo así le sería imposible oír el zumbido de la avispa que en la tierra hasta los sordos que quieran escuchar la oyen y ven.

La segunda, es el colmo por lo que se puede deducir como es la tela de araña que pone usted en el camino de las moscas para ver si en ella posa la vela de la señora Carmen y sale fuego de su fulguroso picado de abeja africana, eso sí, no sin antes la hallamos despojado de su dulce miel.

Fumo no vispeiro, home, que as bruxas veñen a velas.

miércoles, 11 de enero de 2012

¡MAMÁ, MAMÁ, MAMÁ!


Yo primero lo siento y después me pongo a pensar, estimado amigo conde. El fantasma del alzhaimer me sigue o persigue desde que supe, por mi hermana, que mi madre vivía su último año de vida acosada por el mal del olvido. Desde entonces, vivo concentrado, no sin cierto alarme, en los desquicios que esta mi vieja memoria pueda causar.

Quería asegurarle que mi memoria ha sido formada por lo vivido y no por el relevo de lo que me han transmitido, pero al pensar ese sentimiento veo que estaría mintiendo, y yo jamás miento, aunque la razón me convenza de que ninguna verdad pura jamás yo haya dicho.

Observo el rio de mi vida fluyendo suavemente, oigo el susurro de las hojas movidas por el viento, oigo los pájaros, oigo las ramas de arboles, veo un carro de vacas chirriando su  eje al subir al monte. El barro cede a mi paso por la ribera del río. Reina el silencio… la paz. Y, de pronto… algo cambia en mi interior. Es como decir ¡Oh, sí, me he olvidado!

Pero no, lo recuerdo todo para al momento olvidarme de todo que he recordado. Cunde en mi los alarmes pero no el pánico. Respiro fondo para inspirar aliento que de respuesta a lo que me está pasando. Y el alma responde en silencio:

- Hijo mío, lo que te pasa es lo que ya pasó. Anda, haz un esfuerzo para recordarlo.

Y yo recuerdo, por la distancia en que todo se olvida, aquel momento que me puse a andar por mis propios pies.  Era noche en la calle Magdalena. La obscuridad del cuarto en que yo dormía era iluminada por una tenue luz amarilla. Desperté  y vi que a mi lado no había nadie para mimarme. Era yo solo en un espacio habitado por cuatro. No recuerdo si bajé o caí de la cama. Me recuerdo andando de gatas hacia un sillón de mimbre gitano posado al lado de la ventana. Con mucho esfuerzo subí a su descanso y, erizado por los pies, mi cabeza niveló la marquesina para ver lo que la cortina ocultaba al otro lado.

Mis retinas grabaron la flamante bandera de España. Brillaba en su seda el rojo oro por el reflejo de una luz amarilla que había en el crucero de la plaza Cotón, diáfana hoy en mi memoria como el cielo azul de la ribera en días de primavera. Pero me vi solo en el reflejo de la imagen que la vida espejaba en el cristal de la ventana. Nadie en la calle, nadie en el cuartel, solo Cristo en el crucero y una música celestial que me alcanzaba en forma de eco.

En la soledad de un instante de los dieciocho meses vividos quise imitar el eco que subía de la plaza de España a la calle de arriba. Era el día de la Junquera.  Y yo grité, con toda potencia de mi pecho infantil, el nombre que yo sabía que era de mi madre: ¡Mamá, Mamá, Mamá!

Y seguiré por este mundo siempre cantando el nombre de mi madre, hasta que el reflujo de tanta lágrima amena me ahogue en los recuerdos de mi dulce pasado.

domingo, 8 de enero de 2012

VALOR DEL RIESGO


Riesgo.
Debemos explicar la verdad como la vemos, pero nunca debemos evitar mirar más  allá de esa verdad y ver como ella se comporta, pues la experiencia nos enseña como son imperfectas muchas verdades del pasado.

El lucro de pocos tiene en su contrapartida el prejuicio de muchos. Eso lo sabe el general cuando decide ganar una singular guerra. En un mundo en permanente riesgo pretendemos cubrir la incerteza con un manto seguro y nos olvidamos de los riesgos que esconde el manto.

Los modelos económicos se apoyan en infinitas abstracciones para destacar una incerteza y elevarla al pódium de dependiente perfecto de una variable autónoma con sus probabilidades establecidas a priori.

Buscando dar personalidad propia al lucro y justificar su existencia, John R. Hicks, premio nobel 1972 junto con Kenneth J. Arrow, distingue dos partes en las cuales se integran todos los elementos que componen el precio de un producto. En un lado están los elementos remunerados (salarios, alquileres, intereses, impuestos, etc.), todos determinados contractualmente antes del resultado de la producción. En el otro lado, dependiendo del suceso de la empresa, aparece el lucro. Ninguno de los dos está exento de riesgos. No obstante, el segundo lado está compuesto por un residuo de la producción que puede ser positivo (lucro) o negativo (prejuicio). A este residuo se llega solamente después que todos los pagamentos contractuales hayan sido efectuados.

