sábado, 18 de diciembre de 2010

REGODEO

Por alusión, me suena a golpe en la cara con luvas de pelica. En una antigua reyerta, tuve el honor de desafiar el ilustre conde a una travesía entre el faro de Muxia y el faro de Camariñas. Había un premio bien definido para aquel que llegase primero. Si conde, mi castigo sería leer todos sus libros, que él dispondría gratuitamente para que yo los leyera. Si yo, debería comprometerme a leer todos los libros que conde había dispuesto para que yo gratuitamente los leyera. Por jueces y padrinos, tendríamos ambos los jueces y padrinos ubicados en el condado de Corcubión, a cuyos cuidados los ciudadanos de esta estupenda costa dejamos nuestras angustias cuando el augusto adversario resuelve saltar la cerca y cortar camino por senda ignorada del otro contrincante.
No se quien de los dos se ahogó primero en esta afamada travesía. Es de suponer que yo me hundí primero, si consideramos la presión hacia abajo que la edad, después de cierta edad, ejerce sobre nuestro buque, chalana en mi caso.
Es de mi honor cumplir los compromisos asumidos en palabras y gestos bajo el testimonio de un cabello, de la barba de mi cara puesto que, diferentemente de su condición de hombre noble, en la cabeza no los tengo. Siendo testimoniado mi hundimiento por la virgen del Carmen y la virgen de la Barca, estoy a espera de la sentencia judicial que determine la lectura, si no de toda su obra por lo menos de la parte que usted considere más proficua.
Sabemos como andan despacio las cosas de palacio. Y por las bandas de mi querido Corcubión las cosas no son diferentes. Es muy probable que por las razones de un presidente popular me hayan registrado como hombre muerto en la fe de vida. El primer indicio de esta presunción está en el hecho de que no me consideran suficiente vivo para elegir un grupo de listones en las elecciones de mi local nacimiento - non vaia ser o demo que un so voto defina o que outros votos non queren.
Algo anda mal por los caminos que llevan la sentencia al sentenciado. Y no cabe a mí hacer preguntas en el idioma que sea, pues ya no sobra fuerza en la lengua para poder responderlas. Ahora no venga usted con el cuento de mal nacido pues de buena cepa yo soy y mejor cepa yo tendría si me acusase la inquisición.
Hace unos días yo engullí esa tal de vieira cultural. No me avisaron que podría engullirla con casca y todo. Y así lo voy pasando muy mal, como si hubiese sido traspasado a golpe de espada por esa legión de tres millones de libros enterrados a mi lado, en el campo espiritual.
Opinen ustedes lo que quieran, qué opinar es constitucional. Por autocomplacencia en el mundo que me toca vivir, es de mi derecho el justo regodeo y, por tal regaudere, hacer que mis penas traduzcan el contento de poder vivir.

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