domingo, 17 de julio de 2011

SUEÑO POR ISO


Ayer yo tuve un sueño. Fue un sueño lindo, que delineaba, en el valle entre dos colinas, un futuro promisor. Partí con el sueño y  dos maletas, una repleta de viejos libros, pesados como el plomo, la otra, de leveza voluminosa, con ropa zurrada y perfectamente adaptada al talle de mi cuerpo radicalmente austero, que en aquella altura vivía sin ninguna sobra de tejido adiposo.

Fue una mañana de fin de invierno. Salí al mundo en busca de algo que pudiera corresponder a aquel sueño. De autobús a la Coruña, de tren hasta Vigo, donde me esperaba un buque que había partido de un puerto del norte europeo en su último viaje a cuenta de la emigración, fui al encuentro de un flujo humano, allegados de toda España, que carreaban sueños parecidos.

En Lisboa, el buque completaría su carga humana con un pequeño grupo de portugueses que con sus pañuelos humedecidos por lágrimas daban adiós a su gente querida.

Hoy ya no sueño más, apenas tengo pesadillas. Pesadillas capaces de sufocar la respiración cuando a altas horas el cansancio domina el alma siempre despierta y el flujo sanguíneo inverna por ausencia de presión. Ya no permiten a mi responsabilidad pública buscar el equilibrio natural entre el desenvolvimiento económico, el progreso social y protección deseada al medio que me alimenta. Responsable por lo que hago y pienso, yo soy y seré responsable hasta morir. Las leyes poco respecto merecen, pues han sido elaboradas al interés particular de algunas personas, quienes, en función de sus personales deseos, muchas veces nos aplastan bajo el orden de una supuesta legalidad  pero extremamente  carente de justicia natural. A mi han perjudicado cuando a ellas yo rendía respecto vasallo y no tenía miedo a que la arbitrariedad de las personas con poder de sentencia vendiesen dictamen. Tenía fe en la lisura que gobernaba las leyes.

Hoy mi fe desvanece como palidece el vigor de mi cuerpo. No es realidad para todas las personas, de poca edad, de edad media o avanzada como va la mía, pues a todos no alcanza la ética con igual transparencia ni esparce por igual en todo el planeta. Ni siquiera la verdad que es para unos es verdad también para otros, aunque algunos niños de mi niñez tanto hayan confiado en niños que hoy caminan por el adulterio de la verdad. No estamos libres del soborno, de la extorsión, de la corrupción, hoy, casi gallardas e indispensables en la gestión de un capital mínimo a la sobrevivencia del hombre empresarial.

Ayer, yo tuve un sueño.  Y por él respeté a la naturaleza, combatí desde la posibilidad de mis fuerzas la contaminación que se arrastraba por el mundo,  en el que siempre yo quise dejar el bastón del relevo en condición no peor que aquella que yo tuve al partir. Fui activo y consciente en la creación de nuevos hábitos de consumo, padecí del hambre por paz y justicia social;  creí que del combate a todo que es forzado, sea sin razón, por poder arbitrario de la legalidad injusta o cualquier otra especie de exploración, nacería el derecho universal a la dignidad.

Ayer, yo tuve un sueño. Soñaba que el futuro podría ser construido desde las diferencias con que nos habían formado, que podíamos amar y ser amados por lo que realmente nosotros éramos de verdad, sin cualquier discriminación de color, género, religión, edad. Los niños serían niños y como niños se comportarían sin que la pobreza o el dinero los apartasen. Aboliríamos de la tierra el sufrimiento que el hambre produce.

Ayer, yo tuve un sueño. Como ciudadanos del mundo abríamos dar valor a nuestro valor, a nuestro pasado cultural, individual, familiar o colectivo. Regresaría al pueblo muy orgulloso de poder ayudar la comunidad, con mi experiencia, y desde allí podría colaborar a la conservación del planeta, en el presente y para el futuro de la humanidad.

Ayer, yo tuve un sueño. Queriendo hacerlo realidad, de mis manos salieron productos y servicios que mejoraron nuestras vidas. Las empresas que emplearon la fuerza de mi trabajo crecieron hasta constituirse en la base de una nueva sociedad. Una sociedad incapaz de ofrecer respecto al trabajador, sea en la condición de empleado o en el estado de natural consumidor.

Hoy, yo tengo una pesadilla que todo el mundo debe saber. No acepto la irresponsabilidad que se me atribuye por cuestión de edad. No veo en la sociedad políticas que muestren intención de hacernos realmente mejores, ni ahora ni en el futuro, que para mí es pasado continuo. Mis ojos no ven nadie que quiera protegerlos de la contaminación ambiental, pero sienten como los pobres deberán, por su cuenta y riesgo, protegerse a si mismos. Y mientras esto suceda, todos los que creen en la vida sufrirán el rigor de esta mi terrible pesadilla, para llorar en el futuro que se ausenta la presencia de un bonito sueño, que ahora, por eso de la ISO, quieren rescatar.

1 comentario:

  1. NUESTRA HUELLA

    Hace muchos años, cuando yo veia la luz por vez primera, el pastor de la iglesia bautista estadounidense Martin Luther King, Jr proclamaba la igualdad, la justicia y la paz en discursos a favor de la defensa de los derechos civiles de los afroamericanos. Y con su muerte, murió el sueño de muchos negros que seguían su movimiento con fe y entusiasmo. Pero el Tsunami estaba en marcha, y se asentó de forma imperceptible en la sociedad americana… en un momento en que ésta era espejo en el que buscaban reflejarse otras sociedades como la europea o el imperio nipón.

    Hoy el Presidente de los EEUU de América es NEGRO. No es oscuro, ni mulato, ni “de color”.
    Obama es un hombre de raza negra.
    Y se sienta en el Despacho Oval, porque así lo han querido millones de americanos de toda raza y condición.

    Los sueños casi siempre se cumplen. Y mientras unos mueren luchando por ellos otros tenemos la dicha de ver cómo llega el día y el sueño es realidad.
    La sociedad que nos releva es, sin duda, el fruto de lo que hemos sembrado. Pero me resisto a creer que nuestros niños y jóvenes, a quien hemos educado y formado para que con sus conocimientos construyan el progreso sobre nuestro progreso, no tengan la voluntad de hacerlo mejor que sus progenitores…. Así ha sido siempre, y así seguirá siendo!

    No es momento de arrojar la toalla, sino de mirar a nuestros hijos y felicitarnos porque, al fin, ¡no lo están haciendo tan mal!

    http://youtu.be/2l4hGvSIZSA

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