Hicks consigue agradar el ente capitalista recurriendo, como lo hacen todos los economistas, a la abstracción de algunas ideas para dar cuerpo de verdad al concepto lucro. Al dividir la empresa en dos partes,  retira importancia estratégica al salario y demás componentes amparados por la seguridad de un contrato, y se la ofrece en bandeja de plata al capitalista, quien, en la mejor hipótesis, deberá contentarse con un residuo.

No cabe cualquier duda que toda empresa tiene en la línea del horizonte un enorme foso donde se alberga el riesgo. No resta duda también que los empleados participan de esa duda sobre el riesgo, que con el tiempo se transforma para ellos en certeza de prejuicio cuando los elementos de poder se inclinan por la manutención del lucro, incluso aumentándolo bajo el nombre poco flexible de austeridad.

Por otro lado, el lucro tiene nombre propio y dirección segura, a la que puede llegar por el lado de una excelente nómina, otorgada por la empresa a un gestor ‘empleado’ para minimizar intencionalmente el lucro y ampliar el riesgo contractual por la eminencia de un residuo perjudicial a una enorme masa de accionistas minoritarios, todos olvidados en el reparto de la buena empanada cuando la empresa goza de éxito, o llamados a contribuir con su desgracia familiar cuando por obra de una mala gestión del capital aplicado la empresa se muestra en quiebra contable.

Agente compensador
Todos los bienes económicos se interrelacionan en el interés de los consumidores. Esto implica en la necesidad de un esfuerzo enorme cuando deseamos conocer el precio justo (de equilibrio) de una determinada mercancía. El esfuerzo se complica cuando se sabe que también el esfuerzo interfiere en la solución que objetivamos encontrar. Y todo que complica acaba aumentando el riesgo de un mal resultado.
El riesgo es consecuencia de lo que se opone a alguna certeza que se pueda avalar con cálculos de probabilidad  arrancados de la teoría estadística. La incerteza en su estado original no se puede medir, se manifiesta por ocurrencias repentinas al sabor de lo imponderable.

Una situación de certeza relativa aparece después que todos los factores de producción, incluyendo la remuneración exagerada de algunos altos cargos (ejemplos en el sector financiero y en la política).
El residuo de toda esa compleja operación productiva aparece al final de un periodo en la forma de un saldo en la balanza que la pesa. Siendo superavitaria, el destino lógico puede seguir el camino del hoyo para producción de más capital. Siendo deficitaria, se apelará a los empleados y socios minoritarios a que compensen la ausencia de lucros con los ahorros de su trabajo. Si el apelo no estimula las contribuciones voluntarias, el palo corto y mano larga del Estado hará su papel de agente compensador.

Seguro
Definiendo el lucro como el valor que se arranca de la clase que lo produce (más valía de Marx o residuo sacado de las incertezas de Hicks), parece prudente desarrollar esfuerzo adecuado para minorar lo impredecible de esa incerteza y eliminar los riesgos inherentes a un emprendimiento específico.
Lo efectos de un veneno se atajan aplicando dosis del mismo veneno, al que llamamos antídoto. Así los seguros aparecieron como respuesta al miedo de acabar envenenados por el residuo de un resultado deficitario.

Dicen que el seguro muere viejo. Muy prudente es el saber popular que admite por bien seguro  que no existe nada que pueda anular el riesgo de un activo o pasivo financiero sacado al viento de los residuos empresariales. Pero, ahí llegan los ingleses y, por aquello de que es para ingles ver, nos hacen sentir el frio de la cobertura que ellos llaman hedge y nosotros pensamos que sirve para cubrir el cuerpo cuando a la empresa falta calor.

Por su capacidad de tapadillo, esa cobertura (hedge) sirve para comprar y vender activos financieros cuyo riesgo se pretende encubrir. La cobertura es un manto contable que da la impresión al comprador de que está adquiriendo un derecho futuro de tener un ingreso y no sabe en que futuro brotará su liquidez.

Los activos financieros representan la ilusión de un conejo corriendo atrás de una vistosa y plástica zanahoria. Mejor para la ilusión del conejo será que nunca la alcance, porque si de ella se aprovecha lo pasará muy mal. Infelizmente, por la brutalidad interna del producto bruto, hoy vemos como millones de desempleados, corriendo desesperados atrás de la zanahoria, viven atragantados por la inseguridad que había en sus activos financieros, mal amparados por un cobertor que apenas estaba apto a cubrir la cabeza, cuando se sabe que el frio entra por los pies.

