Los fatos y fundamento jurídico
del pedido (art. 282, inciso III CPC) fueran completados con un BO anexado a la
Inicial, así como declaración de llamadas hechas por el querellante a la
policía militar. Ocurre que el BO anexado es un fraude. Ninguna información del
BO, absolutamente ninguna corresponde a la persona del querellado. Ninguna de
las supuestas llamadas a la policía militar fue confirmada en juicio.
Con respecto al ítem IV, el pedido con sus especificaciones, así quedó
labrado:
A la luz de lo expedido, restó
ampliamente demostrado la tipicidad de la conducta practicada por el querellado,
siendo que requiere que el mismo sea condenado en las penas de los artículos
139 y 140 del Código Penal, considerando las consecuencias del artículo 141 del
mismo diploma legal considerando que el querellado es viejo con 69 años y que
la difamación y la injuria sufridas fueron hechas delante de extraños con el
firme propósito de perjudicar el querellante, como medida de entera justicia.
Válganos Dios, cuanta verborragia
concentrada en un suco de asuntos penales, verbosidad capaz de engasgar a
cualquier uno que lo beba, tanto por la mitad llena de mentiras como por la
otra mitad, vacía y sin una sombra de verdad. Resumiendo, por una presunta
declaración de que “el servicio fue mal hecho” el causador de esa desgracia
bien hecha exige que el poder público encarcele durante un mínimo de dos años
un viejo más viejo que el querellante. Hombre, habremos de convenir que si la
fibra coronaria del viejo más viejo no está en orden y, de si acatada la orden
por el juez, el resultado sería un piripaque
mortal y el forense escribiría en la ficha de óbito : “morreu de repente”, o la
otra homóloga “morte morrida”, cuando a bien de la verdad de un cuento en que
todo es mentira la muerte vino matada, ceifada la vida con la guadaña de una sentencia
criminal.
Para el ítem V, valor de la causa, no hay
cualquier información lo que sugiere que ningún valor debía tener la supuesta
ofensa hecha al supuesto ofendido, cirujano protestante y emérito tiradentes.
Em
El item VI, pruebas com que el autor pretende demostrar la verdad de los
hechos, el querellante, yendo al cúmulo de la locura, así las expone.
Expedición
de oficio a la Policia Militar para que fornezca histórico de todas llamadas
efectuadas por el querellante al número 190.
BO
anexado (El mismo que constituye fraude documental)
Dos
testimonios con nombres falsos y un tercero que, bajo juramento para decir la
verdad, empezó y terminó mintiendo.
Em
26 de enero de 2012, el representante del ministerio público se manifiesta de
la siguiente forma:
MM.
Juez.
En
primer lugar, requiero emende el querellante la inicial con la finalidad de especificar
las ofensas recibidas y que puedan configurar cada uno de los crímenes imputados
al querellado (calumnia, injuria y difamación) sin lo que no es posible evaluar
si hubo, de hecho, configuración de delitos contra la honra.
Em 02/02/12, Conclusión:
Hago estes actos conclusos a la MM Jueza Substituta Remsiltel.
El
proceso recibe número con quince dígitos. Finaliza con un “Intímese para los fines
requeridos”.
El hecho
generatriz de la queja-crimen lo encuentro en el 3º parágrafo del folio 3,
donde el querellante afirma:
“Pasado más de un año
del último servicio, el querellado volvió nuevamente al consultorio reclamando
y ofendiendo el profesional diciendo que el
servicio había sido mal hecho”.
“el
servicio había sido mal hecho”. ¡Valla con el argumento y su
poderosa fuerza para dar existencia a un caso penal!
Pero
sigamos en el devaneo de mis reflexiones.
Considerando
que el recibo fue firmado en 20/09/2011, se hace forzoso establecer en estas
transparentes reflexiones que el hecho debe haber ocurrido allá por agosto del
año 2012. Poco importando si fue mes más o mes menos, es suficiente entender que
la precisión aproximada del hecho ha hecho de la inicial una profecía a consustanciarse un año más tarde, exactamente
un mes después de la sentencia decurrente de la queja haber sido proferida en
juzgado (23 de agosto de 2012 – fl. 288).
No
obstante, en el 5º. párrafo del folio 3 el querellante contradice lo arriba
expuesto para afirmar una nueva versión del supuesto hecho criminoso.
“Después
de este desarchivo en 14.11.2011, el querellante ingresó con una injusta persecución
contra el querellado que se vio obligado a accionar reiteradas veces la policía a través del número one nain null
con la finalidad de tentar cohibir las
ofensas e injurias livianamente proferidas
por el querellante”.
Perdón,
ocurrió un ligero error de la reflexión ya que justo es esclarecer que no hubo
contradicción en tal párrafo, pues deja bien claro que la persecución ocurrió
después del mes de noviembre, ciertamente compatible con el hecho supuestamente
ocurrido en agosto de 2012, mucho después de haber sido registrado la supuesta
queja-crimen, desencadenadora de tan fatídico proceso de la promoción de un pastor
cirujano (o cirujano pastor, ¿qué más da?)
Continuando en la reflexión de mis
observaciones, el querellante afirma:
En el mismo día el querellante estaba realizando
tratamiento en un paciente cuando el timbre del consultorio tocó y al atender
la puerta se sorprendió con el querellado tentando invadir el consultorio
hablando palabras ofensivas al profesional depreciando su trabajo y al saber
que había un paciente en la sala quedó aún más alterado y aumentó aún más el tono
de la voz continuando a proferir improperios con el objetivo de tornar no
dudosa su ira.
En
el mismo día (14/11/2011) …
Sherlock Holmes preguntaría: ¿de mañana o
de tarde?
Habiendo el querellante determinado la
hora aproximada, la farsa denunciosa desplomaría por su propio peso. El rigor
procesual exige la precisión temporal del hecho criminoso. De hecho, la falsa
víctima, si de hecho fuese victima verdadera y no producto de un cuento, tenía
elementos suficientes para ofrecer precisión temporal a un hecho que habiendo
sido real fue descrito de forma mentirosa, a saber: su trabajo es programado
con hora marcada en una agenda; por ley, debía existir una nota fiscal dando
cobertura al pago hecho por el paciente; eventualmente, debía existir un
justificante laboral para el paciente (empleado de una empresa privada). Por
otro lado, mi amigo Sherlock se preguntaría: Porque el querellado, al saber que
había otro paciente quedaría más alterado?
Durante un longo tratamiento del maxilar
superior, el querellante jamás fue sorprendido por el querellado. Ahora,
comprometido el principio de confianza y fe, la sorpresa pasaba a minar la
conciencia profesional y religiosa del querellante pastor, que veía con cierta
preocupación como el querellado cordero iba perdiendo su natural ingenuidad y
confianza en el trabajo que el querellante realizaba en su boca.
Excelencias, hemos de convenir que es
inadmisible cualquier inicial de queja crimen que no permita la exacta
comprensión sobre la controversia que en ella se establece.
¿Qué palabras fueron aquellas que tanto
ofendieran el decoro y la dignidad del profesional cirujano pastor?
Sin mucho esfuerzo y sin necesidad de
utilizar lupa, apenas con su famoso cachimbo, Sherlock vería una prótesis, partida
en tres pedazos por acción de un extractor -saca pinos – aplicado por el
querellante sobre supuestos implantes, implantados por la ciencia de su
conocimiento y que ahora exhibían la triste apariencia de clavos oxidados. La
visión de esta triste maravilla de la ciencia odontológica ciertamente deprecia
el trabajo de quien lo ha hecho.
