domingo, 23 de enero de 2011

MIS TRES SOLUCIONES

MIS TRES SOLUCIONES

(I)

Lo que hoy escribe mi estimado patricio Pousa toca la tecla de mi recordatorio, registrado en el pantano de toda una vida profesional: la mía, que por ser mía, es particular, profunda y exclusiva.

En el principio, el paraíso de mi destino final tenía 2,5 millones de habitantes, y el país en el cual esta urbe se insería, 61 millones. La primera empresa que me dio trabajo pertenecía a un gallego que inventaba como hacer lo que la necesidad a diario ponía sobre sus manos. A mí, con un poco de conocimiento de aritmética y geometría, aprendida con el profesor Racedo y la profesora Carmiña Muruais,  no fue nada difícil encuadrarme en las labores de una oficina mecánica, que tenia por objetivo producir matrices para la incipiente industria automovilística.

El sentido por la planificación del futuro despertara en mí cuando me vi reprobado, sin cualquier causa que yo me viese obligado a admitir, por un profesor petulante y sin cualquier vocación postulada en beneficio del magisterio, Vicente, perito industrial contratado por la pestilente fábrica de carburos metálicos del ayuntamiento de Cee.

Años más tarde, después de un exhaustivo examen, yo fui contratado por una compañía sueca que tenia una gran fundición de hierro y su objetivo era base para alimentar su mecánica de alto porte (mil obreros en aquella época -1961). Recuerdo haber escrito a mis padres el valor real de mi sueldo mensual, traducido por tiempo de trabajo necesario para comer, pagar pensión, pagar escuela, divertirme y ahorrar lo suficiente para amortizar la inversión hecha por mi padre en el costeo del viaje a este otro mundo.

Mi visión del porvenir alcanzaba un futuro feliz. En mi pensamiento, yo deseaba compartirlo con mis padres, hermanos y una chica que conocía desde mis trece años. En el gobierno había un político que alimentaba esta esperanza; se llamaba Janio Quadros, alineado filosóficamente con el pensamiento de Fidel Castro y la ilusión de un socialismo generalizado para el bien de todas las comunidades.

Paradoxalmente, en la misma medida que se modernizaba y aumentaba la producción, la política se desarrollaba en clima de continuos sobresaltos y mucha aprehensión por lo que iría ocurrir al día siguiente. Mi sueldo aumentaba empujado  por un cambio que solo tenía la primera marcha, al mismo tiempo que la carestía de vida campeaba en la bolera de un samba tocada en la recién creada urbe Brasilia.  El resultado fue insatisfacción social, huelgas obreras, manifestación estudiantil, renuncia del presidente, tropas en las calles y una poderosa dictadura militar que administraría por decreto el destino de todos los obreros durante veinte años.

(II)

Todo obrero era obligado a contribuir, con un porcentual de su sueldo, a la seguridad social. 35 años de contribución serían suficientes para que el obrero se retirase con una pensión proporcional a su contribución.  Esa contribución y pensión de jubilación eran corregidas en valor del salario mínimo. Cuando el salario mínimo se mostró insuficiente para atender las necesidades básicas del sistema, el sistema amplió el valor de contribución a 20 salarios mínimos. Yo contribuía en esa base. Cuando se aproximó el tiempo de honrar la palabra puesta en el beneficio futuro a cambio del impuesto presente, el gobierno redujo el limite de pensión a 10 salarios mínimos, que por las cuentas hechas desde la Seguridad Social se traducían en ocho, o menos, y con tendencia a la baja por influencia de la inflación. A mí, como a millones de obreros especialistas de cualquier especie, me tocó bailar la música de acuerdo con la flauta tocada por la boca del gobierno.

Me acuerdo haber oído el discurso de un economista, ministro de Estado, proferido en Colegio Profesional al que yo era asociado: “Antes de repartir el bollo,  es necesario que  crezca lo suficiente.” Y el bollo fue creciendo, creciendo y creciendo. Y la población, con esperanza de tener un pedazo del bollo en su boca, fue aumentando, aumentando y aumentado. No había lo que temer: éramos campeones del mundo en carnaval y futbol, una vez, dos veces…pentacampeones de la Tierra; dueños vitalicios de la copa Jules Rimet, masivos exportadores del genio futbolista.