Por un lucro seguro
Toda empresa capitalista, diferente, en tesis, de la empresa socialista, se constituye por su vocación al lucro. Todo en ella se desarrolla en defensa del lucro y, para el suceso de la defensa, buscan eliminar el riesgo creando nuevos riesgos que no podemos prevenir. Fue así que nació el Acto Seguro de 1933, retirado del rescaldo de la quiebra de 1939 para ofrecer cara buena a lo que se hacia durante la fase mala de la Gran Depresión y acabó engendrando el fondo monetario internacional.

Por la defensa de la seguridad andamos todos muy seguros por las calles de este nuestro mundo aldea. Podemos tener una vivienda y vivir en ella muy seguros de que nadie  la irá tirar por lo que reza nuestro derecho al trabajo y el deber constitucional de trabajar, o aquel otro derecho que garantiza la inviolabilidad del domicilio, el honor personal y de la familia.

Ataque
Hasta aquí ya vimos lo suficiente para saber que la seguridad, que nos ampara y pretende eliminar el riesgo, funciona como una tercera pierna pintada en purpurina, pero que al momento que la verdadera pierna falla, la de oros requiebra y se parte para mostrar la polilla que en su interior habitaba.

Se hace necesario ampliar la seguridad de la renta para que el capital no sufra de los ataques que la naturaleza de las personas promueve de tiempos en tiempos contra tan artificioso invento. El cooperativismo ya fue considerado un instrumento de defensa del capital, debido a que los resultados de la actividad económica de un grupo de empresarios se reparten entre todos, todos trabajan unidos y son solidarios cuando adviene la adversidad.

Este tipo de seguridad no satisface al capital interesado en constituir poder por derecho del monopolio o del oligopolio connivente y organizado. El capitalismo salvaje busca protección en la propia selva que el desea dominar. Por esta razón monta un chiringuito bancario en todas las ciudades, villas y aldeas; ofrece crédito a tortas y derechas a la paisanía, y los paisanos compran deuda a destajo. En poco tiempo, la deuda se hace gigante y se transforma en pasivo insostenible. Concentrados los activos en pocas manos, la gestión puede mejorarse porque la seguridad del capital pasa a ser defendida por el honor del deber de la numerosa clase ofendida por la insolencia del activo dominante.

Competitividad
- ¿De que cuero sale mejor correa? – pregunta uno.

- De aquel que haya engordado más en menos tiempo y con menos comida – responde otro.

Habrá pues que aseriar la competitividad del pasto para arrancar más pasta al cuero. Pero no olvidemos de tener a mano antídoto eficiente para protegerse contra la inseguridad natural de una mala leche. Es antídoto hecho para dar seguridad al capital privado; es un veneno que se ha inyectado en pequeñas y repetidas dosis en la piel del estado animal. De esa pequeñez se retiran anticuerpos que serán muy bien aplicados en el combate a los cuerpos contaminados por las toxinas del veneno capital.

Capital y Valor
Allá por la casa de los años 30 del siglo pasado, John Hicks explicaba que no se podía entender el valor sin saber lo que significa el capital. Fue algo extraordinario para la mente económica de la primera mitad del siglo.  Se sabía, como yo lo supe cuarenta años después al chaparme en los pensamientos de Adam Smith y David Ricardo, que el capital hacia parte de la tierra y del trabajo que en ella se daba todo que producía valor útil a las personas. Según Hicks, no es bien así.

Al abordar la teoría del capital debemos distinguir tres lados de posible abordaje: en un extremo vemos un modelo completamente desintegrado,  donde los bienes de capital adquieren precio según la voluntad de la mano invisible del mercado; el tiempo como factor de valor va adquiriendo cuerpo en la medida que el mercado se consolida. En otro extremo, el modelo de producción se ve perfectamente integrado y la transferencia al mercado no ocurre antes que el proceso termine. Es el llamado modelo austriaco por el cual el tiempo se vende explícitamente como elemento esencial de la producción. Entre los dos extremos (popa y proa) existen un modelo  en que el bien capital se distingue de un bien de consumo por el hecho de que el primero facilita la producción de algo destinado a un mercado que lo digiere y destruye. Por abstracción de un personal foco, pasaron a dividir la economía en dos sectores: el que produce y el que gasta. A todo esfuerzo que es capaz de producir riqueza le llaman Capital. A la voracidad que destruye esa riqueza denominan Consumo. Del punto de vista macro económico y por las limitaciones de la aldea global se evidencia que ambos sectores son instrumentos de un proceso que está en continua transformación.