En su defensa el querellante podría negar
que el querellado jamás fuera su paciente. No lo hizo. No podía hacerlo aunque
quisiera. No obstante, a través de un boletín policial, el querellante tentó
inducir testimonios para que pensasen que el digno cirujano, pastor religioso,
estaba siendo agredido por una cabra, un loco vagabundo o cualquier otro
elemento de alguna fauna salvaje y trastornada. Solo así, mi amigo Sigmund
Freud, con su puro habano, establecería razones psicoanalíticas para llevar el pastor cirujano a proferir
sentencias sin el menor cuño ofensivo,
como “Demonio, Satanás, cobarde, cagón, yo te mato” y otros improperios de la
propiedad de su fuero religioso, en nada comparables con la denuncia crimen,
fundamentada en una supuesta declaración de que su servicio había sido mal
hecho.
¡Cosas de la excelencia metafísica!
Es
más, delante de tan divina divinidad del pastor de cabras, nadie de la justa
justicia pareció creer que no había el menor indicio de que delante de tan
desastroso resultado de un servicio “muy bien hecho” podría contaminar la
razón, confianza y la buena fe de otros clientes, ni que el querellante,
plantador de clavos odontológicos, sería capaz de bordear la raya de la locura
y no hesitar, admitiendo que el ataque es la mejor defensa, en amenazar su
paciente y ahora querellado, quien de buena fe atendía a un llamado telefónico,
hecho por el proprio querellante, cirujano pastor de algún rebaño desgarrado. Con
el riesgo de caer por una ingreme escalera, arrojado por la furia manifiesta del
digno profesional, el querellado huyó sobre la amenaza de muerte y corrió hasta
conseguir refugio en la avenida, donde sintió seguridad en el gran número de personas
que allí transitaban.
Bajo el
título “Reflexión sobre un caso penal”, relato un pequeño cuento por el que
cuento hechos supuestamente ficticios, relatados por uno de los ficticios
protagonistas integrados en el cuento. Salvo el autor del cuento y por las
excepciones admitidas en la fantasía de quien los cuenta, todos los demás
personajes son imaginarios y, por tal desvarío, cualquier semejanza con nombres
y hechos de la vida real constituyen una feliz y cómica coincidencia entre lo
estúpido de la saña natural y lo jacarandoso de este infeliz cuento, que cuenta
un bochornoso drama de la vida real.
Proceso No. Null one/twenty twenty
REQUISITOS
DE LA SOLICITUD INICIAL como así lo cuenta el CPP.
Artículo 282 – En la
solicitud se hará constar:
I - el Juez o Tribunal, a
la que se dirige;
II - los nombres y
apellidos, estado civil, profesión, domicilio y residencia del demandante y del
demandado;
III - el hecho y el
fundamento jurídico de la solicitud;
IV - la solicitud de
acuerdo con sus especificaciones;
V - el valor de la
demanda;
VI - la evidencia de que
el autor tiene la intención de demostrar la verdad de los hechos denunciados;
VII - la solicitud para
cita de la parte demandada.
Bien asentadas las premisas arriba expuestas, a seguir siguen
mis reflexiones reflejadas en el cuento:
I - La solicitud
inicial, en régimen de URGENCIA, fue dirigida al excelentísimo doctor juez,
presidente del juzgado especial criminal de una ciudad santa de un santo
cualquiera.
II - De
salida, con respecto a la sección II, hay un error en la nacionalidad, la
profesión y en el registro del documento de identidad de la parte demandada.
Para decir la verdad en este cuento que nada tiene de mentira (por eso es
cuento), el error fue supuestamente intencional para producir algunos efectos y
más tarde recibir el complemento deseado bajo el control de quien cree que, con
dinero, la materialidad se compone o se corrompe
para producir una verdad pura que, en la esencia de su impureza, jamás dejaría de
ser una insignificante mentira.
III - El
hecho y el fundamento jurídico de la solicitud tuvieron un extraño inicio con
el rescate del proceso 6301/9991, por el cual el demandante tuvo la audacia de
proponer acción de cobranza contra el querellado, cuando de hecho era el
querellante quien debía dinero al querellado, como quedó demostrado en los
autos del referido proceso, tramitado en el Tribunal Civil de la ciudad santa de un santo
cualquiera en la isla de Santa Cruz.
En la causa de pedir
así se expresa el querellante:
“Aproximadamente
tres años atrás el querellado procuró el querellante nuevamente solicitando
nuevo tratamiento ..., consternado con el cuadro presentado y la historia por
él narrada, inclusive pedido de disculpas al querellante, este aceptó realizar
el procedimiento y nuevamente parceló el pago”
Tal
narración, expuesta en 17/01/2012, sitúa lo narrado por vuelta de enero de
2009. Entretanto no presenta cualquier prueba
a justificar la data, ni siquiera un documento indispensable a la realización
de cualquier servicio, ni mucho menos una nota fiscal para declaración al
Fisco, cautela indispensable para evitar nueva condenación por indicios de evasión
fiscal.
El
querellado en su defensa declaró lo siguiente:
“ensimismado en mis
problemas, andaba yo por la calzada de la avenida a camino de mi residencia.
Fue una coincidencia el encuentro con el señor Jaime. Fui por él abordado, alegando que necesitaba
hablar conmigo. Le dije que yo venía de una clínica especializada, la cual me
recomendaba rehacer todo el servicio hecho por el referido prestador de
servicios, ahora querellante. Fui invitado a subir en su consultorio para
analizar se procedía la recomendación.
Después del análisis me dijo que él resolvería mi problema de salud con un pie
en la espalda (un modo de decir que mi problema tenía fácil solución). Fue agentada
la primera sesión, la cual dio origen al presupuesto registrado con data
14/01/08, firmado por el querellante.
Hubo otros
servicios, pagados en el acto sin cualquier ofrecimiento de comprobante del
valor recibido hasta que, por insistencia del cliente, le fue dado un recibo
firmado en 20/09/2011. Un día después, el querellante le llamaba al teléfono
ofreciendo devolución del dinero a cambio de que el paciente le devolviera el
recibo.
Ocurre
que, delante de la recusa para devolver el dicho recibo, su vida fue amenazada
y, habiendo el paciente huido de una situación extremamente peligrosa, el
ilustre querellante, pastor de una de las muchas iglesias evangélicas que proliferan
en la ciudad santa de un santo cualquiera, aparentemente especialista en artes
marciales, resolvió promover denunciación calumniosa trasvertido de víctima,
plasmado en una Queja-Crimen, la cual yo hago ahora objeto de mis reflexiones
en el desarrollo de este humilde cuento.
Este cuento
continuará después de haber escuchado la chacona en R menor, progresión harmónica
con el arreglo magnífico de mi amigo John Feeley.
A
terra tem um son diferente para cada recunco. É diferente no vale, distinto
no monte, cristalino na beirada dos rios,
almofadado no canto da néboa, abrumador no tropezo das ondas ao martillar as
rochas que lle dan a cara. O son nen sempre tem a origen que semella ter. Se a
orella non esta bem orientada, se o martelo que bate o junco non o faz no ritmo
adecuado, o son será diferente na sensibilidade de quen o escoita.
Este domingo, o próximo
pasado, tocoume a alma con a clásica morriña. Ela veio devagariño, entrando pólos
ouvidos com as orellas em posición de descanso, aquele descanso típico dos domingos
a gosto do mês que corre nestas longinguas corredoiras. A temperatura era amena,
perfeita para o corpo humano, rondando os 22º centigrados com o sol brilando uma hora antes do meio dia.
O son pareceume celestial, como deve ser cando um pasa ao outro lado da vida e
é recibido por anxos con o bico no soprete,
o fol no sovaco direito do gaiteiro e o punteiro posicionadeo na nostalgica
nota Re, a lle dar ao roncon o inconfundible son da terra, para min o son da
vaca fisterrana alertando os mariñeiros a rondar as lobeiras. O repique de um tambor
completaba o trio sonoro, requintado póla boa apariencia de dois rapaces,
típica aparência dos gaiteiros da miña terra. Se eu morrese naquele momento eu
pasaría a vivir moito feliz por recibir o premio do son otorgado a um humilde
emigrante galego.