El mundo da muchas vueltas. Los militares, como cualquier otro ser que compone el ambiente social, también se cansan. Tal vez un poco más que los demás, pues están obligados a cargar en el cinturón de su corpiño el peso de una pistola, en su espalda, la responsabilidad de un fusil ametrallador, y en su conciencia…Dios sabrá.

Por la experiencia de estos cincuenta años pasados, la sociedad fue cabalgando desde la dehesa del sector agrario - o marejada del sector pesquero - hasta la sociedad de servicios tercerizados, pasando por la sociedad eminentemente industrial - ahora en acelerada caída, si la consideramos factor del bienestar de una sociedad obrera. Gracias a los del sector secundario y terciario, el sector primario ha ido perdiendo puestos de trabajo, hasta el punto en que menos de 5% de la población activa son suficientes para dar cuenta de todo el trabajo necesario para ofertar todos los insumos indispensables al buen funcionamiento del sector secundario y, aún, ofertar condiciones para el bienestar del opulento sector terciario en la era de la globalización.

(III)

Hoy ya podemos tener como obvio el hecho de que el sector terciario fue engordado como consecuencia del bodoque de la bolla financiera. Fue una hinchazón al que todavía los gobernantes del G21 buscan emparchar sus mil y algunos agujeros, sin darse cuenta de que las bollas fluctúan en un mar de pinchos morunos: todos quieren comerlas, con pimientos o sin ellos. Una bolla pinchada aumenta su velocidad, dándole cierto aire de vitalidad, de fuerza, al mismo tiempo que se encoje en una minúscula gota. Es la misma gota que por su insignificancia ha representado la influencia  del sector terciario durante todo el pasado de la humanidad, con excepción de los últimos 50 años.

De toda la población de nuestro país, un tercio, entre cero y veinte años, está ocupada en labores de alguna cosa, que ya nadie sabe para que servirá en un futuro que se muestra tan tenebroso. Otro tercio, entre 65 y ochenta años, en media, vive de lo que necesariamente ha producido durante el tiempo pasado. El tercio del medio es el que está en activo, mostrando lo que ha aprendido para ahorrar lo que necesitará en la tercera fase. Aquí yace el equis de la cuestión. Veinte por ciento de esa gran masa productiva  vive involuntariamente ociosa, a cargo de los ahorros de la injuriada masa jubilada. Si 20 % de personas en flor no producen semientes para el futuro, porque son impedidos de realizar un trabajo productivo, esa otra gran mas de niños prodigio, doctores en tecnologías de las mas avanzadas ciencias, ¿que puesto irán ocupar y a quien ellos irán substituir, luego después de cumplir todos los requisitos, incluidos 21 años de experiencia preparatoria?

La realidad es que la sociedad no necesita toda esa abundancia de cacharros, ni tantas personas para administrarlos, ni tanto ahorro de falsos papeles, ni tantos diplomas de oficios raros, ni de tantas personas que nada hacen. La sociedad necesita ocupar el individuo, en actividades que lo motiven, desde el instante de su nacimiento hasta el momento de la muerte. El coste de esta ocupación, plenamente asumible, estará en el rebajamiento de las enormes diferencias entre los que todo lo tienen y aquellos a los que todo le falta.

Sin mucha base para que mi pensamiento se haga realidad, ahí van mis tres soluciones que podrán ser aplicadas si la cosa va en serio.

1.    Rodizio laboral (rotación del deber de vivir ocupado en actividades que críen beneficio social) entre todos los que están en edad productiva.

2.    Mejorar la motilidad y motivación del primer tercio.

3.    Facilitar ocupación voluntaria, parcial o plena, a nuestros padres y abuelos en el tercer estadio de la vida.

Como esto podrá realizarse es tema para otro día. Por hoy el frio ya paraliza mis dedos.

Unha aperta de mans a todos e bicos a todas.

Os acordáis de este vals tocado durante muchos años desde el Cine España?

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