 Conocemos algunos insumos del proceso y sabemos que interactúan para formar el producto humano en cantidades que retroalimentan y aceleran dramáticamente el proceso. La organización del sistema económico y el esfuerzo realizado para sostener ese esfuerzo aplicado en un modelo u otro no pasa de un velo que acaba nublando la visión del producto final. De acuerdo con la permeabilidad de ese velo y de los colores que por el pasan, el capital pasó a definirse como un flujo de excedentes del sistema productivo,  al que debe pagarse una tasa determinada fuera del proceso. Esa tasa se hace concreta por la tasa de interés del dinero, la cual viene determinada por un acuerdo entre la demanda y oferta del dinero que se haga necesario a la manutención de la seguridad del proceso productivo.

A pesar del enorme esfuerzo de Hicks,  yo continúo sin saber lo que es capital en el mundo de dimensión global, no obstante, el velo nos lo hace ver en forma de dinero. Y el dinero pasa a adquirir la belleza que despierta la ilusión de asistir la danza del vientre, en sus múltiples desplazamientos, con vueltas y reviravueltas de la cadera para destacar el ombligo, cuando el deseo del zorro no es ver lo que está atrás del velo y sí desplumar la dulce bailarina.

Celebración
Soy feliz de encontrarme hoy aquí y no me preguntes más por qué, ya corre en mis venas la emoción de ver como hoy estoy mejor.

El euro fue indexado en US$ 0,89 en el día siguiente a su estreno en 2002. En julio de 2008 el euro no se cambiaba por menos de 1,4599. Y todo parecía normal. En 2011 el euro unificaba la moneda de 17 países e integraba la razón de más 330 millones de personas. En plena crisis, para desbancar el euro el mundo tiene que tener un buen motivo para cambiarlo por US$ 1,288. El euro cae frente al dólar pero sube en el mercado del euro y los italianos tuvieron que ofrecer 1,07 por cada euro y obtener más euros para emprestar a los bancos, para que los bancos empresten a las empresas, para que las empresas vayan comprar dólares, y los dólares caminarán por el reto en dirección al culo como forma de inversión de los negocios y para que el interés bruto ultrapase todas las ganancias de los pobres necios que sueñan ser ricos.

Si para tantas operaciones necesitan mucho trabajo, los bancos habrán de contentarse. Pero si pueden transaccionar sin una gota de sudor, mandarán al carajo todo y cualquier trabajo y que se joda la deuda soberana, pues bien saben que el trabajo es castigo de dios y ellos, siendo más adelantados y listo, no necesitaran de ninguno de los dos.

Por el valor del riesgo, la solución para la crisis de la deuda europea está muy lejos de ser conseguida. El euro no está en crisis,  lo que está en crisis es la deuda en dólares que la europa del euro ha contraído con los bancos del mundo. Los banqueros lo saben y se aprovechan para arrancar tajo al flujo descoordinado de caja. Y ese derecho, a la ventaja de quien sabe y conoce, alguien tendrá que pagarla. - ¿Quién? … ¿Quien?... ¿Quién? – Yo no puedo, tú no puedes, ¡pues que ellos se vallan a la barranquilla de las islas caimán y ver si allí celebran mejor el VALOR DEL RIESGO!






jueves, 5 de enero de 2012

ADULTO OBSCENO



En marzo de 1961, cuando todavía yo no había 21 años, pero con una profunda experiencia de vida dedicada a la labor diaria de ayudar mis padres en los gastos de mi sustentación, salí de puntitas del pueblo, por el camino de la avenida Finisterre, a una interrogante emigración. No fue merito exclusivo mío, ni mucho menos defecto de genética en transmutación, una onda gigante arrancaba de los penedos de la costa mortal los percebes de la siembra hecha a toque de sirena de una paz transitoria. Éramos los niños de la ilusión futura de un franco dictador. El mundo era nuestro destino, fue mi destino, como antes lo había sido para muchos de mis amigos y amigas de quinta semejante (María Jesús, Antonio, José, Juan Manuel, Juan José, Guillermo, Héctor, Jaime, Carlos, Jorge, Fernando, Leonardo, Juan Francisco, Agustín, Enrique y muchos otros que la memoria falla en recordarlos), todos perfectamente alfabetizados y con conocimientos formales que nos habilitaban al ejerció de cualquier trabajo que tuviera oferta disponible en cualquier lugar del mundo. El saldo de esta memoria, al final de un largo periodo productivo, muestra un equilibrio sostenible. Algunos detienen los ahorros obtenidos por el merito de trabajar arduamente en la construcción, otros, en el campo de la medicina, en la industria automovilística,  en la imprenta pública,  en la marina mercante, en la educación universitaria, en fin, todos dedicados al arte humano de poder vivir la vida con decencia y la honra de una moral de la que todos nos sentimos satisfechos de poder transmitirla a nuestros hijos y nietos.

Buscábamos fuera de la costa las oportunidades que aquí pulsaban latentes y,  con la tenacidad de acero, indispensable a la vida dura de un emigrante, por aquí podíamos transformarnos en floreciente ferralla y así lucir la política de los difíciles años de la edad de ferro.