A televisión estaba
ligada. Aproximeime a ela para ver se era a causante do son da terra. Non era. Procurei ver se había
radio encendido. Non habia. O moden da internet mostraba suas luces apagadas. O
son da gaita galega viña do lado de fora. Abrí a janela para cheirar o aire e senti
que arrecendia a perfume da miña terra. Entrome angustia no peito, unha aperta
que eu sentira alá pólo ano 1961, em agosto, em condicións semellantes de luz e
temperatura, depois de perceber a loucura del “Adios a mi España querida” que dentro da alma eu creia ser o nordes da
minha terra perceebeira.
Numa mistura de
alegria, abrumada com pingos de auga a brotar dos oios cansos, adoptei a resolución
que o momento pedia. Fui para a rua. Non habia ninguen. Eu moro numa rua que
estaba cheia de anxiños cando eu era o morador mais joven. Hoje eu sou o mais
vello, os anxiños creceran e foron emigrando para outras nubes. Eu pela experiência
da emigración resisto a cometer a mesma loucura que eu fichen no pasado. Cando
eu sali por primeira vez foi porque eu non tiña mais o que facer e, agora,
daqui non saio, daqui só deus me tira.
O son viña de unha rua
paralela à miña. Os gaiteiros non eran galegos, eran americanos da
Pensyilvania. Promovian nestas bandas do sur a religión das suas bandas do
norte. Non facia mal, alegreime do mismo xeito, pois se non é vero, pero parece,
o son chegou à forja dos meus ouvidos como si fose o son da miña terra. Foi
pena, pois se fosen galegos eu os convidaria a comer umha patacada ao forno,
regada com viño da terra neste meu fogar de Pindoschan.
Para
mim o tempo non era fator de impedimento cando o meu desejo era dar um mergullo
nas augas da ria. Podia facer chuva, podia facer sol, a miña mayor distración
era ler um livro nos bosques do colégio Fernando Blanco, subir aos montes da Armada
(donde era doado ver a geografia costeira destacando o cabo fisterra), mergullar nas augas do peirao novo (cando a
contaminación ainda era leve) ou nas augas do castillo de corcubión, cando a
ria só servia para fogar das miñocas.
O período entre o bom
e o ruim fui cultivado na miña memória durante 15 anos, entre 1945 e 1960.
O meu exílio voluntario
às colinas de São Paulo non impediran que eu frecuentase as águas do atlântico pelo
menos duas veces ao mês.
Eu me considero um español
moito privilegiado, souno pela gracia de deus. Durante moitos anos andei por
uma infinidade de praias (algumas habitadas por alguns índios esquecidos da
civilización, outras eram desertas) a bordo de um flamante besouro (escarabello),
que nem auga bebia e seu nome soaba a algo parecido com bobagen, o cual, ben traducido
do aleman, tiña sido criado para ser carro popular.
Lembro certa vez ter
entrado numa praia, onde no seu comenzo havia um forte. A curiosidade apertabame
a alma para coñecer onde terminaba. Rodei sobre as areias mais de duas horas, o
odometro registraba 80 kilómetros corridos cando atopei um rio atravesando a
areia. Retornei pela praia, pois não habia outro camiño permitido para a boa
andanza do meu escarabello alimentado com pistóns de 1300 cilindradas. Outros
carros facian o mesmo. Eran carros posantes, moi pesados, aquelas águias igualaziñas
ao coche do meu primo de Nova Yorque, que atascaba na calle de arriba no ano 48.
Era tempo de pleamar. A areia dura e firme, descuberta pela mareia baixa,
estaba coberta pela auga. Sobraba a area brilante e fofa, moi impropia para ser
andada pelas botas do coche posante. A dous carros o meu boi tirou da areia, um
terceiro foi abandonado cando a auga fixo um buraco e seus pés se
enterraron no lodazal feito pelo giro
das rodas, auxiliadas com a teimosia do motor, o qual era carregado com o doble
de cabalos em comparación com a cabalaria do meu modesto escarabajo.
Isto aconteceu ao sur
de um santo que eu adotaba como referencia para miñas rodadas exploratórias.
Seguindo a trilla do
norte, as praias eran mais pequenas, mais selvagens, mais formosas, moito mais peligrosas. Habia moitas maneiras
de um se perder: collido por um aluvión de barro e pedras durante um chaparón,
despencar de alguma ponte feita com troncos de arbol, ou enveredar por uma
trilla das moitas que habia na serra do mar e quedar perdido ata ser encontrado
pela divina providencia.
Yo soy un privilegiado, decia al principio
de esta silenciosa morriña. Pertenezco a esa clase de los 15 % de españoles hoy
vivos, que hemos vivido la gran fase de transición, de la era de la piedra a la
era del electron.
Estamos vivos y, a pesar que somos producto homo sapiens en
fase acelerada de extinción, ya van pensando como las autoridades del centro deberán
hacer para nos descartar.
Los extremos sobran, ha denunciado el papa al otro
extremo formado por jóvenes, que ven como el futuro podrá serles extremamente prejudicial.
Mal presagio en una playa con tres millones, saturando, con olores de
fritangas, cerveza y protectores solares, aquel delicioso sentimiento de
humanidad olvidada por el silencio de mi morriña.
Ya nada nos pertenece, ni
siquiera los dias son nuestros. ¡Ay, aquellos tiempos! cuando uno, al navegar
por las correduiras, encontraba otro que le decía: “Tenga usted muy buenos dias,
señor Ceeíbero” – “Lo pase usted bien, dotor Lires”, era la respuesta cariñosamente
modulada en aquellos otros días que, si bien parecían días nuestros, eran días
ajenos, emprestados de algún señor que, por su vez, se lo debía a otro y, este,
a otro, en una sucesión que envolvía la geografía de Perceebes para retornar al
noroeste, donde un eterno fresco, con general frecuencia, acariciaba nuestras
infantiles cabezas. Eran tiempos de la dura peseta que, nacida en la meseta, a
nosotros alcanzaba en subsidiaria fracción, a la que respectábamos bajo acuña de
patacón.
Nada resiste al paso del tiempo, del mismo modo que nada resistía cuando la cerradura
del bárbaro Uno estremecía el suelo con sus patadas, largas pero muy pesadas. Quizás
no tan pesadas como ciertas reflexiones refractivas de este sincero embustero(entiéndase,
en su ingenuo amable sentido entendido) pero, sí, suficientemente cara dura
para salir, ya noche obscura y en trote ligero, en defensa del señor Megalofes.
Megalofes en su megalomanía defiende la
tesis de que geografía no se escribe con xis. Megalofes corrientemente se
expresa en perfecto gallego, con palabras derivadas del portugués y acento
tecnológico brasileño. Megalofes es un idealista mal comprendido, ni siquiera
el sabio loro le entiende. Vamos ver como en esta difícil jornada yo salgo al
encuentro de este ilustre caballero para apearlo de su mula montaría y dejarlo
maniatado al gallego caballo, cruzado con dos palos inclinados, la romana X.
Si geografía se escribe con xis abría que
decir xisografia. Y aquí, ni en Luanda, ni en el Brasil, a nadie se le ocurre
discurrir tema alguno sobre xisografia. Habria que pensar en un grave error ortográfico
cometido por Megalofes. Pienso que él quería referirse a la gis, del latin
gipsum, pequeño cilindro de yeso que se deshace en polvo al rozarlo en un
encerado, al que Megalofes llamaría quadro negro. Pero yo se que Megalofes no cometería
tal desatino, pues todos, desde el Iapoque al Chui, sabemos ser Megalofes un
fiel respetador de la ortografía, y jamás atribuiría a un trozo de yeso la palabra
gis y sí la palabra giz, cuyo sonido brasileño, para efectos del oído gallego,
es indiferentemente idéntico, no obstante el brasileño las pronuncia con sutil
diferencia y así consigue diferenciar la tiza de la equis sin que a nadie se le
ocurra pensar en la Z del zorro (seta del sorro)
Para dirimir tan atroz querella debemos
recurrir a la etimología.
