viernes, 12 de diciembre de 2008

GALICIA UNIVERSAL

GALICIA UNIVERSAL

Precisión y veracidad componen un conjunto de reglas que deben orientar el lenguaje de un periodista. En el mundo entero, los lectores, antes sedentarios y cativos de una subscrición, van a donde se informa mejor, con precisión y veracidad de los hechos informados. Algunos periodistas – creo ser el caso de mi amigo Carlos Luis – deberían pasar por procesos de recapacitación y remodelar el fondo capcioso de sus preferencias personales, embutidas algunas con sentimientos reflejos de alguna querella habida con patricios emigrantes.

¿Los emigrantes necesitan hoy de los periodistas para dar eco a sus problemas? Creo que todavía los necesitamos, pero no de un modo pasivo, no como indigentes obligados a recibir limosna del patrón y sí en plan de usuarios participativos, constructores y consumidores de un derecho a la información precisa y veraz.

Vivimos un siglo muy difícil en términos de secuencias de padrones establecidos. Ultrapasamos todos los conceptos de valor para concluir que no hay valores auténticos capaces de sostenerse en el transcurso del tiempo, y esto hace que el cambio sea endiosado como el resurgimiento de una necesidad que ha de llevarnos a no sabemos donde.

Sabemos también que el nuevo periodismo, con múltiplos enlaces a contenidos en tiempo real, no posee barreras y consigue transmigrar por todas las fronteras, sin pasaporte, sin DNI’s regionales, apenas con la identidad nacida al capricho del informante. Hoy vivimos presentes en Galicia y la sentimos aunque residamos ausentes. El emigrante, diría mejor, los migrantes, aquellos que salimos y nos quieren robar la natural nacionalidad y aquellos que entran y se la merecen, constituimos parte importante del alma de Galicia, y, mucho más que cualquier supuesta amenaza, somos una gran oportunidad para la construcción de una Galicia universal.

Agradeceríamos si nuestros políticos hicieran un leve esfuerzo y reflexión sobre sentimientos y no dificulten o impidan con truques verbales nuestra participación en las decisiones sobre el camino a seguir. Porque galleguidad, parafraserando Carlos Luis Rodriguez, es el suma y sigue de todos los gallegos, con sus rarezas, impurezas y contradiciones, y todo este embrujo heredado del pasado se transmite al futuro por la sangre de hijos y nietos (tamén fillas e netas, non vaia ser o demo, ouh!).

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