Con inusual tesón y muchísimas horas de trabajo nos fuimos constituyendo en un imperio capaz de facturar, presumo, casi dos mil euros per cápita al mes. Escandalosa fortuna si comparada con los más de 33 millones e euros mensuales facturados por el rey de Hierros Añon. Y mucho más escandaloso si observamos que en el haber de esta multitud de paisanos amigos de la costa mortal existe un depósito de contribución social que ya excede en 30 años todo esfuerzo productivo sacado del cultivo de una buena laracha, excelente cavaqueira o buena conversa del señor a quien el amigo conde atribuye cualidades de excelente trilero y que  ha confesado que, en un sector poco doado, menos del uno por ciento consigue haber alguna suerte.  Pero habela haina, y la suerte se haya presente en cualquier juego de lotería y no podría haberla menos en el arte trilero.

La lectura del hoy universarista conde despierta en mi un ligero complejo de viejo obsceno, al recordar como yo y mi amigo Antonio ganamos dinero  (más o menos diez duros) arrancados del astuto mejuto, cuando en una fiesta  (¿1954?) en la aldea de Pereiriña quería tirar de nosotros, sus vecinos,  los únicos cinco duros destinados a durar todo el verano. Sabíamos donde estaba la bolita porque el trilero astuto la descubría para arrebatarlos en doblo en la jugada que yo y Antonio no quisimos realizar.

miércoles, 4 de enero de 2012

DISPARATADO LLORO


A tiros de disparate, caustica vostede, amigo conde, un humorismo jocoso, y lo hace hoy con la solidez sinuosa de los modelos económicos que dan refuerzo a las labores cuotidianas de los eméritos plumeros, entre los cuales se posiciona este su humilde lector, premio Amado, admirante de la suave cordura del loro Foderico, vigilante de la resurgencia verbalista del dragón Nero y otros alpinistas asentados en la cumbre de Pindoschan, todos autores de sentimentales gallofas al ritmo diario de la ternura histórica y la ansiedad imperativa que nos empurra hacia la comicidad fantástica del drama actual.

El melodrama de la acción bancaria no tiene parangón en la historia gallega. Eso no quiere decir que sus compositores hayan agotado el genio que desde el interior de la lámpara mágica ilumina la esencia del interés bancario. Alí Baba sabe tirar de los muchos depositantes el secreto de la palabra mágica que abre los cofres. Cuando vivíamos por la misericordia del señor no había herencia para consumirla y así nos consumíamos en el caudal de cara dura, amañando el asno de nuestra ambición con sobras de la misericordia, nuestro único capital.

El abracadabra mágico nos hizo herederos de la fortuna de Adam y pasamos a gastarla con el ansia de quien cree que todo se acaba hoy y el mañana puede nacer muerto. El futuro puede ser duda para el sentido de nuestra gran humildad pero no parece serlo en la razón del ente bancario y, así, ellos se descojonan con lágrimas de risa ante nuestro dislate por haberles dado la guardia de tantos intereses.


Es un hecho comprobado que los beneficios de la banca son todos derivados de actos legales y practicados en el riguroso pudor de la justicia, sabiamente  encantada por el deber de dar gracia a lo que se escribe en la cuenta de la ley. Por la seriedad de sus gestos, ellos no se ríen de nadie. Están amparados por la norma que los protegen y también por la empírica prudencia que en el alma lleva un soldado para no hablar del cabo y este del sargento, y este de lo esto y de lo otro, hasta alcanzar la cumbre soberbia de quien todo lo manda.

Por los idos y oídos de la edad media sabemos que llamaban usura a la práctica de cobrar intereses por el dinero. Ero algo legalmente prohibido y podía conducir el protestante de la ilegalidad (amparado, eso sí, por la santa inquisición) a la estertora voracidad del fuego eterno en dominio público.

La legalidad cambia con el tiempo y hoy llamamos usura a la devolución del préstamo ilegal que te ha dado un amigo para salvarte del interés legal amañado por el banco.

Por la justa razón de lo que creen justo, el cacique financiero de un macro mercado expone sus austeras razones:
CET – Coste efectivo total:
De financiación,      660,34 % al año.
Parcelas de compras con intereses,    265,06 % al año
Pago de cuentas,    53,23 % al año.