En tiempos
muy antiguos, cuando por aquí todos éramos iberos, la ortografía se resumía a dos palos
cruzados, uno vertical y el otro horizontal. Era cosa del homo sapiens en la
cueva de Altamira. Más tarde llegaron los celtas y, como sus palabras llegaban
desnudas de cualquier símbolo y el papiro solo servía para limpiar las
guarradas de la nudez, los riscos simbólicos de la cueva quedaron postergados para
la posteridad. Y todo corría lento y aburrido hasta que un romano aquí llego
con la espada en la mano y número de soldados contados por la cuenta de los
palos (I palo, II palos, dos palos inclinados con vértice apoyado en el suelo y
valor igual a cinco palos; dos palos inclinados, mutuamente dándose apoyo en el
centro, valían diez palos, y así sucesivamente). El palo duro combinado con
mano larga servía para todo. Y así llegamos por un camino científicamente
descrito al origen de la simbología romana, perfectamente entendible a los oídos
de Sartorio, bien asesorado por las orejas de su inteligente cabra. En un
contexto de lexicalización axiomática la externalidad extravagante de la
maximización xeografica, por uso y abuso de dos palos cruzados, exorciza el oxigeno
y en todo se mezcla para corromper el valor original del sentido etimológico.
Cuando los griegos llegaron con sus colonias al puerto de los palos, escribían γεωγραφία.
Como buenos vendedores de la marca Grecia, escribían geografía con y griega.
Por alguna razón desconocida, los romanos hablaban sobre el perímetro de su
imperio atribuyendo a la tierra la multiplicidad gráfica de la variedad.
Mucha disidía pueden ser resuelta con
abuso del sentido democrático. Los romanos fueron herederos de la cultura
griega y decidieron referirse al conocimiento de la tierra dándole el nombre de
geographia, por traducción en dos partes del origen griego.: geo = tierra,
grafia = descrición gráfica. Los
italianos, legítimo pueblo latino, han decidido con un pequeño retoque mantener
la palabra geografía. Los españoles, legítimos herederos de Roma y Grecia
(nuestra reina es griega y nuestro rey, romano), escribimos geografía con G cuando
podríamos haberlo escrito con J. Los ingleses, tercos como ellos mismos y
siempre caminando por la izquierda, escriben geography. Los franceses escriben
géographie, los alemanes igual a los franceses pero sin palo agudo sobre la
primera e. Recurrimos a a la unión de todas las lenguas, el esperanto, y vemos
que escriben geografio.
Forzoso es creer que cada uno escribe
como le da la gana. Pero más forzoso es caer en la tentación de que la palabra geografía
proviene del celta Xeojrafia y por el principio bífido de la lengua cruzada fue
adquiriendo corruptelas locales, entre las cuales la más original es XEOGRAFIA,
c.q.d. con mi más efusivo respecto a Megalofes.
Meus bos amigos, nesta
triste semana de comemoracións do apostol Santiago, no refugio da saudade, no cruze de um meridiano calquer com o capricordiano trópico, sufro xunto com vos
o amargor do cruel destino reservado póla fatalidade a esa veloz ave sin asas.
No interior de esse marvilloso ventre tecnológico, o tempo é digerido com
impresionante velocidade. O que antes era consumido lentamente, em intervalos
medidos pólo trote das patas de uma xunta cabalar, agora pode ser comido no
desenrrolar do tempo sobre a trilla metálica. Um estampido seguido de uma coluna de fumo
sobre o horizonte ceniza do clima normalmente chuvoso dos campos da estela,
marcaba o feito instantâneo de unha enorme tragédia. Unha motora moito loca
tracionaba outras que por deber de oficio debian-lle seguir os pasos. Um tramo
reto convidaba a correr. A dous centos kilómetros por hora, a forza centrifuga
debe ser impresionante cando a cabeza resolve frear numa curva. Esse efeito
conociamolo bem os rapazes da minha vila. Lembro a ledicia de organizar a
rapaciada das ruas de arriba e de abaixo numa coluna, asegurandose um ao outro pelas mans com a instrucion
de levar um mote depreciativo aquele que se soltaba. A cabeza corria em linha reta até alcanzar a
máxima velocidade. A seguir, paraba girando sobre o seu proprio eixo. Infaliblemente,
da metatade até o rabo, todos iban ao chan.
Perdoenme, infelizmente
este é o relato groseiro do acontecido.
Moitas outras cousas se diran, neñuma será capaz de amortiguar o impato da dor
sobre os feridos e de aqueles que perderan entes querido.
Hoxe,
o tema de outros dias, entre lero e leria, vai de leiras. No meu fogar de
pindoschan o chan é escaso, entrementes, onde debia ter um tellado tem um solo
rebozado com planchas porcelanizadas. Peor que o solo pisado pólas patas do huno, o
chan do meu fogar mal reproduce algum rizoma de alguma bacteria perdida no vento.
Era do meu interes aproveitar tan singular potencial. Enton, quere es poder, xá
o dicia miña naiciña, entonces puxen a man no altercado para construir vasos com
área de meio metro cadrado e profundidade de acordo com o ancho dos azulexos,
os mais baratos e disponibles para construción. O resultado é uma leira suspensa
con meio metro de ancho por seis de largo. Produz tomate cereixa, pimentos de Hebron,
lechugas, brócoli, hortelã, um pe de laranxa cravo e uma infinidade de brotos
de outras plantas desejosas de compartir a sua existência com a vida de este
modesto ceeíbero da costa da morte.
En este ambiente propicio a la meditación,
resignado por la casi imposibilidad de que mi querer se haga poder, cierro los
ojos para poder ver con toda claridad como desfilan, por los recuerdos del alma,
palomas y gaviotas, los peces de la ria, los caballos, mulas y burros en los días
de ferias; las golondrinas en vuelo raso con gatos queriendo derrumbarlas; el
lobo en el monte, el zorro vigilando un gallinero, un guardia de guardia y
limpiando el caño de su fusil; yo mismo, niño curioso, buscado en mi
entendimiento alguna razón para lo que veía. Razones, que si alguna he creído
encontrar, ya no bastan para poder entender como a cierta edad todo se consume
con extrema rapidez y poca agilidad.
Así se expresa mi buen amigo LUIS en la
columna del compañero
conde:
“Según el puñetero loro Foderico la
corruptela, nos viene asociada al billete de quinientos euros.
Quinientos euros son ochenta y tres
mil y pico de pesetitas rubias.
Una peseta rubia pesa tres gramos y
medio.
Ochenta y tres mil y pico pesetitas
multiplicadas por tres gramos y medio hacen un saco, bolsa, o paquete de
trescientos kilos.
Para pasear un saco de trescientos
kilos hace falta una carretilla eléctrica.
Diez billetitos de quinientos euros
equivalen a tres toneladas de pesetitas rubias. Ya hace falta un pequeño
camión.
Cien billetitos de quinientos euros,
al cambio oficial una miseria de comisión donación o pequeña mordida, serían
treinta toneladas de pesetitas rubias. Se precisaría un camión de gran tonelaje.
Si revisamos el listado autonómico
veríamos que, solamente, con el trasiego local, daríamos trabajo a mogollón de
camiones que están parados y podríamos fabricar carretillas, carros remolque,
camiones, e incluso barcos.
¡Recuperemos la peseta y la vergüenza!.”
Recuperemos
la peseta y la vergüenza…
Aunque
sea prácticamente imposible recuperar la peseta, la vergüenza una vez perdida
jamás será encontrada. Sin inversiones para prevenir la salud y con la diestra
emulando lo siniestro, el desfile del tiempo sigue un peligroso rumbo y nos
induce a pensar, con vana esperanza, sobre todo lo que estamos viendo. “Tal es
la confusión, tamaño y ominosos los silencios, tremendas las contradicciones, disparatadas
y confusas no pocas declaraciones” que ya vamos creyentes de la necesidad de
una radical reforma. Pero qué razones son esas que indujeron el venerado loro a
creer que con el peso de la peseta, un mogollón de camiones, carros y bueyes en el paro, dándoles movimiento la vergüenza
estará rescatada?
Los
de siempre, con los mismos recitales, vamos bordando el ciclo de la memoria en
una sucesión de encajes al buen estilo de las primas palilleras de Camariñas. Lo
que el viento se llevó al huerto no vuelve más. A cierta altura de la vida, los
sueños dejan de ser sueños cuando el ánimo adormecido mantiene el cuerpo
acordado en una sucesión de pesadillas.
Señoras
y señores, venimos aquí a cantar aquello que la historia no quiere recordar. El
que ahora es pobre, porque ni trabajo tiene para poderse ocupar, austero debe ser
en el arte de chupar los dedos y más austero deberá ser cuando la barriga encoja
y el ser sin haber sido despierte con el deseo de comer las uñas. Haciendo frio,
el estiércol calentará los hogares. Habiendo calor, lo exportaremos al norte
para derretir los glaciales. Por la competencia que nos quieren atribuir,
seremos muy productivos cuando todos estemos parados. He aquí la solución para
llegar a la eternidad pues, con todo parado, el tiempo no existe. Y si el
tiempo no existe, la esperanza se congela, el crítico encoje y el mundo, sin
razones para mover la razón, estalla para dar vida a un nuevo ciclo. Un ciclo de
cara al sol con camisa nueva que fue vieja ayer.
Del
cáñamo hacemos la flauta para que del soplo se produzca la congoja capaz de
sensibilizar los druidas celtas, especialistas en prácticas adivinatorias. Así reclamaba
Marco Tulio, declamando al senado de la república cuando se esperaba un
puñetazo sobre el Estado: Quosque tándem abutere, Catilina, patientia nostra? Traducido
en buen gallego diríamos: cando, Mariano, iras ao Congreso para explicar a nosa
paciencia?
Que
importa si el obrero muere? La culpa será del trabajador altivo por mostrar su
valor vivo, insolencia de un poder impotente queriendo macular la ley del
patrón rico en tierra destrozada. Recordemos como escaseaba la comida cuando la
peseta en su valor bajaba. Vamos, mujer, volvamos al camino. Con pan y vino
todo se aclara y si la cosa se pone obscura no pidamos nada, solo respuestas limpias,
claras como el agua. Siete días esperamos, no será mucho para una vida de
esperanza. Será a gusto en el día de agosto ¡Pero qué infierno parece cuando no
hay pan en la mesa y el crio llora de hambre! Dirán que dejemos de tanta
comedia, pues mejor será vivir callado que ahogados de tanto llorar. Cinco
millones de obreros, todos parados, una generación vendida para un futuro desgraciado.
Señoras
y señores, aquí termina el cuento que yo cuento a la villa de mi santa María.
Ahora, con mucho respecto, les pediría que escuchen la canción de despedida:
Ustedes
que ya escucharon la historia que se contó, no queden ahí parados pensando que
ya pasó; no pasa por el recuerdo, por el canto no pasará; no basta todo el
lamento, miremos la realidad.
Mi motivación en pro de este video son las
centenas de veces que yo me vi obligado a respirar el humo de carburos metálicos,
subiendo la cuesta de Brens que le hacía frontera. Algunos dirán que no debía ser
muy malo, por el hecho de que yo consigo acordarme después de más de medio
siglo de haber sufrido aquel horror.
Yo tengo el privilegio de haber nadado en
las aguas limpias de la maravillosa playa de Brens, de haber compartido el sol
con mis padres en sus arenas cristalinas y, infelizmente, de haber reparado en
el primer flujo del primer lodo viscoso, inicialmente surgiendo de la arena
como si un manantial fuese y, después, como un riego continuo que aumentaba su
caudal con el pasar del tiempo. Los nietos de mis padres jamás pudieron compartir
la belleza ecológica ofrecida por la ría de Cee en todo su contorno natural.
Pena para nuestra conciencia.
Mi mundo se descompone, y lo descompuesto
difícilmente se compone. Aunque mis ojos ya vayan perdiendo su natural sentido
del poco que les sobra, me hacen sentir el buen sentido y la buena cordura de
los promotores de la defensa de nuestro patrio suelo. El oro, mismo siendo un
metal precioso, no paga la pena para que nuestros nietos, con sus ojos en perfectamente
funcionamiento, sientan la amargura de no poder ver la belleza que Dios ha reservado
a los hijos de Galicia.
Sobre la tierra caminando, la mayor
cumbre por mi alcanzada tenía la altura de 1500 metros. Clima suave y aire
oxigenado para hacer rejuvenecer el derecho de haber nacido humano.
Algunas otras veces subí mucho más alto,
más alto que las nubes, más alto que el aire cálido que hace soportable la vida
en esta amada caverna de mi vieja altamira. A mi derecha, a través de la
escotilla podía yo observar cuan frágil la vida es en la Tierra y rogaba a dios
que el dolor no me fuere indiferente, que la reseca muerte no me encontrase en
el vacío, solo y sin haber hecho lo suficiente para huir del engaño y vivir
desahuciado por haber trillado en cultura diferente.
Me
dice que le han dicho que toda persona recorre un camino a lo largo de su vida.
Es un camino en que todo cambia: cambia lo superficial, también lo profundo;
cambia el modo de pensar, todo cambia en este mundo. Cambia el clima con los
años, el más fino brillante en su brillo cambia. Cambia el rumbo el caminante,
no es extraño que todo arriba cambie cuando cambia lo que está abajo. Pero no
cambia mi amor por más viejo que parezca y más lejos que me encuentre, ni el
recuerdo, ni el dolor de mi pueblo y de mi gente.
El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos.
En cada encuentro, en cada cuento hay siempre un pedazo de razón y otro tanto de emoción. Por eso hay gente que
va por el camino y canta una, diez o mil
veces la canción que alienta nuestro mal vivir, queriendo seguir sin muchos
tropiezos hasta el sendero del trapecio final.
Un día de los idos pasados volví al
pueblo, busque el árbol que había plantado en un glorioso día del árbol, en el
primer año de la segunda paz mundial. Reviví mi primer premio en el salón de
actos del colegio fundacional. Subí a los montes y baje por sus laderas, en un descenso pausado
con sólido bastón de mano. Alcancé el mar. Por la blanda arena que lame el océano
su pequeña huella no vuelve más. Un palco profundo de pena y silencio habría
sus cortinas para el lento descenso, un camino de pena y silencio, envuelto en
espumas de angustia, arrullado por el canto de caracolas marinas hasta el fondo
del mar. Cinco sirenas me llevan por caminos de algas y coral, fosforescentes caballos
marinos hacen ronda a mi lado, sobre las marolas soplan las velas para que los
años azotados por viento y sal requiebren el alma y, ciego de amor, me lleven
dormido al más allá… como la Alfonsina vestida de mar.
Acompañado, el camino se sigue más a
gusto, y con menos disgusto el camino se hace más suave, ni más alegre ni más
divertido, apenas suave.
Tengo un amigo, más que amigo yo diría
vecino de cuarenta o más años. En cierta ocasión, cuando este país tenía 90
millones en acción para gritar vitoria a su selección, ese mi amigo era
responsable por el departamento de patentes de la empresa en que ambos (él, yo
y muchos otros) trabajábamos.