Lloren ustedes conmigo, amigos del conde y también amigos míos,  las disparatadas que se podrán practicar por la costa morta, pues yo siento como podré sentirlas por un simple descuido de la razón que con la edad parece querer huir del dominio de mi voluntad,  sin algodón que lo remedie.

domingo, 1 de enero de 2012

ODA

Arrumbados
Se hace necesario mirar el horizonte por el fulcro de nuestros ojos para encontrar el rumbo capaz de conducir nuestros firmes propósitos al idealismo de un puerto un poco más seguro que este en que nos hemos encallado después del boom de la construcción civil y el descalabro financiero que ha dejado un cauce extremamente minado para el cruce de la frágil galera. Reducir el número de unidades administrativas en la provincia coruñesa parece ser un objetivo de don Diego Calvo para torcer la nariz de la barca y cambiarle el destino. Todos somos responsables por la administración y tanto monta en mea culpa los gestionados como los gestores. Cuando la nave se va al garete y todos quedamos atragantados con menos de un litro de agua en los pulmones no sobra ni el ronquido de una voz para echar culpa a nadie.

Es increíble que en pleno siglo de las luces la obscuridad todavía ronde los presupuestos municipales, dándoles ese exquisito olor de opacidad que tan poco ayuda al buen tempero de la virtuosa transparencia. En la calada nocturna muchas veces empujamos el tren para ponerlo en situación que parezca posible financiar una obra, que sabemos no podrá andar porque el carril a su frente está retorcido y no se han previsto de que forma saldrán los recursos para arreglarlo, o toda vía peor, cuando se constata que los raíles se cruzan delante y el tren está en movimiento ya no sobran fuerzas para contener su empuje. Tenemos un ejemplo en la desastrosa jornada de la casa de cultura de Cee y un poco más reciente el ancoradouro del puerto de Brens con un sumidero de 14,5 millones de euros, para no hablar en escala ligeramente mayor, del hercúleo taparrabos financiero del Gaias.

Una institución que no es capaz de transmitir todo lo que hace es por que poco hace o es incapaz de saber lo que hace. Luego, de buen arbitre sería vestirlo con el mato del sudario y ofrecer a las diputaciones el RIP de un eterno descanso, sufragado por los nostálgicos del pasado.

Kuznet
Por el esfuerzo de establecer firme relación entre algunos elemento del conocimiento económico, Simon Kuznets fue agraciado con el premio nobel de Ciencias económicas en 1971.
Como todo en la vida, la economía se alimenta de cualquier algo que pueda ayudarla en su desarrollo, que pueda sostener la madurez y, si posible, que permita la reproducción y multiplicación por los siglos de los siglos y por ahí adelante.

Una buena ayuda a este propósito económico es la interacción de lo que se teoriza con lo que se observa, para ver si hay correspondencia entre lo que se predica y lo que se practica.

La contabilidad general es un instrumento precioso para el registro de la actividad humana, consigue con relativa precisión fotograbar los diversos momentos del flujo económico. Esas instantáneas, puestas a rodar en la máquina de Luis Lumier, permiten que el economista haga rescate del pasado, entienda el presente y, si obtiene suceso en aquello que le parece explicable, prediga  el futuro. Algo tan simple y sencillo como la labor de un profeta, siempre que acierta jamás erra.

Bolas
Desde la infancia todo sujeto económico aprende  a hacer cuentas. Bajo la sombra de los árboles plataneros, en el paseo de la única plaza que había en la villa de Cee, yo aprendí a contar las bolas que perdía o ganaba en un  juego  que nos entusiasmaba durante el tiempo que duraba. Y duraba todo el tiempo que fuese necesario para que uno ganase todas las bolas y el otro quedase frustrado, con pelotas pero sin bolas. Como mi madre no era muy afecta al ahorro por la vía del juego, se me ocurrió dar protección a mis ganancias depositándolas en una caja que, a modo de nido de pájaro, yo deposité en la horquilla formada por dos gallos de un árbol bien crecido en el atrio, entre la casa del cura y la iglesia de nuestra señora de la Junquera.

Algunos años, muchos años, después, a título de curiosidad, retorné al banco en que había depositado toda mi riqueza infantil.  Excuso tener que decir que allí no había bolas, ni nido y ni siquiera había árbol. La economía del bienestar la había papado todo y, en su lugar, una losa de piedra escondía los recuerdos de mi vida infantil.

Memoria
Como todo en la vida, también la economía se sostiene en los recuerdos de imágenes pasadas. Es un sostenimiento interdependiente puesto que los recuerdos registrados por la contabilidad perduran todo el tiempo que puedan ser narrados por el economista. La teoría económica desarrolla modelos extraídos de la vida real y los expone en el marco de la economía descriptiva con tintas y matices a la que la realidad busca adaptarse cuando los colores le agradan. Las cuentas nacionales resumen los niveles añadidos del producto, el ingreso, el ahorro, el consumo y la inversión en la economía. La política económica estudia eses movimientos y busca darles explicación dentro de los parámetros de sus propios instrumentos e intereses, lo cual, por su vez, despierta el deseo de nuevas posibilidades descriptivas del empirismo económico.