La profesión con registro académico de
aquel joven era abogado (que por estas bandas se escribe advogado). La mía
estaba registrada como proyectista (aquí, projetista) de automóviles. A mi
dieron la incumbencia de proyectar la puerta trasera de un nuevo modelo de
coche. Este coche seria un medio político para que el director de filial
alemana obtuviera fama de buen administrador y de buen técnico y, así, merecería
la presidencia de la matriz. La tarea de proyectar la puerta sobre planos de
producción era relativamente simple. Bisagras y elementos de suspensión serian
los tradicionales utilizados por la empresa.
Ocurre que el modelo de coche era deportivo, estilizado de modo a
ofrecer la menor resistencia al viento.
La ventana de los pasajeros en el banco
trasero prácticamente se confundía con el vidrio de la puerta elevadiza
trasera. Mal había espacio para estructuración de los suportes de abertura.
Mismo así, adoptando las restricciones de materiales disponibles, completé el
proyecto obedeciendo los parámetros establecidos.
Vi que la obra no era buena. Mi
conciencia es bipolar, siendo que amboslospolos se neutralizan en el ecuador de
mi existencia para dar base a mi concepto de ética y la moral que refuerza y da
sustentación a mis acciones. En plazo acordado por redes PERT los planos de mi
proyecto fueron enviados a la división de construcción de herramientas con el
objetivo de dar forma material a mi idea y reproducirla tantas veces cuantas el
mercado solicitase. Vi que la obra no siendo buena su parte mala seria
descubierta por el consumidor y este demostraría su insatisfacción por un proyecto
incapaz de haber visto lo que él, consumidor con sus ojos sanos, estaba viendo.
Decidí denunciar las maldades (que algunos dirían flaquezas del proyecto) a mis
superiores, entre los que estaban un ingeniero alemán, presidente de filial y
futuro presidente de la organización mundial de la empresa alemana.
Curiosamente, la restricción para uso de resortes que no fuesen los tradicionales
(barra de torsión en el proyecto sobre mi responsabilidad) habían salido de los
parámetros para desarrollo determinados por aquél competente ingeniero.
Inicialmente constreñido por una falla
puntual en la concepción de un modelo deportivo y moderno, al presidente le
sobró juego de cintura para disculparse, agradecerme y engrandecerme para, a
seguir, afirmar que yo era el responsable por esa parte del proyecto y, ya que
había descubierto una grave falla, a mi cabría buscar la solución y aplicarla
con todas las consecuencias para mi futuro profesional.
La idea que sustituyo la barra de
torsión, muelles helicoidales, muelles de torsión, etc., fue el amortiguador
que hoy todos los coches utilizan para finalidad semejante. La idea podía ser objeto
de patente, pero mi amigo, el abogado responsable por patentes, dormía a la
sombra de los laureles ofrecidos por una carrera que, al obtener diploma, a él
le parecía el fin, y no, como generalmente
ocurre, un medio que le posicionaría en la condición de un ejemplar Sísifo.
Cuando una comisión de Alemania preguntó
las razones de no haber sido patentizada la idea de este vuestro humilde servidor,
gallego por la gracia de dios y el fuego de mis padres, fue descubierta la
inacción de un hombre muy bien pagado para obrar acción. Fue dimitido sin que
supiera las razones de su dimisión. Hoy, ese hombre vive jubilado con un sueldo
mínimo que necesita superar con trabajo ocasional de abogado dativo.
A ese hombre lo veo caminar todos los días
acompañado de su perro. El perro de ese hombre tiene edad suficiente para haber
muerto hace dos años. Pero mi amigo cuida de él como si fuera un niño. Ambos
son niños con recíproco cariño. La mutua solidaridad entre ellos hace que la
soledad, determinada por la viejez de ambos animales, sea más llevadera que la
soledad en la que viven algunos de mis amigos emigrantes retornados a la
condición de gallegos, entre los cuales yo me incluiría si no hubiera percibido
los azares que acechaban en los tiempos del mal llamado bienestar ibérico.
Siendo uno de los últimos de mi
generación, que por hipótesis del cálculo medio podrá durar más diez años, no
más sin duda, considerando los efectos colaterales de un carcinoma prostático,
un ojo invadido por la tecnología del silicona, algunos implantes de tungsteno y alguna que otra
desgracia, que por el fin del ciclo vital siempre aparece a estos mortales descendientes,
como yo y mi venerado rey, de Adam y Eva.
Tanta pateticidad patente ya no me asusta.
Un día de estos pasados todo mi abdomen fue retallado en 60 láminas, todas
ellas arrancadas por tomografía computadorizada y expuestas en dos películas rectangulares
de 14 x 17 pulgadas. Quiero decir a mis grandes amigos, al yo corporal y al yo
etéreo, que lo que más me ha disgustado de este examen no fueron algunas maldades
que invaden mi cuerpo; muy a lo contrario, lo que realmente llama mi atención
es el relato de que mi bazo, páncreas y adrenal izquierdo están normales.
Hace cuatro años, después de una
internación de cuatro días, ocasionada por dolores intensos en el páncreas, exigían
mi firma para una intervención quirúrgica de urgencia. Los primeros socorros habían
eliminado el dolor y yo no conseguía entender porque me mantenían internado.
Negué mi aprobación y dejé de tomar los remedios que me administraban en el
hospital. Desde que salí del hospital nunca volví a sentir los dolores que me llevaran
a la internación. Pero las estampillas del retallado revelan a mi conciencia y
razón otro problema: Desde que fui operado del carcinoma sufro dolores
nocturnos en la región del vientre, exactamente entorno de la cicatriz que ha
dejado la puñalada tan cariñosamente ofrecida por cirujano amigo para extracción
de la próstata enemiga. Ese mal-estar nocturno al principio aparece como un
incomodo que desaparece con un simple levantar. Después de cuatro horas y de
haberme levantado cuatro veces, el incomodo viene en la forma de dolor. El
dolor yo aplaco levantándome a cada hora para andar un poco y beber agua. Esta
técnica para burlar el dolor cesa sus efectos después de tres horas. A partir
de ese momento una voz me dice: levántate, camina y no vuelvas a cama antes de
una hora. Para huir del dolor sigo esa orden misteriosa, y el dolor desaparece
por completo. Durante todo el tiempo que vivo en pie, ese particular dolor no
me ataca. Sé que existe, solamente cuando estoy acostado. Llego a pensar que en
mi vientre olvidaron tijeras, algodón o algún paño de limpieza. Para mi asombro, el relato extraído
de la tomografía computadorizada certifica haber cálculo de 1,4 cm en el riñón
izquierdo, algún divertículo cólico sin importancia y todo lo demás se muestran
en orden para una vida feliz.
Pato grande
Bueno, hombre, bueno. Dicen que solo saldremos
de la crisis con un gran pato. Un pato pequeño para mi seria un exagero grande.
Si lo como entero, presumo que mis venas se hincharían como un pez bolla. No
quiero imaginar lo que ocurriría a mis arterias si, dispuesto a aceptar el gran
pato, lo cocino en olla de presión y me
lo zampo solito, ¡Buuumquetequerobuuum! Y me voy al vinagre con mojo de tomate
rojo.
Habrá un cambio de rumbo, sin duda alguna:
un final de ciclo para el loro Foderico y los viejos que deseamos morir en paz.
No sería malo. ¿Por qué? porque los patos son aves como los loros y los viejos
somos animales como los patos. Como dice el doctor Fritz del Barcelona’s Clinic
, en todo hay un ay lloroso, componente humoral de todo bien y mal que nos rodea.
Es
por ese componente humoral que ahora vienen por las pensiones para salir de la
crisis. Si mi objetivo es luchar contra la presión sanguínea que azota la
corona y amenaza reventar el riego arterial que rodea el corazón, ¿qué
perspectiva tengo si el brazo del gobierno oprime el pecho y sus manos largas
se cierran en mi garganta para contraer el consumo de aire, pan y agua?. ¿No es
con la técnica de sucesivos y rítmicos aprietos de pecho, alternados con soplo
de aire en la boca, que conseguimos resucitar
un ahogado?
Y no digan que la reforma laboral que
viene para aumentar la edad de jubilación lo hace en aras de promover el bienestar económico del viejo. Para este, después
de un determinado tiempo, todo es igual,
y resulta ser lo mismo derecho que traidor… ¡ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador! Todos morimos y nadie morirá mejor, lo mismo un burro que un gran profesor. Así
lo dice la canción.
Y asi canta con su pico de oro el loro
Foderico la plegaria del TODOS CONOCEMOS:
“Todos conocemos perfectamente que el
pensionista cobra hoy si cotizó ayer.
Todos conocemos que hace años había cuatro cotizantes por pensionista.
Todos conocemos que hoy hay cotizante y medio por pensionista.
Todos conocemos que la pensión media está sobre los mil euros mes.
Todos conocemos que la aportación por cotizante no llega a esa
cantidad.
Todos conocemos que todos los meses aumenta el número de pensionistas.
Todos conocemos que aumenta el número de parados y seguirá aumentando.
Todos deberíamos conocer que el mundo ha cambiado.
Todos deberíamos conocer que el pan se debe ganar
con el sudor de nuestra frente
Todos deberíamos conocer que, el de enfrente, también tiene derecho a
ganarse su pan”
Mis más sinceros y cordiales afectos a mi gran amigo Loro.
Pobre
de mí que ya voy viejo y sigo pobre aun queriendo ser rico. He trabajado
muy duro desde los cinco años o, tal
vez, antes. He ingresado desde muy niño en las labores familiares. Lo hice
voluntariamente desde el momento en que percibí el cansancio de mi madre en las
labores diarias de buscar leña en el monte, lavar ropa de rodillas en el
rio, preparar comida en una tosca cocina
de piedra, de aquellas que habían sido modernas en su particular era de piedra
lascada, había sido ingeniada con una chimenea perfectamente dimensionada para
la salida de humo y permitía entrada simultanea de aquel predecible chaparrón
de primavera, que siempre llegaba en momento inoportuno para apagar el fuego y
aumentar la angustia de mi madre.
Sí, trabajé mucho y con mucho placer, la vida
entera.
Un día fui atacado por la fiebre de la
emigración, eran días en que esa fiebre
empesteaba el pueblo entero, las aldeas y adyacencias. No había antídoto contra
esa fiebre. No había suficiente oferta de trabajo para sustentar una familia
numerosa. El equilibrio ecológico era sostenido por las propias limitaciones de
la naturaleza; pescado abundante, berberechos a tirar, lechugas y berzas que mi
madre sembrara y yo recogía para ser cocidas a fuego lento. Un cerdo crecía aprisionado en un minúsculo
cocho, parecía feliz por sentir que su tocino reforzaría el caldo de invierno
de una familia en desarrollo. Y así yo fui creciendo hasta la pequeña altura
que tiene mi cuerpo entero. La base, muy sólida, fue leche, venida de la casa del camino, pan
de brona, hecho con maíz molido en el molino de piedra redonda movida por agua
clara en una casa obscura de la Lagarteira; de vez en cuando algunas sardinas
había, alguna vez o casi nunca, un trocito de jamón, orejas y filloas y un
delicioso pan de huevo, que solo mi madre sabia hacer, componían las delicias
de un buen vivir.
En un país diferente, en un continente
distinto, bajo el yugo de un sol tropical, yo obtuve mi primer trabajo pagado a
mes con sueldo horario. Mis cuentas decían que quince minutos diarios pagaban
la comida; una semana de trabajo pagaba un mes de pensión, un mes era más que
suficiente para pagar ropa y calzado para un año entero. Por un extraño milagro
de la inflación mi sueldo aumentaba todos los meses. Sentí que me sobraría
dinero y yo no tenía vicios para gastarlo. Se me ocurrió gastar una parte de la
pasta en algo que hoy llamaríamos inversión para educación. Yo necesitaba
invertir bastante, pues hablar mal hablaba, escribir yo escribía como lo hacía
un buen copista de la edad media y con los errores que un iniciante en la
alfabetización de cualquier lengua muy bien los sabe cometer. Fueron tiempos de
duras batallas en agua fría y sustos con bombas atómicas. De un lado, había mi
sentimiento de volver al palacio de mi santa Junquera, del otro lado estaba la
cartilla de la previdencia social, que muy bien me explicaba que con 35 años de
contribución a su fondo previdenciario yo adquiriría el derecho a vivir
eternamente feliz, con el premio agregado de un derecho a vivir libre del
castigo que Dios había dado a Adan y Eva, y que a mí había alcanzado por un extraño
legado genético y que ni el bautismo ni la primera comunión me habían librado.
El tiempo fue pasando y la jubilación me
alcanzó en el momento marcado. Derecho presumido serian de diez sueldos mínimos
en un momento que mi sueldo rozaba los treinta y mi edad no alcanzaba los
sesenta. De permanecer todo constate mi sueldo daba para vivir como yo y mi
familia vivíamos, histéricamente austeros, sin soberbia y ninguna sobra para
hacer regalos. Pero había una peste que a todos azotaba, la llamaban inflación
y lo que yo recibía ayer anoche bastante menos valía hoy de mañana. Entre otros
probables culpados, los jubilados llevaban la culpa por los graves desmandos de
la inflación. Eran momentos en que la inversión en mi conocimiento daba
resultados a la empresa. Se podía dar más y mejores resultados con menos
trabajo y menos dinero. Permaneciendo la demanda por bienes y servicios estable
pasó a sobrar trabajadores y la demisión con alto poder de fuego masivo pasó a
ocurrir en escala creciente.
Me llego el convite gracioso para mi
jubilación voluntaria. Me opuse con el vigor que hace la oposición que está
fuera del poder. Pero el argumento del poder que todo lo puede fue más vigoroso
que el argumento de mi sana conciencia, mi rendición vino por el argumento de
que por presión sindical los en condición de jubilación debían tener prioridad
en la lista de demitidos, a titulo, decían, de reducción de costes por sueldos
altos y mecanización del trabajo en todos los niveles de trabajo humano. Eso
ocurrió allá por el fin del siglo pasado, cuando el milenio estaba demasiado
viejo para continuar viviendo y un otro nuevo se aproximaba para dar cuenta del
relevo.
No
me causa extrañeza el hecho de que la reforma puesta en práctica por un partido
con poder de absolutismo, haya venido para criar condiciones espurias para
un régimen de sueldos miserables. Aunque de hecho tal fenómeno ya muestre
aguijones por toda la geografía ibérica, me permito dudar de la conclusión extraída
de tal premisa: no es verdad que el empleo vendrá a partir del derecho de
algunos para hacer esclavos a otros. El empleo, como lo hemos conocido a partir
del invento de la máquina a vapor, se ha evaporizado. Mismo el sector servicios,
creado como modismo para dar escape a la gran presión desempleante, va
perdiendo fuerza en escala progresiva y no es necesario ser un gran vidente
para ver como la máquina va sustituyendo la masa gris.
Entre tantas debilidades de la economía moderna,
su punto fuerte es aquel que nos da capacidad para inventar cosas nuevas, entiéndase
no nuevas formas de trabajo y sí ocupación noble y segura para la raza humana y
el medio ambiente en que nos integramos.
La solución jamás vendrá del desastre de
ese desastroso pensamiento que nos hace creer que la productividad aumenta con
la reducción de personas aplicadas en la producción de bienes y servicios en el
seno de la gran familia nacional. Tal pensamiento se haría verdadero de
mantener constante la producción y con los productores muriéndose por cualquier
razón (edad, cólera, suicidio o cualquier otra endemia mortal) No es lo que
ocurre en el mundo real en un espacio razonable del tiempo. Los sobrevivientes
de la gran reforma destructiva del trabajo humano van exigir algo más que una
arbitraria austeridad o, mismo, vanidosas manifestaciones políticas con las que
les quieren hacer creer que tal austeridad es un mal necesario para una economía
estable y no simplemente un eufemismo vulgar, sinónimo de miseria, enfermedad y
muerte.