Crisis
Durante la crisis de los años 30 el mundo no disponía registros contables moderadamente confiables. Simón Kutznes por un ejercicio de adivinación creía que la economía estadounidense se había encogido 40 % entre 1929 y 1932. En 1941 Keynes mostraba a los ingleses un cuadro que exhibía la producción del Reino Unido y los recursos utilizados para conseguirla, algo tosco y burdo que con el tiempo y la labor de mucha gente interesada se iría perfeccionando.

Hoy el sistema europeo de cuentas nacionales y regionales de la comunidad pretende hacer galardón de cuentas normalizadas para exhibir información comparable y fiable sobre la estructura y la evolución de la situación económica de los países que componen la Unión Europea.

Cuentas
Las cuentas nacionales son para el dirigente político lo mismo que la carta náutica lo es para el capitán de un buque. Ambas ofrecen detalles sobre la navegabilidad, del buque o del país, mostrando en escala deseada la profundidad de la deuda, los riesgos de navegar por tan peligrosa cuenta, los posibles puertos de refugio, etc.

Las cuentas nacionales también muestran como la nave  va gestionada económicamente en su conjunto por medio del análisis de su carga (PIB), la fermentación del dinero (inflación), tasa de crecimiento de las ratas (usura), cantidad de marineros (empleo), recogidos de naufragios (desempleados), lista de niños, mujeres y viejos que podrán ser arrojados al mar (viejos, primero, las mujeres después y por último, los niños) en la hipótesis de que el buque corra riesgo de zozobra (seguridad social y un sálvese quien pueda), etc.

Las cuentas nacionales nos permiten medir como se reparten los peces (ingresos) retirados de la mar entre todos que van a bordo de la nave. El índice de Gini es la herramienta que los economistas han inventado para tal menester. En ese requisito  nuestra nave boga por la onda de 0,32 ginis, en una marejada a la que se atribuye el valor máximo de 1 (catástrofe del monopolio)  y la mínima altura de cero (bonanza perfecta). Con la evolución de la crisis y un capitán resuelto a cortar el mal por la raíz, un gurú economicista, en su pesimismo profético viendo como las cosas van, anunciaría la evolución del índice gini a una altura estratosférico con el consuelo de saber que la contabilidad comparativa ya registra tal fenómeno en el cabo de la buena esperanza.

Marejada
Algunos dirán que navegamos bajo los vientos de un ciclón y que todo pasará cuando el viento se canse de soplar. Nos mareamos por el vaivén de ligeras oscilaciones del mar económico. La producción (PIB) continúa creciendo abrazado a una tasa muy elevada de paro. No paga la pena saber que puede crecer mucho más aún con menos trabajo.

De momento avanzamos en movimiento moderado para adaptarnos a la prosperidad económica. Los periodos de prosperidad en un ciclo económico los identificamos por la fuerza expansiva de los negocios. Cuando el crecimiento de esa fuerza descansa, nos apresuramos a decir que nuestro humor camina bajo el influjo de la depresión. Y así acabamos conociendo los flujos y reflujos de la actividad económica, que en otras palabras también conocemos como menopausia o ciclo de negocios.

La idea se aclara un poco para aquellos que hemos conocido la ribera en la Costa da Morte: sobre la onda de una resaca a nuestras playas llegan toda la caca que se deposita por los 310 kilómetros del rio Miño y alcanzan el finisterre después de un bravo vendaval. Pero nuestro corazón no alberga apenas todo lo bueno y malo que se produce a orillas del Sil y del Miño, por aquí también llega mucha cosa que se produce y desprecia en los 97 mil kilómetros cuadrados de la cuenca del Duero.

Oporto nos la remite porque no la quiere en su puerto. La remisión se procesa en ciclos anuales y yo lo sabia con relativa precisión por la voz de una radio que lanzaba sus ondas en dirección a la ventana de mi casa, al pie de la ría de Cee. En la expansión de la resaca no solo aumentaba el detrito como también aumentaba el trabajo de retirarlo de la ribera. No había inflación porque nadie pagaba un patacón por el trabajo. Se trabajaba por un mero ejercicio de la ocupación en algo que distrajese el estómago en sus habituales ronroneos a cuenta del hambre.

Castigo
No luchamos en la segunda guerra mundial pero fue como si la perdiéramos pues los problemas crecieron después que se firmó la paz. A partir de ahí fuimos castigados con el látigo de la inflación a la que se le añadía el ojo del gobierno que no permitía dar valor al sueldo y compensar la distancia que separaba el cuerpo hambriento de su ansia de trabajar.