“La
política económica actual es un inmenso error que conduce al desastre. Es
urgente un cambio radical y un plan de choque inmediato” Así hace eco Luis de otro Luis, con la pluma de su loro
inteligente, tan sabio como el Sancho Panza escudero de la triste figura, pero
un poco menos prudente.
La
idea de radical y plan de choque inmediato, a nosotros,
los bicudos sin alas, pero que sabemos de las penas viejas o supimos de
narradores presenciales como ellas volaban en los idos de una desastrosa guerra
civil, no nos parece sabia. De aquella
no eran loros, eran penas de golondrinas y nosotros, de aquella niños, preguntábamos
adonde irían tan veloces y fatigadas; veíamos como muchas extraviadas en el
viento buscaban abrigo.
Hoy vivimos por el mundo, perdidos. ¡Oh,
cielo santo! Los pobres viejos ya no podemos volar.
Mal tenía yo siete años y el idealismo de
mi carácter se estructuraba en el heroísmo de los personajes norteamericanos idealizados
por el toledano Marcial Lafuente Estefanía. Plomo en el cuerpo, Torrente, Rebelión y muchos otros que se leían en un suave tirón
de pocos días, era lectura que podíamos disponer a un accesible precio. Algo
sin duda posible, a pesar de los tiempos y de una costa norte-da-morte donde era permitido a los chavales que porfiábamos
en el querer construir nuestro propio futuro. Algunos en esa ardua construcción
hemos llegado a los días actuales, otros, probablemente algunos más que tantos,
han caído al hueco barreño de la obscuridad eterna. Los sobrevivientes en esta difícil
marcha de la vida vemos con mucha tristeza lo que nuestros antepasados veían en
su loca corrida por los valles y se atormentaban con desbarrancamentos de un
futuro que les parecía incierto.
El futuro ha llegado, se ha hecho
presente y el mañana ya no existe para muchos de nosotros. La verdad es que el
mundo se va saturando con tanta gente; de no prosperar el descubrimiento de
nuevos mundos, la tierra se vengará de nosotros y encargará la naturaleza de
hacer el trabajo que le corresponde hacer.
Dios ya no castiga el hombre con el
trabajo bruto de entonces, para muchas familias ni siquiera un poquitín de trabajo
le ha sido designado. Galicia pierde gente como perdieron los cartagineses de las
guerras púnicas o los celtas del norte africano. Los costamortiños estamos
fadados a desaparecer, y desapareceremos por cualquier motivo, entre los cuales
la emigración, a diferencia de entonces, será el más insignificante.
Por detrás de la curva austera acecha el
bloco de los que tienen poder que el dinero atribuye a sus dueños. Un poco de
ese poder, que antes se repartía en manos de ibéricos hispanos o ibéricos lusos,
ya no existe. A ningún ibero, sea presidente, ministro o rey, le es permitido acuñar
cualquier material para que sirva como símbolo fehaciente de reserva de valor,
instrumento de cambio o mercancía por muchos deseada.
¿Será?
Yo
creo que no. Las personas, serias, honestas y cumplidoras por tradición de sus deberes
siempre tendrán crédito de sus vecinos, y el crédito, bajo cualquier forma de
registro, significa valor para ser pagado con su recíproco valor en el futuro.
El gran dilema del crédito está en
aquella figura magistralmente representada por el inmortal Xespir (a quien los
ingleses llaman impropiamente Shakespeare), arrancada de los infortunios de un
mercador de Venecia:. A un ceelta costamortiño uno de fe hebraica le ofreció el
dinero que necesitaba para una aventura amorosa. La condición contractual seria
devolverlo en tiempo determinado, sin cualquier
adicción del interés que una religión permitía y la otra prohibía. Entre líneas,
como en el contrato de las preferentes, una clausula estipulaba que, de no
cumplirse la devolución del préstamo en la data determinada, la deuda seria
liquidada con apenas una libra de carne retirada de la parte del cuerpo del deudor
y que al creedor aplaciera. La deuda de España es impagable. La deuda de
Galicia jamás pagaremos. Todos sabemos que todos deben, conocemos el amigo que
nos ha ofrecido el crédito, pero ignoramos a quien este lo ha solicitado y, más
peor de malo, ignoramos, por algún interés de nuestra conciencia, el interés de la conciencia ajena. Si el contrato
reza una libra de carne, no lo duden, el acreedor vendrá por nuestro corazón. Esperémosloen el quirófano.
Vamos
ver, don Alfredo, si en una taza le sirven leche y sobre la leche le derraman
café, que es lo que usted tiene en la taza?
Un líquido que no es ni blanco ni marrón-obscuro
pero que a muchos sabe a dios y se la beben como si estuvieran en el cielo.
Lo mismo pasa con la lengua, y por tal fenómeno
de junción de dos o más líquidos se obtiene un otro sabor que, puesto en la
boca, cada uno revuelve la lengua a su propio antojo y estilo; algunos la
menean con churros, otros, con pan de maíz (en mis tiempos antiguos) o con pan de trigo,
como ocurre en estos tiempos modernos.
Y
ahora, ¿vamos discutir sabores y colores?
¿Todo negro? ¿Todo blanco? Sería el negro español más negro que el” black”
inglés o el blanco mas blanco que el “branco” portugués?
¡No, de ninguna manera! O, ¡sí, de todos
los modos! Cualquier respuesta nos metería a todos en un lio del que jamás
conseguiríamos desvincularnos.
No soy lingüista, pero tengo mi propia
lengua y de ella hago uso cuando me plazca. Se decir “merda” y dar a ese
vocablo el mismo sentido que el portugués y el gallego dan a esa palabra. Pero
si escribo palabra con “b”, como lo escribiría un docto castellano, un otro no
menos docto portugués me suspendería en una prueba para candidato a barrendero,
y yo, de ser joven sin empleo, vería mi futuro seriamente nublado, para no
referirlo como niger (del antiguo latin probablemente derivado de la raíz proto-indo-europeo
“nek”, obscuro, night, noche, noite). Pero no lamentemos lo malo, pues mucho
peor sería si escribiéramos “word “ con “b”
o war con “v”. Que locura, la” world war” nunca ocurriría
bajo el símbolo de “b” y nadie cantaría “Bictoria” o, si alguien se atreviera a
cantarla, sería, si seria fuese, un canto de sordomudos victoriosos.
Vivimos momentos de confronto entre lo
diacrónico y sincrónico. Los hunos se oponen a los otros sin cualquier razón
histórica capaz de sostener la fenomenal razón del momento actual. Por tal
confronto, los mundos de la real lengua y sus respectivos institutos se hacen
palco de lo que el americano Russ Rymer entendería irónicamente como escenario “encharcado con sangre de poetas, teólogos, filósofos,
filólogos, psicólogos, biólogos y neurólogos , además, no importa cuan plus poco fuere, del sangre extraído de los
nacionalistas gramaticales”.
El nahualt, perdón, el gallego diacrónico
tiene su fonética estructurada en la fonología y morfología arrancada de la
mesoiberia, allá por los años de Antonio,
quien, mira por donde, además de ser de Nebrija, mas de una vez en Salamanca y
otras tantas en Alcalá, se decía de Nebrixen, así con la xis que tanto ofende a
nuestro buen amigo megalofe o su correspondiente, en lengua bífida, Seselhe.
En
tal encrucillada de lingua partida eu vivo. Saussure salve las dos lenguas e Pindoschan me protexa da zurra que vou
levar. Fun!