Noté que algo se hacia estable en el ciclo de la miseria. El credo se rezaba todos los días, una vez por la mañana y otra vez por la tarde. No había falsedad en las oraciones, se oraba con mucha fe y esperanza en la caridad de un ciclo diferente, rezábamos para que Dios cambiase el estado de nuestra pobreza y llegasen tiempos nuevos vestidos de azul. Era todo que se podía pedir después de un tormentoso cielo gris y la correspondiente depresión que causara aquel fresco vendaval procedente del noroeste. Infelizmente los ciclos económicos son más engañosos que los ciclos del tiempo. En economía no se puede predecir cuando va ser invierno o si habrá verano en el próximo año. Recesión y crecimiento ocurren en intervalos irregulares y pueden extenderse por muchos periodos del tiempo. La recesión de 82 duró pocos meses y fue seguida por un periodo de crecimiento que duró muchos años.

Los ciclos
Los ciclos económicos muestran la fuerza de su ocurrencia pero los economistas no consiguen ver razones que alimenten la violencia de los ciclos endemoniados. Lo tienen todo bien marcadito en las cuentas nacionales y hay suficientes instrumentos para observar el menor desvío de la normalidad y tajar el mal por la raíz sin tener que destruir los lazos que nos unen a la tierra. La normalidad puede ser perturbada por muchas razones que también son normales en la historia del pensamiento humano Una intención de guerra surgida al capricho puede indicar un desvío normal de la normalidad. Las guerras dan mucho trabajo y retienen el crecimiento demográfico. Las guerras bien contabilizadas acaban mostrando un PIB en elevación,  lo que irá estimular la demanda por activos bélicos, medallas al mérito  y un ejército de curas para cuidar de las almas y rezar por los muertos. El optimismo de la victoria acabará estimulado el placer de poder disfrutarla y esto aumentara la demanda por bienes y servicios antes represados. El optimismo desmedido fuerza la producción a un nivel poco confortable y peligroso. Adviene el cansancio y, con él, una caída de la motivación para marcar el punto de inflexión y seguir creciendo a ritmo decreciente hasta el topo de la curva, de la cual y a seguir caemos en velocidad alucinada.

Producción
Para producir, las empresas utilizan la tierra, el capital, el trabajo y su capacidad de gestión, que so denominados factores de producción de la economía. La tierra se remunera con renta, el capital con interés, el trabajo con salario, la capacidad empresarial con beneficios y la mala leche de algunos políticos, con impuestos y restricciones al derecho al trabajo y morada.

La contabilidad nacional objetiva dar respuesta a algunas preguntas, como por ejemplo las siguientes:
¿Cual es la finalidad de la producción, para quien se produce y a cambio de que?
¿Como se produce la riqueza y quien la produce?

Sabemos que la riqueza se mide por las unidades adecuadas a cada producto que componen la producción, en cantidades de peso y volumen valorizados de acuerdo con los precios practicados en el mercado. La suma total de esos precios determinan el valor total de la producción (PIB)

El cambio
Sabemos que en los momentos de crisis proliferan las ideas que producen los cambios. Y los cambios no sabemos si serán buenos o fatalmente malos. Adherimos al cambio simplemente por la voluntad que nos presiona a salir de una situación muy incomoda y con perspectiva nula de solución.  
                                                  
Vivimos momentos de continuidad muy graves. Los instrumentos económicos son muchos y variados pero no consiguen dar respuesta a las sutilezas del mercado que superan con creces la capacidad técnica de cualquier equipo económico.

¿Y, entonces? – me preguntaba una noche el águila amiga, en un día que volábamos lado a lado tergiversando sobre asuntos de política y economía.

Cuando la ballena, mamífero marino, después de un tiempo sumergido, se queda sin aire vuelve a la superficie, vacía los pulmones cargados de aire venenoso, respira profundamente, intenta volar como un pájaro y, no consiguiendo atornillarse al espacio, cae pesadamente sobre la levedad y flexibilidad del líquido que le da alberge. A seguir, vuelve a sumergir para alternar necesidades del pulmón con las necesidades del estómago.

Herramientas
Las necesidades del hombre son mucho más complejas. Ya fueron condensadas en cinco niveles: fisiológicas, de seguridad, necesidades sociales, auto-estima y de realización. Cada nivel alberga infinitos matices y cuando una necesidad especifica queda satisfecha siempre aparece otra más intensa y con solución más difícil.

Las herramientas que la contabilidad ofrece a la política están bien definidas en la normativa a la que la UE llegó siguiendo la trilla de muchos estudiosos en el asunto,  como  Adam Smith, David Ricardo, Keynes, Ragnar Anton, Samuelson, Kuznets y, presentemente, Soraya. El problema ahora no está en como la contabilidad es capaz de prevenir los desvíos de la normalidad. El problema está en saber cuales son las necesidades intrínsecas del equipo económico y ver si ellas modulan con los intereses varios y variables de la magnífica oda de la nona sinfonía.